23 de febrero de 2026 - 18:00

UPD: cómo son los preparativos para esta nueva "tradición" de los que egresan del secundario

La celebración, que llegó para quedarse, lleva meses de organización. Hay cada vez más intervención de los padres y las autoridades

El llamado Último Primer Día —más conocido como UPD — dejó de ser una rareza para convertirse en un rito de paso entre los estudiantes que comienzan el último año del secundario. La celebración, que se realiza la noche previa al inicio de clases de quinto año (o sexto en escuelas técnicas), se instaló como una “nueva tradición”, organizada casi por completo por los propios adolescentes, pero que hoy suma cada vez más la participación de los adultos.

A menos de una semana del arranque del ciclo lectivo para los chicos de segundo al último año del secundario, previsto para el lunes 2, los futuros egresados ultiman detalles. El domingo por la noche será el gran momento. Detrás hay meses de organización, búsqueda de salón, contratación de transporte y coordinación entre cursos e incluso entre distintas escuelas.

Sin embargo, el festejo no está exento de polémica. Es que muchos no ven con buenos ojos los excesos y desmanes que a veces se presentan. A veces se encuentra consumo de alcohol por parte de menores (que no está permitido) o quizás de otras sustancias, también genera dificultades en las instituciones educativas lo que ha obligado a las autoridades a tener una intervención más activa.

Qué es el UPD

El UPD consiste en reunirse la noche anterior al primer día de clases del último año, celebrar hasta la madrugada y asistir directamente al colegio, generalmente en grupo, entre cánticos y banderas. Para muchos, es el primer hito de un año cargado de rituales: camperas, viajes, actos y despedidas.

El problema surge cuando la celebración incluye ciertas situaciones como el consumo de alcohol. En quinto año, la mayoría de los estudiantes aún tiene 17 años, para quienes está prohibida la venta y el consumo de bebidas alcohólicas. Además, suelen sumarse invitados de otros cursos o colegios, incluso más jóvenes.

Fiestas UPD, la polémica “moda” de los chicos de 5to. año de Mendoza
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Las escenas incluyen adolescentes que llegan exhaustos tras una larga noche de fiesta, algunos en mal estado, y docentes que reconocen que es casi imposible dictar clases con normalidad. En ciertos casos, se opta por actividades más distendidas o directamente por liberar el día. Es que se suma una asistencia diezmada ya que muchos directamente no asisten.

Desde los colegios remarcan que el UPD no es una actividad escolar y, por lo tanto, no está bajo su organización ni responsabilidad. Sin embargo, reconocen que las consecuencias impactan en la vida institucional. En algunos establecimientos incluso se implementó la recepción con desayuno y la presencia de padres para contener la llegada.

Ante este escenario, la Dirección General de Escuelas viene reforzando su postura. Desde hace algunos años advierte que los alumnos que lleguen alcoholizados no podrán ingresar y que se convocará a sus padres para retirarlos. Este año se suma un operativo especial de concientización dirigido a las familias, con reuniones informativas y lineamientos para acompañar el proceso.

La mirada oficial apunta a no criminalizar la celebración -que reconocen como una expresión cultural propia de la edad, donde la pertenencia al grupo es clave- sino a promover un acompañamiento responsable, especialmente por parte de las familias.

Meses de preparativos y un operativo casi secreto

Lejos de la improvisación que caracterizaba a los primeros UPD, hoy los estudiantes comienzan a organizarse con meses de anticipación. El primer desafío es conseguir un salón que acepte el evento. No todos lo hacen: los controles municipales y policiales se han vuelto más frecuentes esa noche y se exige la presencia de adultos responsables y el cumplimiento de la normativa vigente.

Por eso, la información suele manejarse con discreción. Padres y alumnos evitan dar detalles sobre el lugar y la logística. Lo más común es que el salón esté ubicado en zonas alejadas y que se contrate un transporte -trafic o colectivo- que los retire de un punto acordado y los lleve luego al colegio.

