Ola de calor sin aire, agua ni pileta: el drama de los que solo encuentran refugio en cauces prohibidos

Las temperaturas se mantendrán cercanas a los 40°, por lo menos, hasta el lunes. En algunos barrios y asentamientos de Mendoza, sobrellevar este difícil día a día es más duro que en otros puntos. Tanto que, aun sabiendo que es una trampa mortal, siguen refrescándose en cauces. “Pero el calor es más fuerte”, se sincera una de las vecinas.

La odisea de sobrevivir a la ola de calor sin aire, ni ventilador, ni agua, pero con el riesgo de morir ahogados. Foto: Imagen ilustrativa (José Gutiérrez / Los Andes)
La odisea de sobrevivir a la ola de calor sin aire, ni ventilador, ni agua, pero con el riesgo de morir ahogados. Foto: Imagen ilustrativa (José Gutiérrez / Los Andes)

Con temperaturas que rondarán los 40 grados, por lo menos, hasta el próximo lunes (1 de febrero), Mendoza atraviesa por estos días la ola de calor más extensa de toda su historia. De hecho, es la única provincia del país que tiene todo su territorio en la categoría de alerta roja, dentro del Servicio Meteorológico Nacional, y precisamente por las altas temperaturas.

Sobrellevar estas jornadas no es tarea fácil. Y si no lo es para quienes la posibilidad de acceder a un aire acondicionado, a una pileta (o club) o aunque sea a un simple ventilador de pie, mucho menos lo es para aquellas familias completas que no tienen otra que hacerle frente al calor con lo puesto. Y suelen ser los chicos -y no tan chicos- de estas familias quienes se convierten en las víctimas fatales de la peligrosa -y prohibida- práctica de bañarse en ríos y cauces de agua destinados al riego. Claro que no son todos.

La odisea de sobrevivir a la ola de calor sin aire, ni ventilador, ni agua, pero con el riesgo de morir ahogados. Foto: Imagen ilustrativa (José Gutiérrez / Los Andes)
La odisea de sobrevivir a la ola de calor sin aire, ni ventilador, ni agua, pero con el riesgo de morir ahogados. Foto: Imagen ilustrativa (José Gutiérrez / Los Andes)

“Uno sabe que es peligroso, y se lo repite una y otra vez a los chicos. Pero, la verdad, es que hasta a una le dan ganas de meterse al agua. Porque acá no tenemos agua casi nunca, el barrio no tiene árboles y no tiene nada, ni siquiera una simple sombrita”, se sincera Daniela (33), quien vive en el barrio Valle del Mirador, de Perdriel (Luján de Cuyo).

Por estas horas, dos chicos son buscados intensamente en la traza del crecido Río Mendoza. Ambos se habían metido al cauce para refrescarse el domingo (uno en Las Compuertas, Luján de Cuyo y otro en San Martín), pero la corriente los arrastró. Desde entonces, no hay novedades de su paradero.

“Acá hay muchos canales que pasan por la zona. Todos los días ves chicos que se largan, sin importar si está prohibido o no, y así vienen las consecuencias después. Pero en la realidad es muy difícil, el calor es más fuerte”, reflexiona a su turno Cecilia, responsable del merendero Maruca, también de Luján de Cuyo.

“Entiendo completamente a quienes dicen que no hay que bañarse en ríos o cauces, que es peligroso. Y los resultados están a la vista. Pero también entiendo a los pobres, a las personas que no tienen un club para pagar e ir a refrescarse, ni tampoco tienen aire acondicionado o ventilador. La mayoría de las personas que han desaparecido y se han ahogado son de bajos recursos, no tienen ni para irse de vacaciones ni para pagar electricidad para estar debajo de un aire. Es muy difícil”, reflexiona, en voz alta, Gabriela Carmona, referente del comedor Horneritos, de El Algarrobal (Las Heras).

