En la Vendimia de 2015, una escritora “de biblioteca” —de las que se leen en silencio— entró al territorio de los aplausos. Cuando se confirmó que Liliana Bodoc escribiría el guion del Acto Central, la novedad no fue sólo un nombre célebre: fue un giro de clima.
La fiesta, que siempre había sido espectáculo, se permitió ser también relato. Y esa mezcla implicó un desafío: convertir la palabra literaria en experiencia para miles, sin segundas tomas. Bodoc ya era un nombre fuerte de la literatura argentina, con una épica propia y lectores; verla firmar el libreto vendimial sumó prestigio y curiosidad a un ritual popular.
El equipo ganador y una idea hecha de “postales”
La presentación del equipo había ocurrido meses antes. En esa previa, Los Andes ubicó a Marcelo Rosas como director general, a Bodoc como guionista y a Raúl Saldeña al frente del vestuario, junto a una promesa que ya sonaba a sello: música íntegramente en vivo.
El título del espectáculo funcionó como brújula: “Postales de un oasis que late”. No proponía una historia lineal, sino una secuencia de escenas: agua y viña, trabajo y celebración, para que cada cuadro “dijera” algo además de deslumbrar.
Escribir para un anfiteatro: la palabra contra el viento
El truco de 2015 fue lograr que la literatura no se perdiera en la escala. Bodoc no escribía para un lector: escribía para voces, cuerpos, luces y una montaña de espectadores. En Vendimia, el texto se traduce en movimiento, música y escenografía; por eso, el guion debía ser claro sin volverse obvio, emotivo sin ponerse solemne, local sin quedar encerrado en el folklore de postal.
Historias de Vendimia- Archivo LA- Bodoc- imagen 2
La redacción del libreto vendimial por parte de Liliana Bodoc sumó prestigio y curiosidad a un ritual popular.
Archivo Diario Los Andes
Un tema propio y un videoclip antes del aplauso
La Vendimia 2015 también se escuchó antes de verse. El Gobierno anunció que el espectáculo tendría su propio tema musical, pensado para circular durante el verano en actividades culturales, radios y televisión, y con videoclip incluido. Era identidad y marketing cultural: instalar una melodía asociada al concepto para que la fiesta empezara en la previa.
Esa lógica se confirmó cuando Los Andes difundió el primer videoclip ligado a “Postales…”, como anticipo de la banda sonora original. Vendimia, otra vez, jugó con herramientas de industria cultural: lanzar piezas, generar expectativa, multiplicar conversación.
La fiesta salió de Mendoza: Mar del Plata como vidriera
En enero, el relato también viajó. La Vendimia 2015 se presentó en Mar del Plata como parte de una estrategia turística: spot, calendario, música y danza para promocionar el “Destino Mendoza” en plena temporada. En esa postal, el guion de Bodoc funcionó como carta de presentación: una provincia que se vendía desde su cultura, no sólo desde su paisaje.
Música en vivo: un riesgo que valía la pena
Si la palabra era el corazón, la música en vivo fue el músculo. La decisión de no depender de pistas le devolvió tensión y “verdad” a una producción enorme. La prensa oficial presentó la puesta como un equilibrio entre lo tradicional y lo innovador, y difundió luego información sobre su repertorio musical.
Además, la música en vivo era un pacto con el público: en Vendimia, la emoción se nota cuando algo sucede en tiempo real y puede salir perfecto… o no. Ese riesgo compartido elevó la experiencia.
La crítica posterior: sobriedad y acento en la palabra
Tras el estreno, algunas lecturas críticas señalaron que el espectáculo había elegido sobriedad y un énfasis fuerte en el texto, como si el guion guiara la mirada más que apabullarla. En esa clave y con un legado vivo, Bodoc dejó huella: la Vendimia también pudo ser ceremonia de palabras.