La visión de un contratista de fincas: “Necesito gente pero nadie quiere trabajar en blanco”

Gerardo Bianchetti se dedica a contratar personal para las distintas tareas que demanda la producción vitivinícola. “Es un dolor de cabeza”, se sinceró en diálogo con Los Andes.

La visión de un contratista de fincas: “Necesito gente pero nadie quiere trabajar en blanco”
Gerardo Bianchetti se dedica a contratar personal y asegura que hay trabajo.

Gerardo Bianchetti es oriundo de San José, en Tupungato, y desde hace años se dedica a prestar servicios de personal –cuadrillas de obreros—a fincas y bodegas del Valle de Uco, muchas de ellas orgánicas, de renombre internacional y visitadas por turistas de todas partes del mundo.

Su visión, tras la conmemoración del Día del Trabajo y después de la avalancha de posteos y reflexiones en base al desempleo, resulta muy particular: “Nadie duda que la Argentina está sumida en una crisis sin precedentes cuyo origen es económico. Nadie duda que, desde allí, se desprenden aristas dolorosas como la pobreza, la inseguridad y la falta de trabajo”.

Sin embargo, Gerardo aseguró, en diálogo con Los Andes, que Mendoza tiene demanda laboral todo el año y que, como contratista, “cuesta horrores” conseguir personal que desee trabajar en blanco, “con todas las de la ley y un pago semanal”.

Trabajo con 11 fincas y bodegas desde hace muchos años y todas son rigurosas a la hora de contratar a los operarios, de manera que debe ser en blanco, con la indumentaria adecuada, herramientas y jornadas establecidas. De manera que los contratos son en blanco. Pero la mayoría tiene planes y no se desprende fácilmente de ellos entonces no quieren trabajar en blanco”, aseguró.

Gerardo Bianchetti comentó que "El pago es de entre 17 y 20 mil pesos diarios. Excepto, dijo, cuando se trabaja “al tanto”,
Gerardo Bianchetti comentó que "El pago es de entre 17 y 20 mil pesos diarios. Excepto, dijo, cuando se trabaja “al tanto”,

Las jornadas laborales que ofrece, por ejemplo, son de ocho horas, de lunes a viernes y en algunos casos los sábados de mañana. El pago es de entre 17 y 20 mil pesos diarios. Excepto, dijo, cuando se trabaja “al tanto”, y la ganancia es mayor, casi el doble. Se denomina “al tanto” cuando se trabaja por hilera y no por jornada. Más cantidad de hileras equivale a más dinero.

“Insisto, es un verdadero dolor de cabeza. Levantar una cosecha puede ser muy difícil por falta de personal. Además, la industria del juicio está a la orden del día. En esta zona muchos abogados están esperando la oportunidad. Así, los empresarios se están cansando y llegará un momento en que mecanizarán todo y no habrá más remedio que prescindir de todo el personal”, reflexionó.

Lamentó que en Mendoza, donde la uva brinda trabajo todo el año (cosecha, poda, desbrote, limpieza y tareas en las mallas antigranizo, entre otras) sea tan complejo conseguir personal idóneo que desee desempeñarse de manera legal.

Todo el mundo se queja porque no hay trabajo, pero yo me canso de difundir en las redes sociales o a través del boca a boca que necesito personal. Entiendo que la crisis nos azota y que hay rubros muy complicados, pero justamente esta industria todavía requiere gente y no toda esa gente está dispuesta a trabajar”, insistió.

Su trabajo, según dijo, es proveer personal a las empresas. “Me piden 10, 15 o 50 empleados y tengo que tenerlos. Sinceramente si hoy me hablaran de conseguir 10 para la semana que viene, no los tengo”, dijo.

Al menos en Tupungato, según comentó, existen determinados puntos donde pasan los transportes y los operarios se juntan a esperar que los levanten. “Al que le interesa se sube y los que no quieren trabajar en blanco, dejan pasar el transporte. Muchos tienen planes sociales que les alcanza apenas para los pañales de los hijos, pero no los quieren largar. Otros que no son discapacitados tienen pensión por discapacidad, por lo tanto pueden trabajar pero prefieren en negro. Una vergüenza y así están las cosas”, indicó.

