La brecha entre la escuela y el mundo laboral: los desafíos para adaptarse a las necesidades de los jóvenes
La sociedad se transforma a una velocidad inusitada y ha dejado a una escuela, lenta para el cambio, en una posición compleja. La controversia digital.
Para el sistema educativo, los cambios son procesos mucho más lentos de los que se producen a nivel social. | Imagen ilustrativa generada con IA
La sociedad, sus condiciones y concepciones nunca han sido cosa quieta y la escuela, como formadora de ciudadanos, ha debido adaptarse a este contexto. Pero en los últimos años, los procesos se han acelerado, lo que enfrenta al sistema educativo a un complejo desafío.
Como consecuencia, se ha creado una brecha entre lo que esta ofrece a los chicos y lo que estos requerirán en su vida adulta, así como los recursos para incorporarse a la vida productiva y el mercado laboral.
Para el sistema educativo, los cambios son procesos mucho más lentos de los que se producen a nivel social y se enfrentan a una situación quizás sin precedentes: recibir en sus aulas a jóvenes radicalmente distintos de los recibía hace unos años y para los que había sido preparado. Al mismo tiempo, tener que dotarlos de recursos para un entorno y un mundo laboral de tan enorme volatilidad -hay empleos que desaparecerán y otros que aún no existen- sobre el que tampoco hay demasiadas certezas de qué es lo que les va a requerir.
Una escuela de cambios lentos
“Hay en este momento un enorme desencuentro entre las propuestas educativas de la escuela, por lo menos de la escuela secundaria, que es la que tiene los rasgos más conservadores de todo el sistema educativo, y las nuevas generaciones de adolescentes”, analizó Mónica Coronado, licenciada en Psicopedagogía y docente de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo).
La escuela secundaria
La sociedad, sus condiciones y concepciones nunca han sido cosa quieta y la escuela, como formadora de ciudadanos, ha debido adaptarse a este contexto.
“Por una parte - expuso- la escuela se mantiene intacta en su forma de enseñar, en su forma de proponer actividades de enseñanza y de aprendizaje, y por otra, tenemos chicos que tienen un universo de intereses que no existía tal vez en otra época”. Y resumió: “Hay un desencuentro entre una escuela hipertradicional y un adolescente que está viviendo en un mundo totalmente diferente al de quienes hoy diseñamos y planificamos la escuela”. De todas formas, destacó que hay colegios con proyectos que logran atraparlos y otros con desafíos de una comunidad con vulnerabilidades que “hacen lo que pueden”. A esto sumó iniciativas de cambio de la escuela secundaria en algunas provincias.
“Tenemos que dialogar con este mundo que interpela todo el tiempo a los estudiantes, porque si no, se percibe una realidad en la escuela y después cuando uno mira por fuera, ni siquiera te digo el mercado laboral, mira por fuera de la escuela, te das cuenta que carece de valor”, aceptó Emmanuel Furlotti, profesor en Ciencias de la Educación en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo y docente secundario.
Reconoció la existencia de una brecha pero también señaló que el sistema está permanentemente analizando e implementando cambios, lo que sucede es que pareciera que siempre va más lento.
Estudiantes desmotivados
“En amplios sectores del estudiantado, la desmotivación escolar es significativa ”, consideró Silvana Vives, licenciada en Administración de Empresas, con posgrado en Finanzas y presidenta de la Asociación Conciencia a nivel nacional, que trabaja en educación, formación ciudadana y desarrollo de jóvenes.
“Esto no solo impacta en los aprendizajes, sino que, sostenido en el tiempo y en combinación con otros factores, deriva primero en un aumento de las inasistencias y, finalmente, en la interrupción de las trayectorias educativas”, agregó.
En ese sentido dijo que un porcentaje significativo de estudiantes identifica la falta de sentido o de atractivo de la experiencia escolar como un motivo de abandono.
Un informe de la UNESCO recomienda prohibir el uso de celulares en las escuelas. Foto: Web.
La sociedad, sus condiciones y concepciones nunca han sido cosa quieta y la escuela, como formadora de ciudadanos, ha debido adaptarse a este contexto. Foto: Web.
Por eso reconoció que despertar interés en un contexto de sobreestimulación digital, con períodos de atención cada vez más breves y con problemáticas nuevas para la escuela, es un desafío complejo. En ese marco consideró que uno de los ejes de la política educativa debe ser generar condiciones para la innovación pedagógica, “para que la escuela sea un espacio de disfrute y sentido, un lugar al que los estudiantes quieran asistir cada día”.