Susana Villaba, del barrio Las Viñas (El Algarrobal). Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Susana Villaba, del barrio Las Viñas (El Algarrobal). Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

PERO EL CALOR ES MÁS FUERTE

Parece una frase hecha, un simple juego de palabras surgido de la canción que se popularizó con la película “Tango Feroz” (y que lleva por nombre “El amor es más fuerte”) y traído a la realidad. Pero es más que una frase hecha, es el sincericidio con que Cecilia -quien vive en Luján- intenta explicar por qué chicos, adolescentes y adultos se bañan en cauces y ríos en los que está prohibido hacerlo. Y lo hacen a pesar de las campañas y de los propios carteles que advierten que está “prohibido bañarse”.

“Tengo una hija que tiene niños chiquitos, 11 años tiene el más grande. Y, de vez en cuando, se van al zanjón en El Algarrobal y se meten. Yo les digo permanentemente que no se metan, porque todos los días hay noticias de casos de muerte y otras tragedias. Pero lo cierto es que hace mucho calor, y aunque uno sabe que es muy peligroso, prefieren meterse para no pasarla tan mal con el calor”, resume por su parte Susana Villalba (58), quien vive en el asentamiento Las Viñas, de El Algarrobal (Las Heras). “Yo prefiere morirme de calor y no morirme ahogada”, confiesa.

Lo que describe la mujer, quien vive sola en su casa de este humilde barrio en el que tampoco cuentan con red de agua, es una constante. Los chicos, de todas las edades, se meten todo el tiempo al zanjón. “Todo el tiempo están. Yo creo que nunca van a lograr que la gente deje de meterse. Porque es la vida de cada uno, y aunque se esté ayudando a las personas que se tiran, son personas no se dejan ayudar”, cuenta Susana, quien vive en Las Viñas desde hace 5 años.

El río Mendoza aumentó su capacidad con respecto al año pasado y se realizan maniobras porque el dique Potrerillos, que está al máximo de su capacidad, con respecto a los últimos 14 años, por esto tambien se ve mucha agua en el Dique Cipolletti. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
El río Mendoza aumentó su capacidad con respecto al año pasado y se realizan maniobras porque el dique Potrerillos, que está al máximo de su capacidad, con respecto a los últimos 14 años, por esto tambien se ve mucha agua en el Dique Cipolletti. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Lo que se vive en esta zona de El Algarrobal es una constante, una triste y peligrosa realidad que se repite en los distintos barrios vulnerables de Mendoza. Sobre todo en barrios, barriadas y asentamientos en los que no cuentan con suministro de agua de manera regular y constante.

“Ante la falta de agua, porque acá hay muy poca (si es que hay), los niños van a canalitos o acequias de riego (hay muchas fincas cerca). Y los más adolescentes se van a los canales, y se meten. Es peligroso, todos lo sabemos. Pero con estos calores que están haciendo últimamente, es muy difícil pasar los días”, cuenta Daniela, de Perdriel.

De hecho, la mujer recuerda que hace unos días, iba caminando con uno de sus hijos a la zona céntrica de Luján de Cuyo y se cruzó con un móvil policial que se había detenido al costado de un canal para pedirle a un grupo de chicos -de entre 8 y 10 años- que salieran del cauce.

“Uno, como padre, les dice que metan los pies nomás. Pero es difícil con los niños, y sobre todo con este calor”, resume la mujer.

En la zona, e inmediaciones, hay muchas acequias que también son utilizadas como piletas. Cauces en los que, como en cualquiera de ellos, está prohibido bañarse. Pero, como dice Cecilia, “el calor es más fuerte”.

“En las acequias hay bastante caudal, sobre todo cuando largan el riego. Y es bastante profundo, hay lugares donde la altura es la de un niño de 10 años”, cuenta Daniela.

Lorena Guzmán (41) también vive en el barrio Valle del Mirador, hace 7 años y con su esposo y sus hijos de 5, 10, 12 y 15 años. La vida en el lugar es difícil los 365 días del año (en 2024 serán 366), 24 por siete. “Pero ahora, que hace más calor, todo es peor todavía”, refuerza.

Cerca de su casa, el canal de riego que va a Costa Flores es uno de ellos. Y es, tal vez, el más frecuentado por quienes optan por darse un peligroso chapuzón clandestino.