En muchos casos se unen dos o tres escuelas para compartir gastos. El salón puede incluir DJ; si no, se contrata aparte. También se suma fotógrafo y se producen imágenes para redes sociales, un elemento central en tiempos donde la celebración se amplifica.

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Alumnos de los últimos años de la secundaria realizan el ya tradicional UPD

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El costo no es menor. Mariana, madre de una alumna que egresa este año, contó que el transporte tuvo un valor de $7.000 por persona y el fotógrafo $8.000 adicionales. “Va a arrancar a las 0 y termina a las 7 y van a ir al colegio en el transporte que han pagado”, explicó. Se suman las bebidas y el vestuario.

Consumos y producción

El punto más sensible sigue siendo la bebida. Aunque está prohibida la venta de alcohol a menores, muchas veces son padres o hermanos mayores quienes terminan comprándolo. Algunos salones revisan mochilas para evitar el ingreso de bebidas alcohólicas, pero aun así no siempre logran impedir excesos.

Martín, egresado de hace algunos años, reconoció que el espíritu también cambió. “Antes era todo más improvisado, no iban los padres y valía todo”, recordó. También admitió que parte de los excesos se vincula con la búsqueda de anécdotas para redes: “Se busca el chiste, grabar al que quiebra y después subirlo en las redes de la promoción”.

El UPD también implica producción estética. Remerones intervenidos, pintura, brillos y frases internas forman parte de la identidad del grupo. “El viernes nos juntamos todos para decorar unos remerones con cosas chistosas”, contó Joaquín, uno de los próximos egresados.

Para muchos adolescentes, el festejo tiene más que ver con marcar el inicio simbólico del último año que con el consumo en sí. Mariana lo resume así: “Mi hija no toma alcohol, pero me pidió que le compre cervezas sin alcohol. Es una cuestión de pertenencia, quiere tener algo para la foto”.

Más padres en el UPD

Si algo distingue a los UPD actuales es la creciente participación adulta. Los salones exigen la presencia de responsables que firmen contratos y permanezcan durante toda la noche. En algunos casos, se organizan “postas” para cubrir turnos.

“Va a haber cuatro padres al menos todo el tiempo en el complejo que han alquilado”, contó Mariana. “Han organizado postas para ir durante un determinado período y cambiar”.

El UPD se consolidó en pocos años como un ritual generacional. Lo que comenzó como una celebración casi clandestina hoy es un evento con contratos, grupos de WhatsApp de padres y protocolos oficiales.

Entre la euforia adolescente y la preocupación adulta, la escena se repite: chicos que quieren celebrar el inicio de su último año y familias que buscan acompañar sin perder de vista los riesgos.

Victoria, que atravesará la experiencia por segunda vez, marcó la diferencia: “Con mi hijo más grande ni me enteré de lo que habían organizado. Ahora está mucho más organizado y con mayor participación”.

Contó que los propios alumnos pidieron acompañamiento. “En el grupo de padres los mismos chicos pusieron que necesitaban adultos para el salón y que un padre firmara el contrato, así que me ofrecí”. Dijo que será uno de los diez responsables. “He pensado tener antes una reunión con ellos para ponernos de acuerdo. Ya he ido con ellos de campamento y fue una buena experiencia”.

Los padres a cargo compartieron teléfonos y DNI en el grupo de padres para más tranquilidad.

El día de clases tras el UPD

Uno de los desafíos es el día siguiente. En la escuela técnica donde va el hijo de Victoria hay doble turno y los padres acordaron que los chicos asistan directamente por la tarde.

“No me gusta eso de que estén en la escuela tirados en el banco o en el piso. No es forma de llegar quebrado, así que prefiero que tenga media falta pero que vaya a descansar a su casa”, sostuvo. “

Reconoce de todas formas que las autoridades insisten en la importancia de cumplir con los días de clase pero sabe que el equilibrio entre el respeto por la normativa y la comprensión del fenómeno social es delicado y que también se pueden muchos días por otras causas.

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