Entre las consecuencias de todo este escenario puede mencionarse cierto desencanto con la escuela, lo que puede devenir en desinterés y falta de compromiso. Lo cierto es que, según puede verse, no es que a los chicos no les guste el colegio o no valoren su rol, pero en las condiciones actuales no termina de atraparlos. Los expertos reconocen esto como así también que hay muchas iniciativas exitosas en este vínculo.
Para estos nativos digitales, implica llegar a un entorno en el que se dialoga con códigos y a otras velocidades distintos de los propios. Más cuando superan a los mismos docentes en habilidades en este plano. Docentes e instituciones a los que, hay que decirlo, se le pide mucho más que lo meramente académico, en una comunidad escolar atravesada por diversidad de variables y problemáticas socioeconómicas y culturales. Incluso en el uso de dispositivos en el colegio.
Hay otra cuestión: los jóvenes menores de 29 años, son el segmento al que más le cuesta incorporarse al mercado laboral.
“Muchos egresados encuentran dificultades para insertarse laboralmente. De hecho, el desempleo juvenil duplica la tasa general. Frente a un escenario más competitivo, aumentan las expectativas (tanto de estudiantes como de familias) respecto de que la escuela brinde herramientas concretas para el mundo del trabajo”, observó Vives.
Un nuevo mundo laboral
En esa vorágine de transformaciones a tanta velocidad, ocurre que incluso los cambios se suceden durante la misma trayectoria y han generado en el mundo laboral nuevas prioridades.
Las empresas están poniendo en valor habilidades blandas, las experiencias y el perfil específico de cada uno. Esto no quiere decir que las credenciales académicas hayan perdido valor, aclaran quienes trabajan en temas de recursos humanos, sino que también hay que contemplar los otros aspectos para ser competitivo. También, así quizás, quienes no vayan tras un título del nivel superior, pongan en valor otras formaciones y recorridos y encuentren un espacio en las búsquedas por su perfil.
Claudia Ataguile, psicopedagoga especializada en Recursos Humanos, planteó: “El mercado laboral ha cambiado profundamente en los últimos años. Hoy, muchas empresas valoran tanto competencias técnicas como habilidades blandas. Por ejemplo, comunicación, el trabajo en equipo, adaptabilidad, incluso por encima de estos títulos formales. Entonces, esto no significa que la formación universitaria haya perdido valor, sino que ya no es la única vía posible para el desarrollo profesional”.
“En los últimos años se observa una mayor valorización del rol de la escuela en la formación para el empleo. Esto se vincula, en parte, con el estancamiento del empleo formal en el sector privado (hace más de una década que no crece de manera sostenida)”, comentó Vives.
Por eso, destacó: “Aquí intervienen múltiples actores. Por un lado, es necesario que el sector privado asuma un rol más activo en la contratación de jóvenes, incluso sin experiencia previa. El reclamo es recurrente: ‘me piden experiencia, pero no me dan la oportunidad de adquirirla”, describió. Destacó que esto cobra especial relevancia si se considera que el primer empleo no solo genera ingresos, sino que también permite desarrollar habilidades, construir redes y mejorar las trayectorias laborales futuras.
Asimismo puede observarse un cambio de posicionamiento entre los jóvenes, que se inclinan más que otras generaciones hacia iniciativas propias, trabajo independiente y emprendedurismo.
La sociedad, sus condiciones y concepciones nunca han sido cosa quieta y la escuela, como formadora de ciudadanos, ha debido adaptarse a este contexto.
“Conviven dos fenómenos. Por un lado, hay un cambio cultural impulsado por las tecnologías digitales, que habilitan nuevas formas de generar ingresos y sostener proyectos económicos propios. Por otro, la situación macroeconómica también empuja a muchos jóvenes hacia el trabajo independiente ante la falta de oportunidades en el empleo formal”, mencionó Vives. Dijo que las estadísticas muestran que buena parte del empleo que no se crea en el sector privado se canaliza en formas de trabajo autónomo. En este contexto, la escuela debe acompañar ambas trayectorias posibles, brindando herramientas tanto para la inserción laboral como para el desarrollo de proyectos propios, consolidándose como un motor de la transformación productiva.
Lo digital en el centro de la controversia
Un ejemplo de esta brecha es el uso de dispositivos en el entorno escolar, aspecto en el que se pasa de una posición a otra y conviven posturas. Por eso, un elemento que es parte de la vida cotidiana y una forma de comunicarse para los chicos, termina por ser un obstáculo en el colegio, tanto para la socialización como un distractivo para el aprendizaje. Pero al mismo tiempo, si se sabe innovar y controlar, puede transformarse en un recurso que dominan y genere interés. Sin embargo, ante las dificultades e incluso temores por parte de los adultos, algunos sectores han avanzado en la prohibición de su uso en la escuela. Esto se contrapone a una necesidad indispensable para los jóvenes: formarse en ciudadanía digital.
