Mientras se trabaja sobre los ejemplares antiguos en el proyecto Los Andes Siempre, el ojo aprende una disciplina rara. Hay que mirar bordes quebrados, pliegues, manchas y zonas donde el papel amenaza con partirse. Pero a veces, algunas palabras se levantan de la página y obligan a suspender la tarea.
Esta vez fue un nombre: Namuncurá.
El apellido aparece en una nota breve del número 79 del primer año de Los Andes, publicado el 1 de julio de 1884. Está en una columna pequeña, sin grandes títulos, entre avisos y noticias sueltas. El nombre suena familiar, presente en calles y escuelas, pero ponerle una cara o una historia concreta lo aleja.
La sorprendente historia olvidada del cacique Manuel Namuncurá encontrada en un ejemplar de Los Andes de 1884
La sorprendente historia olvidada del cacique Manuel Namuncurá encontrada en un ejemplar de Los Andes de 1884
Archivo Los Andes
Conviene no confundirse de Namuncurá. El de esta nota es Manuel Namuncurá, padre de Ceferino e hijo de Calfucurá. Llegó a Buenos Aires el 22 de junio de 1884, acompañado por quince indígenas de su tribu y cuatro mujeres. El diario lo presenta como “el famoso cacique Namuncurá, hoy sometido”. La palabra es dura, pero acorde al lenguaje de frontera de la época.
La llegada de Manuel Namuncurá a Buenos Aires
La columna trae detalles capaces de demorar cualquier trabajo. Cuenta que tenía unos 65 años, que conservaba “sus anchas espaldas” y cierta agilidad. Menciona a sus hermanos y recoge una frase atribuida al cacique: “No soy viejo, pero quiero descansar trabajando para mi mujer y mis hijos”. Entre las fórmulas de época aparece de pronto un hombre concreto: fuerte, algo cansado, pensando en descansar sin dejar de trabajar. Una frase rarísima, hermosa, medio imposible de mejorar sin arruinarla.
La sorprendente historia olvidada del cacique Manuel Namuncurá encontrada en un ejemplar de Los Andes de 1884
La sorprendente historia olvidada del cacique Manuel Namuncurá encontrada en un ejemplar de Los Andes de 1884
Archivo Los Andes
El final de la nota remata con un dato entre sorprendente e incómodo. Namuncurá se disculpa por no poder presentar a su esposa Rosario, de 14 años. También se mencionan otras mujeres jóvenes de la comitiva: Josefa Comilla, de 15; Juana Loncomil; Andrea, esposa del intérprete Isla. El cronista agrega que tres de ellas eran “jóvenes y bastante bonitas” y termina con una frase que queda vibrando en la página: “De indios sólo tienen los maridos”.
Leída hoy, la frase alcanza para mostrar la distancia entre aquel modo de escribir y el nuestro. No hace falta subrayarla demasiado: está ahí, con toda su naturalidad de época. También aparece una palabra que conviene revisar aparte: “capitanejo”, usada para ciertas jerarquías indígenas de frontera, aunque en una nota periodística podía venir con una intención quizás poco limpia.
La sorprendente historia olvidada del cacique Manuel Namuncurá encontrada en un ejemplar de Los Andes de 1884
La sorprendente historia olvidada del cacique Manuel Namuncurá encontrada en un ejemplar de Los Andes de 1884
Archivo Los Andes