El impacto fue devastador. Fabio Pompei, que conducía el vehículo, y Fabiana Piedi, ubicada en el asiento del acompañante, murieron prácticamente en el acto.
La violencia del golpe quedó reflejada en el estado del rodado. La estructura del techo sobre las plazas delanteras colapsó completamente. El parante izquierdo quedó retorcido hacia el interior del habitáculo, el parabrisas desapareció y los bomberos debieron cortar parte de la carrocería para poder rescatar a las víctimas.
En cambio, la parte trasera conservó gran parte de su estructura, una diferencia que explica por qué la adolescente y la otra ocupante lograron sobrevivir.
Las dos sobrevivientes evolucionan favorablemente
Tras un complejo operativo de rescate, ambas mujeres fueron trasladadas al Hospital Antonio J. Scaravelli. Fuentes sanitarias indicaron que las dos evolucionan favorablemente y permanecen fuera de peligro.
La adolescente sufrió lesiones compatibles con el fuerte impacto y permanece acompañada por familiares y profesionales. Andrea Roxana Fariña también presentó traumatismos de distinta consideración, aunque sin riesgo de vida.
La recuperación física aparece hoy como el primer paso de un proceso que inevitablemente será mucho más largo desde lo emocional.
El hockey mendocino, atravesado por el dolor
La noticia impactó con fuerza en el ambiente deportivo. Fabiana Dieddi era una persona muy querida dentro del hockey mendocino y su fallecimiento generó una inmediata cadena de mensajes de despedida.
Compañeras, dirigentes, jugadoras y amigos comenzaron a compartir fotografías y recuerdos apenas se conoció la noticia.
La Asociación Mendocina de Hockey expresó públicamente sus condolencias, mientras una de sus compañeras publicó un sentido mensaje que rápidamente comenzó a multiplicarse en redes sociales, recordándola como una mujer comprometida, cercana y profundamente querida.
El dolor también alcanzó al Club San Pablo Futsal, donde juega la hija del matrimonio. La institución manifestó su acompañamiento a la adolescente y a toda la familia en uno de los momentos más difíciles de sus vidas.
En pocas horas, la tragedia dejó de ser únicamente una noticia policial para convertirse en una historia que atravesó distintos ámbitos de la sociedad mendocina.
Una tragedia anunciada para los vecinos
Mientras avanzan las actuaciones judiciales para reconstruir el accidente, en San Carlos volvió a escucharse un reclamo que, según vecinos de la zona, lleva años sin respuestas.
Habitantes del sector de Paso de las Carretas sostienen que desde hace tiempo vienen advirtiendo sobre el estado de varios ejemplares ubicados a la vera de la Ruta 143.
Aseguran que en distintas oportunidades solicitaron tareas de mantenimiento y extracción de árboles que presentaban signos de deterioro, especialmente en sectores donde el viento suele golpear con mayor intensidad. Esos reclamos volvieron a cobrar fuerza tras el accidente.
Aunque en este caso será la investigación la que determine si el árbol presentaba daños previos o si la caída respondió exclusivamente a la intensidad extraordinaria del viento Zonda, el episodio reinstaló un debate recurrente en Mendoza: el equilibrio entre la preservación del histórico arbolado y la necesidad de intervenir ejemplares que puedan representar un riesgo para quienes circulan por rutas y calles.
Especialistas en arbolado urbano sostienen desde hace años que la conservación requiere inspecciones permanentes, podas técnicas y reemplazos cuando el estado sanitario del ejemplar así lo aconseja.
Sin ese mantenimiento, fenómenos meteorológicos extremos pueden transformar árboles históricos en un riesgo.
Una seguidilla que ya no parece casual
El caso de San Carlos no es un hecho aislado. Por el contrario, forma parte de una preocupante secuencia de muertes provocadas por la caída de árboles durante temporales.
En enero de 2025, Leandro Andrés Castro, de 22 años, murió en Las Catitas, Santa Rosa, cuando un árbol cayó sobre él en medio de una fuerte tormenta.
Meses después, en septiembre de ese mismo año, Cristina Alejandra Funes falleció al desplomarse un árbol sobre el automóvil que conducía en Maipú durante un episodio de viento Sur y tormentas.
Ya en mayo de este año, Juan Marcelo Zabala, un joven vendedor ambulante de 23 años conocido por recorrer Mendoza vendiendo empanadas y hamburguesas, perdió la vida cuando un árbol cayó sobre la motocicleta en la que circulaba en Las Heras durante otro intenso Zonda.
Con Fabio Pompei y Fabiana Piedi, la cifra asciende a cinco víctimas fatales en apenas diecinueve meses por episodios similares.
La repetición de estos hechos comenzó a modificar la percepción pública.
Lo que antes aparecía como accidentes excepcionales hoy alimenta un debate sobre políticas preventivas, monitoreo del arbolado y protocolos de circulación durante fenómenos meteorológicos severos.
Una tragedia idéntica, el mismo día, al otro lado de la cordillera
La coincidencia resulta estremecedora. Mientras Mendoza intentaba comprender lo ocurrido en San Carlos, en el sur de Chile otra familia sufría una tragedia prácticamente idéntica.
En la tarde del mismo sábado, un árbol de gran porte cayó sobre una camioneta que circulaba por una ruta entre las regiones de Los Ríos y La Araucanía.
Murieron el segundo comandante del Cuerpo de Bomberos de Villarrica, Maximiliano José Ferrada Peña, de 41 años, y su pareja, Génesis Molina Bermedo, de 25, quien cursaba un embarazo de tres meses.
El árbol impactó directamente sobre la cabina del vehículo durante un intenso temporal que mantiene bajo alerta a buena parte del centro-sur chileno. La noticia provocó una profunda conmoción en Villarrica.
Bomberos despidió a uno de sus oficiales más reconocidos y cientos de voluntarios acompañaron el cortejo fúnebre.
Aunque separados por la cordillera, ambos casos comparten un mismo escenario: fenómenos meteorológicos extremos, árboles de gran porte que ceden y familias destruidas en cuestión de segundos.
Un debate que vuelve con cada temporal
Mendoza convive históricamente con un patrimonio forestal que constituye parte de su identidad. Los álamos, plátanos, eucaliptos y otras especies forman parte del paisaje urbano y rural desde hace más de un siglo. Sin embargo, también representan un desafío permanente.
Los especialistas coinciden en que el envejecimiento de muchos ejemplares, sumado a eventos climáticos cada vez más intensos, obliga a fortalecer las tareas de diagnóstico, mantenimiento y reemplazo preventivo.
Cada episodio reabre la misma discusión. ¿Es posible controlar arbolado público y el borde de los bosques junto a las rutas en Mendoza? ¿Se controlan adecuadamente los árboles ubicados sobre rutas provinciales y nacionales? ¿Existe un relevamiento actualizado del estado sanitario de los ejemplares? ¿Hay protocolos específicos para intervenir antes de la llegada de fenómenos como el viento Zonda?
Son preguntas que resurgen después de cada tragedia y que, una vez pasado el impacto inicial, suelen perder espacio en la agenda pública.
Esta vez, la historia de una familia que salió a buscar a su hija para festejar sus 15 años vuelve a ponerles rostro a esos interrogantes.
Porque detrás de las estadísticas, de los operativos de rescate y de los informes meteorológicos, quedaron una adolescente que deberá reconstruir su vida sin sus padres, una comunidad deportiva de luto y una provincia que vuelve a preguntarse si tragedias como esta pueden seguir siendo consideradas inevitables.