La odisea de sobrevivir a la ola de calor sin aire, ni ventilador, ni agua, pero con el riesgo de morir ahogados. Foto: Gentileza
La odisea de sobrevivir a la ola de calor sin aire, ni ventilador, ni agua, pero con el riesgo de morir ahogados. Foto: Gentileza

“Es difícil, a los niños les decís que no, pero el calor y la desesperación pueden más. La otra vez venía muy fuerte el agua, y era mucha. Es muy difícil, porque uno sabe que es peligroso. Pero pelear contra el calor es difícil también”, insiste Lorena.

Con la lluvia de hace unos días, cerca de la casa de la mujer se formó un gran charco. Esta improvisada “pileta natural” también se ha posicionado entre los espacios favoritos de los niños más chicos para paliar la ola de calor. “Pero también es peligroso, porque los chicos se meten descalzos y se lastiman con ramas y todo lo que está abajo”, agrega la mujer.

EL DRAMA DE NO TENER AGUA

Tanto el barrio Las Viñas, de Las Heras, como el Valle del Mirador, de Perdriel, son apenas dos de los tantos barrios humildes en los que el verano es más difícil que en otros sitios.

En ambos lugares tienen problemas referidos al abastecimiento de agua para consumo. Y el calor es más insoportable en estas circunstancias.

“Acá hay gente que no tiene aire acondicionado ni ventilador. Tampoco tienen plata para ir a una pileta o un camping, por lo que no tienen otra que pasar todo el día en la casa. Y sin agua es peor aún”, grafica Gabriela Carmona, del comedor Horneritos.

No tengo ventilador. Con la pensión que tengo, no puedo ni siquiera pensar en comprar uno. Y el agua no llega acá, por lo que a veces no tengo ni para bañarme. Yo acabo de llamar a una amiga que tiene ventilador para ver si me podía ir a su casa”, relata Susana Villalba (58), del asentamiento Las Viñas (El Algarrobal)

La odisea de sobrevivir a la ola de calor sin aire, ni ventilador, ni agua, pero con el riesgo de morir ahogados. Foto: Imagen ilustrativa (Archivo Los Andes)
La odisea de sobrevivir a la ola de calor sin aire, ni ventilador, ni agua, pero con el riesgo de morir ahogados. Foto: Imagen ilustrativa (Archivo Los Andes)

La mujer cuenta, además, que -cuando va el camión con agua y rellena los tanques- otra de las maneras que encuentra para hacerle frente a las altas temperaturas es estar mojándose y remojándose todo el tiempo. Y así suele pasar todo el día, hasta que pasadas las 20 finalmente cae el sol.

“Esto no es algo del verano y del calor nomás. En mi caso, me es más difícil pasar el frío. Hace como 10 años tuve un accidente y cuando hace frío me duele muchísimo la pierna”, cuenta la mujer. De hecho, agrega que -en invierno- a veces no le alcanza el dinero ni siquiera para comprar leña o garrafa, por lo que simplemente se abriga poniéndose muchas frazadas encima.

“Acá en el barrio no tenemos mucha agua, hay mala presión y a veces ni siquiera sale. Cuando hace mucho calor, meto a mis 3 hijos a la ducha -a veces, a todos juntos-, para que estén fresquitos. Eso es cuando se junta agua en el tanque. Y los hago jugar ahí, en la ducha, para que se refresquen”, cuenta a su turno Daniela, del barrio Valle del Mirador.

Mientras que Daniela se desempeña actualmente como ama de casa -su hijo más chico tiene 3 meses-, su marido hace trabajos en fincas. Al igual que a Susana en El Algarrobal, a Daniela y su familia también se les hace por demás difícil el invierno en el lugar.

“En invierno también tenemos problemas con el agua, porque se congela la manguera y no sale. Y, para calefaccionarnos, usamos la salamandra. Como estamos cerca de zonas con muchas ramas, salimos nosotros a buscar leña o madera para quemar”, concluye.

Incluso, en la zona muchas veces los vecinos se convidan y turnan para rellenar los tanques con agua. Claro que, como suele ocurrir, no faltan los vecinos que le venden el agua a otros vecinos que no tienen. “No sabemos qué hacer para solucionar esta situación, porque el agua vale como oro”, cierra a su turno Lorena Guzmán.

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