Un plan para recuperar los refugios del río Tupungato

El sendero que parte desde Punta de Vacas permite llegar hasta el sitio del aluvión de 1934

Un plan para recuperar los refugios del río Tupungato
Refugio junto al río Plomo.

Concentrados en el trajín de la ruta 7, los miles de viajeros que pasan a diario por Punta de Vacas no suelen reparar en el valle que se abre hacia el sur, por el río Tupungato y con la cúpula del volcán de fondo. No hay carteles ni un camino evidente, pero la quebrada da acceso a un territorio inalterado de grandes montañas, cursos de agua que dan vida al oasis central y los principales glaciares de la cordillera mendocina.

Glaciar y río el Plomo, nacientes del río Mendoza. Gustavo Guevara.
Glaciar y río el Plomo, nacientes del río Mendoza. Gustavo Guevara.

Los valles de los ríos Tupungato y Plomo guardan además el patrimonio histórico de los refugios creados tras el catastrófico aluvión de 1934. Fueron seis construcciones de piedra, tan bien diseñadas y emplazadas que cuatro se mantienen en buenas condiciones a pesar del nulo mantenimiento en más de 80 años. El propósito inicial era que sirvieran para monitorear los cauces y los glaciares, y así manejar los riesgos de nuevas crecidas.

Con los años, los científicos y técnicos reemplazaron las mulas por helicópteros, sensores remotos e imágenes satelitales, y actualmente los refugios sólo protegen a los muy pocos montañistas que recorren estos parajes.

Glaciar Río Plomo, imagen de setiembre de 2023,
Glaciar Río Plomo, imagen de setiembre de 2023,

Un escenario que podría cambiar, si prospera una iniciativa para poner en valor estas construcciones y allanar así el ingreso a la zona del Plomo y también al volcán Tupungato. Ambos valles, con sus paisajes vírgenes y sus cumbres poco ascendidas, tienen un gran potencial para actividades de montaña y turismo de naturaleza. Las carteras de Ambiente y Turismo confirmaron los planes, y este verano se llevó a cabo una mejora concreta en un paso difícil en el cajón del río.

Se trata de la instalación de la primera “vía ferrata” en la alta montaña mendocina. Es decir la colocación de cables y peldaños de acero, para facilitar el paso de un espolón rocoso directamente sobre el río, donde una caída tendría un desenlace fatal. Con el sistema de seguridad instalado, es posible cruzar el “mal paso” (tal el nombre informal del lugar), utilizando un arnés de escalada y mosquetones de seguridad.

Expedición

Un grupo de escaladores y guías de montaña locales realizó la delicada tarea a principios de año, en una expedición financiada por el Emetur al “mal paso” entre los arroyos Blanco y Chorrillos, aguas arriba de Punta de Vacas. Ya existía un cable de acero en este tramo, pero más precario. Este tipo de “pasarelas” en terreno vertical es frecuente en los parajes alpinos de Europa, y se denomina “vía ferrata”; su uso requiere la supervisión de un experto, o al menos bastante idoneidad en escalada en roca.

Imagen del río Plomo actual.
Imagen del río Plomo actual.

La etapa siguiente es más compleja, e involucra tareas en la hilera de refugios, sólo accesibles a caballo o en helicóptero. “Se está en etapa de estudio para la apertura de esa zona” confirmó Marcelo Reynoso, director de Desarrollo Turístico e Innovación, del Emetur, a este diario. En el sitio web del ente se detalla el proyecto: “Los refugios Las Taguas, Chorrillos, Polleras, Toscas, IANIGLA, Arroyo Blanco y Río Tupungato (…) serán reparados y puestos en valor por su importancia patrimonial. Esto incluye la mejora de pisos, paredes y pisos (…) y arreglos de mampostería”. Se prevé también la “instalación de paneles fotovoltaicos y sistemas de baños secos”.

El refugio que el Emetur llama “IANIGLA” se denomina en realidad Martín Massonat (piloto de helicóptero, fallecido en el Cordón del Plata), aunque sí pertenece al instituto del CCT. El que se menciona como “Río Tupungato” es un cilindro, idéntico al de la Laguna del Diamante, ubicado en la margen sur del río. Los dos son posteriores a la hilera de refugios originales, terminados en 1937 por Irrigación y el Ministerio de Obras Públicas de Mendoza.

El titular de la Subsecretaría de Ambiente, Sebastián Melchor ratificó el desarrollo, que involucra a dos áreas naturales protegidas, las reservas provinciales Cordón del Pata y Tupungato. “Apuntamos a un uso regulado y seguro de la zona”, detalló a este diario.

Un mapa perfecto

Richard Helbling era cartógrafo y era suizo. Una combinación minuciosa, si damos crédito al estereotipo. Que el helvético confirmó con creces: entre 1907 y 1912 relevó y plasmó casi a la perfección el vasto sector cordillerano entre el Aconcagua y el Tupungato. Sin GPS, sin vuelos de reconocimiento; con dos teodolitos -uno que llevaba en mula y otro “portátil” que cargaba en la espalda- y un dispositivo que le permitía calcular alturas según la ebullición del agua. Los bellos mapas que trazó fueron cotejados con imágenes aéreas especiales más de medio siglo después. La precisión de Helbling asombró a sus colegas contemporáneos.

Helbling y su amigo el químico alemán Federico Reichert fueron los grandes exploradores de las montañas y glaciares de este rincón de los Andes Centrales. Reichert se “asomó” al sistema de glaciares del Plomo-Juncal en 1908, durante el ascenso a un cerro, y cayó bajo el hechizo. Científico por profesión y caminante por afición, el germano dedicó los siguientes veranos a recorrer valles y cumbres, logrando muchos de los primeros ascensos. (Varios con Helbling). Sus descripciones son referencia obligada en textos científicos y de montaña.

Un glaciar galopante y una roca pulida

Entre el 10 y el 11 de enero de 1934 se desató el caos en el cauce del río Mendoza: una crecida de escala monumental bajó desde el río Plomo a su continuación, el Tupungato, y desde allí al Mendoza, arrasando a su paso las obras del ferrocarril Trasandino y la usina de Cacheuta, y causando más de 10 muertes (el número preciso no está claro).

Los técnicos del gobierno de Mendoza no tardaron en investigar el fenómeno. Los pioneros Reichert y Helbling fueron también convocados para la tarea. Se determinó así que una lengua glaciar del cerro Plomo se había deslizado hasta cruzar el río del mismo nombre. Pero el avance glaciar topó con una alta muralla rocosa, llamada precisamente la Roca Pulida, que le cerró el paso. Se generó así una barrera de hielo de 60 metros de altura, un dique natural que frenó totalmente el cauce del río.

No se produjo un canal de desagüe en la base del tapón, como ocurre a veces, y finalmente la presión del caudal hizo explotar el dique de hielo. Todo el contenido del lago se descargó en pocas horas, creando el aluvión que destrozó todo a su paso. Los especialistas llaman “surging glaciers” a los cuerpos de hielo proclives a estos deslizamientos (son citados en diversas traducciones como “glaciares galopantes”, lo cual resulta en un oxímoron de lo más curioso).

El glaciar en cuestión, el Grande del Plomo, volvió a “bajar” tapando el río en 1984/5 y en 2006/7, de acuerdo a diversos estudios de investigadores del Ianigla. Sin embargo modelos matématicos indican que no existe la posibilidad de que un endicamiento vuelva a suceder en los próximos años. Así lo señala un trabajo reciente de Valerie Widmer, de la Universidad de Zurich. En realildad no es una buena noticia; es una confirmación del impactante ritmo de contracción que sufren los glaciares de Mendoza.

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