Un panorama complejo y desafiante es el que reflejan los datos recientes relevados a nivel nacional respecto de las responsabilidades que caen sobre los adolescentes durante su etapa escolar. En un contexto socioeconómico adverso, donde muchos salarios familiares resultan insuficientes, la dinámica del hogar se ha visto obligada a cambiar.
Los adultos deben dedicar más horas al empleo informal o formal, y esto empuja a que los miembros más jóvenes asuman roles de cuidado o se incorporen a tareas que permitan generar ingresos.
Las cifras son contundentes: el 11% de los adolescentes manifestó que trabaja, una realidad sobre la que vienen alertando de forma sostenida los organismos vinculados a la niñez y la adolescencia. Por otra parte, 4 de cada 10 tienen responsabilidades domésticas, ya sea vinculadas al cuidado de personas o a las tareas del hogar.
Sobrecarga adolescente: el 11% trabaja y 4 de cada 10 tiene responsabilidades domésticas, lo que les resta tiempo para esparcimiento y estudio
Más allá de que la normativa nacional limita el trabajo remunerado para los menores de edad a ciertas circunstancias específicas, el eje del asunto en cuestión gira en torno a cuánto incide esta sobrecarga en su vida cotidiana, en el tiempo disponible para el esparcimiento con pares y, fundamentalmente, en su desempeño académico.
Adolescencias y responsabilidades: ¿Qué hacen los chicos?
Los datos se desprenden del Séptimo Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas en Estudiantes de Enseñanza Secundaria, publicado por el Observatorio Argentino de Drogas. El relevamiento abarcó una población escolar de nivel secundario de todo el país de 2.189.571 estudiantes.
En el caso de Mendoza, la muestra incluyó a 97.005 chicos, una cifra que desde la Dirección General de Escuelas (DGE) confirmaron que representa prácticamente la totalidad de la matrícula del nivel medio. Esto otorga al dato una relevancia particular por su alta representatividad y verosimilitud. El 70% de los encuestados asiste a colegios de gestión estatal.
Al analizar las actividades cotidianas declaradas por los estudiantes, se observa que:
- 42,6% señaló que limpia o cuida la casa (y ocupó el cuarto lugar entre las actividades que más realizan)
- 21,5% afirmó que cuida a sus hermanos o hermanas
- 11% confirmó que trabaja.
La brecha de género: divisiones con viejos moldes
Una de las particularidades más sobresalientes del estudio es cómo se sostienen las brechas de género, incluso en estas nuevas generaciones. Las tareas de cuidado y limpieza recaen mayoritariamente sobre las mujeres, mientras que los varones asumen de forma muy marcada el trabajo fuera del hogar.
En el ámbito laboral externo, la incidencia en los varones casi duplica a la de las mujeres: mientras el 7,9% de las chicas trabaja, entre los varones la cifra alcanza el 14,3%.
La situación se invierte de manera notable puertas adentro del hogar: las tareas de limpieza y cuidado del hogar las realiza 49,9% de las mujeres (prácticamente la mitad) frente al 35,3% de los varones.
El cuidado de hermanos es un compromiso más repartido, aunque sigue impactando más en ellas, con un 23,7% frente al 19,3% de los varones.
Roles que se invierten para el cuidado
Otras investigaciones profundizan en cómo incide el factor tiempo de estas obligaciones. Un estudio de UNICEF y el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), publicado en septiembre de 2024 en base de cifras oficiales y testimonios, arrojó que casi 7 de cada 10 adolescentes de entre 15 y 17 años realizan tareas de cuidado y trabajo doméstico no pago.
Este informe, titulado “Adolescentes que cuidan: un trabajo invisible que moldea el presente y condiciona el futuro”, demostró que no se trata de una colaboración circunstancial, sino de una tarea intensiva: dedican en promedio 3 horas y 30 minutos diarias al cuidado de familiares. La diferencia de género se hace visible también aquí: las adolescentes mujeres destinan más de 4 horas diarias, un 44% más de tiempo que los varones, quienes promedian 3 horas.
Los resultados del informe apuntan a que, si bien tradicionalmente los adolescentes son vistos como aquellos que deben ser cuidados, hay un segmento en el que los roles se invierten. Para las organizaciones, se trata de una situación que compromete el rendimiento escolar, afecta la calidad de vida e impacta en las posibilidades de desarrollo de quienes llevan adelante sistemáticamente estas tareas.
La alerta de la DGE: “Un pibe cansado no aprende”
En la Dirección General de Escuelas sostienen que, si bien no existen datos estadísticos precisos sobre el impacto directo de esta situación en las trayectorias escolares, la percepción observacional en las escuelas es muy clara.
Por la sobrecarga de tareas fuera o dentro del hogar, muchos adolescentes llegan cansados a la escuela o faltan.
La directora de Educación Secundaria de la provincia, Cecilia Pérez, confirmó que este escenario incide negativamente en el desempeño y se traduce, fundamentalmente, en un fuerte ausentismo. De hecho, están abocados a avanzar en un abordaje dado que observan un incremento de las faltas en la secundaria orientada, aunque señalan que este podría ser uno de los varios factores que pueden incidir.
“Con 28 años de expertise, puedo decir que sí se nota que cuando hay crisis o situaciones de necesidad económica, estas dinámicas aumentan. Salís a la calle y ves la informalidad del trabajo; chicos vendiendo medias o cualquier otra cosa. Y un pibe cansado no aprende. El que viene de trabajar todo el día llega desganado, porque simplemente no está en condiciones físicas ni mentales de aprender”, analizó Pérez de manera categórica.
Impacto en la escuela
Los docentes del nivel medio coinciden en el diagnóstico cotidiano: los chicos faltan más, llegan exhaustos, se duermen en el aula o se atrasan de forma recurrente con las evaluaciones y entregas de trabajos. En los casos más extremos, se habla de un "descuelgue" del ritmo escolar.
"El ausentismo incide totalmente en el desempeño de los chicos; está atado directamente”, remarcó la funcionaria. Sin embargo, puso en valor que, a diferencia de años anteriores donde esto derivaba en el abandono escolar, hoy la tendencia se ha revertido gracias a las estrategias de apoyo y acompañamiento implementadas por el sistema educativo.
"Hoy no hay abandono masivo, pero lo que no vamos a tener es una trayectoria completa. El riesgo real es el pibe que sale de quinto año pero no se lleva el título porque adeuda espacios curriculares", advirtió la directora de Secundaria.
Ante esta realidad, Pérez concluyó que el sistema educativo mendocino cuenta con herramientas y alternativas de flexibilidad para acompañar las trayectorias cuando los casos son detectados y no existe una vulneración grave de derechos. Además del sistema de alerta temprana para detectar alumnos en riesgo pedagógico, la funcionaria detalló que “se pueden aplicar herramientas como la reducción horaria o el cambio de turno, e incluso contemplar situaciones particulares si se trata de una alumna que es mamá".