Apenas finalizó la temporada alta de Vendimia, su cuadrilla comenzó nuevamente a trabajar duro para otro tipo de tareas relacionadas con la limpieza, el mantenimiento, la colocación de alambres, limpieza de suelo y de riegos. Más tarde, dijo, vendrá el tiempo de la poda, el desbrote y el acondicionamiento de los protectores de granizo.

“Insisto, Mendoza tiene el privilegio de tener demanda laboral todo el año en este rubro. No es pausado, es de corrido. Un operario puede asegurarse trabajo todo el año”, amplió Gerardo, quien en general tiene equipos de entre 90 y 120 trabajadores distribuidos en las distintas fincas. La tarea se intensifica de acuerdo con la época o con la necesidad específica de cada finca.

“Lamentablemente –concluyó Gerardo—todavía tenemos la cultura del trabajo en negro. Y es posible cambiarlo”.

Gerardo Bianchetti de Tupungato, soñaba con ser odontólogo y la vida lo llevó a trabajar en la viña
Gerardo Bianchetti de Tupungato, soñaba con ser odontólogo y la vida lo llevó a trabajar en la viña

Una segunda oportunidad

Bianchetti tiene 42 años y una historia de vida de superación personal. Llamativamente, sus sueños de muy joven estaban lejos de las fincas y de los parrales. Ni siquiera pensaba en hacer lo que hace.

Su deseo era convertirse en odontólogo. Logró ingresar a la facultad, en la Universidad Nacional de Cuyo y tuvo un traspié en pleno camino. Su papá se enfermó y ya no pudo costearle aquella piecita que alquilaba en la ciudad de Mendoza.

Llevaba dos años y la carrera le encantaba. Pero no le quedó opción que juntar sus cosas y volver a sus pagos para hacerse cargo de la casa. Era el mayor de sus hermanos y tomó las riendas del hogar.

Hasta dar con la actividad que desarrolló prácticamente toda su vida, no le esquivó jamás al trabajo: barrió veredas, limpió acequias, acarreó uva, podó parras y manejó un tractor.

Fue así que comenzó a trabajar en una cooperativa que tenía su propio personal en fincas y bodegas. Desde entonces, a hoy, nunca frenó.

“Hoy muchos se quejan de que no se consigue mano de obra y es cierto, porque se perdió la cultura del trabajo, sobre todo en estas labores tan sacrificadas en medio de climas rigurosos. Veo que la juventud, con tantas comodidades, busca otras cosas, no el sacrificio”, opinó.

Según dijo, el gobierno anterior, al incentivar los planes sociales, alejaron al trabajador del empleo genuino. “Por dos factores: lo ven difícil y no quieren ser blanqueados, algo que no termino de entender después de haber trabajado tantos años en negro, sin bono de sueldo ni mutual”.

Gerardo fue, años atrás, un obrero de esa cooperativa donde comenzó a trabajar. Claro, un obrero con ciertas aptitudes. “Una persona que se había empezado a enamorar de esta labor que llegó a su vida casi por azar”, define.

Más tarde, alguien le dio la idea de crear su propia empresa, pero no tenía la menor idea de cuestiones contables ni administrativas. Pero, otra vez, no le esquivó. Ya no dependía de otros, era su propio patrón.

“Por consiguiente, la responsabilidad era cada vez más grande, con más de 100 personas a cargo por día en plena temporada haciendo todo para que las fincas produzcan buenos vinos, desde la poda, la colocación de mallas antigranizo, el riego, el desbrote, el trabajo en el tractor… en fin, todo”, recordó.

Hoy, cuando mira hacia atrás, Gerardo se siente orgulloso. “Lo mejor –concluyó—es que no le tengo miedo a nada. Menos al laburo”.

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