Regalo de fin año de la mano de Johannes Kepler

Aproximación a cuestiones científicas de alto nivel a través de un relato de ciencia ficción del famoso astrónomo alemán Johannes Kepler, titulado “Somnium”. Llaman la atención algunos de los detalles de la obra, como, por ejemplo: cómo se verían los eclipses desde la Luna o el tamaño de los planetas.

Regalo de fin año de la mano de Johannes Kepler
Johannes Kepler, reconocido como el primer astrónomo profesional de la historia

A veces pensamos que los escritores de ficción especulativa, mal llamada ciencia ficción, son visionarios o adivinan el futuro o simplemente suman dos más dos para dar como tema de sus obras, los viajes espaciales o en el tiempo, las tecnologías asociadas con la cuántica o contactos con seres exoplanetarios. Pero, algunas veces pensamos en los científicos que, como contrapartida, ¿imaginaron cosas asombrosas o trataron de explicar otras que parecían de ficción?

Hay ejemplos famosos como el de Carl Sagan (astrónomo) y su novela “Contacto” o Isaac Asimov (químico)y su saga “Fundación y muchas otras novelas y cuentos.

Sin embargo, si nos remontamos en el tiempo, la primera obra de “ciencia ficción” no fue escrita por alguien dedicado a la Literatura, sino por Johannes Kepler, a quien nos gusta reconocer como el primer astrónomo profesional de la historia, autor de las famosas leyes que reprodujeron el movimiento de los planetas en su orbitas y la forma de dichas trayectorias.

La obra en cuestión se llama Somnium y relata en 15 páginas un fantástico viaje a la isla de Levania, la Luna de la Tierra, de la mano de “demonios “que son convocados por Fiolxhilde, quien se gana la vida vendiendo bolsas de hierbas y telas con extrañas marcas, personaje en el que se cree reconocer a la madre de Kepler. El viaje se realiza a velocidades inimaginables para el ser humano, y la distancia entre la Tierra y la Luna se cubre en cuatro horas. Los humanos son empujados por los demonios, quienes una vez que se llega al punto lagrangiano entre la Tierra y la Luna (donde se compensan la gravedad entre los dos cuerpos), desaceleran para evitar que los viajeros caigan sin control hacia nuestro satélite. Los humanos son sedados para el viaje, protegidos del frío del espacio y se les colocan esponjas mojadas en las fosas nasales para que puedan respirar.

Algunos de los detalles del relato son de naturaleza científica, como, por ejemplo: cómo se verían los eclipses desde la Luna, el tamaño de los planetas que varían debido a la distancia de la Luna a la Tierra o cuál es la forma la Luna, mientras que otros son ficción como las descripciones de las criaturas que habitan los hemisferios de Levania, Privolva, que nunca ve a la Tierra, y Subvolva que la ve como si fuera su Luna, o el crecimiento de las plantas.

En 1608, este tipo de viajes, no era algo en que los escritores pensaran diariamente.

Sin lugar a dudas, Kepler era una persona extraordinaria. Más allá de la Astronomía y la Literatura, su ensayo “Sobre el copo de nieve de seis puntas” de 1611, se considera el primer trabajo que analiza y describe la estructura de los cristales. Al nombrar su ensayo, Kepler jugó conscientemente con las palabras e hizo un juego con la palabra nix: en latín, el idioma en el que compuso el ensayo, la palabra significa “copo de nieve”, pero en bajo alemán, la lengua nativa de Kepler, significa “nada”. El ensayo funciona como una meditación sobre la naturaleza de la sustancia: si un copo de nieve, formado por vapor de agua, se derrite momentáneamente, ¿es algo?

Kepler trabajó como astrónomo imperial para el emperador Rodolfo II, quien no había pagado el salario del científico durante algún tiempo. Al carecer de los fondos necesarios para comprar un regalo de Navidad apropiado para un amigo, Kepler decidió escribir el ensayo sobre el copo de nieve. Después de todo, preguntó retóricamente, ¿qué tienen para dar los astrónomos y matemáticos “que no tienen nada y no reciben nada”, sino nada?

Como parte de su meditación sobre la “nada” (nix), Kepler considera la más pequeña partícula de polvo y pregunta: ¿es esto nada? No, decidió, sería demasiado dar, el polvo se deposita en las vigas interiores de las casas, donde permanece durante mucho tiempo. ¿Qué pasa con el agua? De hecho, seguramente podría insultar a alguien dándole sólo una pequeña gota de agua para Navidad. Según cuenta la leyenda, cuando un copo de nieve se posó sobre el abrigo de Kepler mientras cruzaba el Puente de Carlos en Praga, se maravilló de su perfecta simetría de seis puntas.

En su ensayo Kepler relata haber pensado que el copo de nieve sería el regalo de Navidad perfecto, “ya que desciende del cielo y parece una estrella”. Pero ¿por qué, pregunta, los copos de nieve individuales, antes de enredarse con otros copos de nieve, siempre caen con seis puntas? ¿Por qué no caen con cinco o con siete puntas?

Su trabajo sembró la idea, de la cual surgió la cristalografía, de que las formas geométricas de los cristales pueden explicarse por el empaquetamiento de las partículas constituyentes. La conjetura de Kepler sobre el “embalaje hexagonal”, recién fue demostrada en 1998, mediante métodos computacionales.

Kepler cierra su tratado con la frase: “Mientras escribo ha comenzado a nevar nuevamente, y más espesamente que hace un momento. He estado ocupado examinando los pequeños copos”, un final que nos hace pensar en la ciencia experimental, en frases como “se necesitan más datos para una respuesta satisfactoria” o esclarecedora...la famosa frase del relato “La última pregunta” de Isaac Asimov, en el que una inteligencia artificial logra responder a la pregunta de cómo revertir la entropía...

¿Alguien puede imaginar un regalo de fin de año más maravilloso que un tratado sobre los copos de nieve?

* La autora es doctora en Astronomía

Producción y edición: Miguel Títiro - mtitiro@losandes.com.ar

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