Martin tiene 20 años y egresó hace tres de una secundaria privada de Maipú. Para él, la escuela está teniendo problemas en un aspecto que le era inherente. Reconociendo que el mundo les va a exigir cada vez más habilidades de sociabilidad, acuerdos y tolerancia, dijo que justamente esa sociabilidad muchas veces resulta afectada en el entorno escolar, en lo cual mucho tienen que ver la presencia de dispositivos y el mundo digital porque los chicos dejan de interactuar.
Disparidades según la escuela
La experiencia de Noelia (25) podría definirse positiva. Egresó de una escuela pública de Guaymallén y como ya tenía más o menos definido desde temprano lo que quería estudiar, su iniciativa para probar cosas se encontró con la motivación de profesores que resultó provechosa para ganar recursos. Pero también reconoció que no fue así con la mayoría de sus compañeros.
“Tuve docentes que me incentivaron y yo hacía cosas que no eran obligatorias, pero también noté que fue porque yo también lo quise, en general a los estudiantes se les daba algo y no tenían ni ganas; por ejemplo, en matemática, un desastre, no nos daban herramientas ni nos explicaban nada”, recordó. Pero también reconoció: “En general, noté que esta escuela puntualmente me dio muchas herramientas en ese sentido pero también observé que dependía del estudiante y muchos estaban desmotivados; y aparte, hablando con compañeras en la facultad me di cuenta que yo tuve en mi escuela cosas que no tuvieron en otras”, agregó.
Saber elegir
Es común que haya chicos que no saben qué hacer con su futuro, a los que les cuesta elegir si quieren estudiar y qué. El caso de Joaquín (20) también es ilustrativo de tantos otros: estuvo los últimos tres años queriendo estudiar algo pero sin encontrar qué lo motive a invertir ese tiempo. En ese lapso, encontró en las redes sociales un espacio donde generar contenidos como una de sus principales actividades. Luego, comenzó a trabajar, sin optar aún por avanzar en el plano académico.
Incluso hay chicos que pasan varios años en ese limbo de la indefinición y que, para colmo, tienen dificultades para integrarse al mercado laboral o lo hacen en empleos precarios y mal pagos.
De la opinión de Noelia se desprende una probable explicación: “En la escuela falta práctica”, aseguró y dio como ejemplo la posibilidad de probar cosas que les interesa hacer y descubrir las que no. En definitiva tener experiencias que les permitan contar con sus habilidades y lo que les gusta.
“La escuela tiene un rol preponderante como constructora de ciudadanía, como promotora capacidades, como un espacio privilegiado para el desarrollo del pensamiento, y vivimos en un mundo que constantemente cambia, en ese sentido hay una situación en donde la escuela tiene que fortalecerse como espacio, con una identidad propia, pero que sea permeable y se pueda abrir ampliamente a los intereses de los estudiantes”, enfatizó. En ese marco, es que “se viene hablando del desarrollo de ciertas habilidades blandas, que también el mundo del trabajo viene pensando: la comunicación, la escucha activa, la planificación, el trabajo en equipo, esto permite otras posibilidades, el desarrollo del pensamiento crítico”, señaló Furlotti.
“Sucede que venimos históricamente centrados en un sistema educativo que estaba centrado solamente en los conocimientos, que hasta hace cincuenta, setenta años, estaban centrados solamente en algunos lugares; hoy por hoy, esto no es así”, apuntó.
En ese mismo contexto trajo a colación el uso pedagógico de la IA, que dijo que a veces causa mucho temor. Pero advirtió que hoy los estudiantes dialogan todo el tiempo con inteligencia artificial y por eso la escuela, debe formar en este sentido, debe promover un espacio para el desarrollo de capacidades, un pensamiento crítico
Nuevos contextos
Hoy la escuela enfrenta el desafío de preparar a los estudiantes para empleos que están en constante transformacióny, en muchos casos, aún no existen, resaltó Vives. Por eso, resulta prioritario fortalecer los vínculos entre la escuela secundaria y el mundo del trabajo. Esto no debería ser una dificultad: uno de los objetivos centrales del nivel, establecido en la Ley de Educación Nacional, es justamente la formación para la inserción laboral.
“En este marco, es clave ampliar las oportunidades de pasantías, mejorar la articulación con el sector productivo para garantizar experiencias formativas de calidad, relevar las demandas locales y adaptar contenidos y habilidades en función de esas necesidades”, explicitó. En esto, las escuelas técnicas corren con ventajas: desde el inicio de la trayectoria están orientadas a campos laborales específicos, ofrecen más aproximación a la práctica sumado a que suelen tener mayores niveles de exigencia.