Impactante descubrimiento sobre los orígenes de la agricultura, crisis y migraciones en los Andes
Un estudio de arqueología revela cómo migraban y vivían las antiguas comunidades en Mendoza. Análisis genéticos de restos hallados en Uspallata y en Barrancas muestran la importancia de esos procesos.
Impactante descubrimiento sobre cómo migraban y subsistían las comunidades en los Andes
Un equipo de arqueólogos e investigadores mendocinos protagonizó un impactante hallazgo que aporta nueva información sobre cómo vivieron, subsistieron y adoptaron la agricultura en los Andes del Sur -el sector cordillerano que atraviesa Mendoza- las comunidades que habitaron la zona hace entre 700 y 2.300 años: Todo ello en un contexto marcado por migraciones, crisis ambientales y transformaciones sociales profundas.
Los avances, obtenidos a partir de estudios de campo y de análisis genético de restos humanos hallados en Uspallata y Barrancas (Maipú), permiten comprender cómo grupos originalmente cazadores y recolectores lograron adoptar prácticas agrícolas incluso en zonas de altura a las que debieron trasladarse para sobrevivir.
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Arqueología: impactante descubrimiento sobre cómo migraban y subsistían las comunidades en los Andes
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El estudio también confirma que estas sociedades agrícolas enfrentaron enormes desafíos climáticos y sociales, que generaron migraciones basadas en relaciones de parentesco, movimientos que dieron lugar al desarrollo de nuevas estrategias de resiliencia y supervivencia ante crisis sociales y ecológicas de esas latitudes.
Además, esta investigación -iniciada en 2018 y con resultados clave desde 2023- comprobó que esas migraciones actuaron como vehículo de enfermedades bacterianas, como la tuberculosis, detectada en restos humanos de Uspallata, donde se determinó que la infección había sido la causa de muerte de varios individuos.
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Arqueología: impactante descubrimiento sobre los orígenes de la agricultura, crisis y migraciones en los Andes
Gentileza Conicet
“Uno de los principales aportes de esta investigación es que nos enseña sobre la historia de la agricultura en la Cordillera de los Andes del Sur y cómo impactó en la vida de las personas”, explica el arqueólogo Ramiro Barberena, integrante del Instituto Interdisciplinario de Ciencias Básicas (ICB-Conicet) y de la UNCuyo. “Hace 2.300 años había poblaciones en Barrancas que eran cazadores de guanaco y recolectores de algarrobo, entre otras plantas y animales. Los restos encontrados en Uspallata confirman que existían lazos de parentesco entre ambos grupos, y que quienes migraron hacia la cordillera adoptaron la agricultura para subsistir”, explica.
Según Barberena, la agricultura en la región surgió por transmisión de prácticas y conocimientos, y no por la llegada de poblaciones desde centros donde los cultivos ya estaban domesticados (como ocurrió, por ejemplo, en los Andes centrales). Este detalle permite reconstruir un proceso más complejo, gradual y adaptado al territorio.
El trabajo fue financiado por la National Geographic Society y publicado por la revista Nature, una de las más prestigiosas del mundo científico. El paper -titulado “Transición agrícola local, crisis y migración en los Andes del Sur”- reunió a arqueólogos, especialistas en genética de diferentes instituciones internacionales y dos comunidades Huarpe de Uspallata: Guaytamari y Llahué Xumec.
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El arqueólogo e investigador mendocino Ramiro Barberena
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“Las comunidades fueron y son parte del proyecto. La investigación dialoga tanto con la mirada científica como con el conocimiento ancestral de los pueblos originarios”, destaca Barberena al resaltar que esta colaboración fue clave, al brindar una interpretación que combina fuentes de conocimiento complementarias.
Un estudio sin antecedentes en el mundo
La investigación se apoya, entre otras fuentes, en los restos humanos hallados en 1930 por el investigador pionero Carlos Rusconi en Uspallata, a tres kilómetros de la villa cabecera y camino a la zona de las Bóvedas Sanmartinianas. En el sitio, identificado como Potrero Las Colonias, Rusconi encontró restos de más de 130 individuos, quienes vivieron en el lugar entre 700 y 800 años atrás.
Todo indica que la comunidad se asentó a orillas de una laguna hoy desaparecida. Estos grupos eran preincaicos, ya que los incas llegaron a la zona hace 500 años.
Con las técnicas de la época, Rusconi determinó que habían muerto probablemente por un evento catastrófico o por enfermedades que dejaron marcas en sus huesos. Aquellos restos permanecen hoy en el Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas Juan Cornelio Moyano, y gracias a nuevas tecnologías fue posible iniciar esta investigación moderna.
El análisis químico de los huesos -especialmente de isótopos de estroncio- permitió identificar dónde habían vivido las personas durante su infancia y adultez. La información obtenida del estudio de isótopos de nitrógeno y carbono reveló, en tanto, que desarrollaron una agricultura basada mayormente en el maíz, cuya dependencia se intensificó entre 800 y 700 años atrás con la llegada de migrantes.
“Hicimos análisis de estroncio a 46 individuos y confirmamos que 45 eran migrantes. Solo una persona enterrada en este sitio arqueológico había nacido en había nacido en Uspallata”, detalla Barberena. Las pruebas de carbono 13 evidenciaron una dieta agrícola y, en conjunto con el estroncio, permitieron concluir que la migración y la adopción del cultivo de maíz fueron clave para la supervivencia.
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Hasta ahora, lo único conocido sobre los habitantes de Potrero Las Colonias eran los registros de 1930. Pero los estudios actuales no solo confirmaron el origen de esas personas, sino que también permitieron -gracias al análisis de ADN- detectar la presencia de grupos familiares completos, incluso de tres generaciones, enterradas juntas.
“Gracias a esta investigación llegamos a algo que era arqueológicamente invisible: determinar que eran grupos familiares migrantes que murieron cierto tiempo después de migrar a Uspallata. La migración por parentesco y la adopción de la agricultura fueron determinantes para sobrevivir tanto a crisis sociales como a crisis ecológicas”, añade Barberena.
El ADN: una ventana al pasado
Otro aporte clave del estudio provino del Instituto Pasteur (Francia), a través del genetista Nicolas Rascovan, y del CONICET-Cordoba, donde trabaja Pierre Luisi, ambos responsables de los análisis de ADN que reconstruyeron la relación entre los pobladores de Barrancas (2.300 años) y los de Uspallata (700 años).
“Los cazadores-recolectores de Barrancas eran genéticamente muy semejantes a los agricultores de Uspallata. Esto demuestra una línea directa de continuidad biológica atravesada por grandes transformaciones culturales”, afirma Barberena.
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¿Por qué migraron desde Barrancas hacia Uspallata?
Con los datos genéticos confirmados, apareció la siguiente pregunta: ¿qué motivó a esas comunidades a dejar su lugar de origen, probablemente unos cientos de kilómetros hacia el norte, para instalarse en Uspallata, en plena cordillera?
La hipótesis principal apunta a una crisis climática y demográfica. Entre 800 y 700 años atrás la región atravesó un período de inestabilidad marcada, con temporadas muy frías y muy cálidas. Para una población sedentaria y basada en la agricultura, ese contexto ponía en riesgo la obtención de alimentos, y migrar era una respuesta estratégica.
Los estudios de ADN también permitieron detectar rastros de la bacteria que produce la tuberculosis en los restos analizados. Se trata de una enfermedad infecciosa altamente contagiosa, por lo que se transmitía fácilmente, y eventualmente letal.
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Arqueología: impactante descubrimiento sobre los orígenes de la agricultura, crisis y migraciones en los Andes
Gentileza Conicet
“Migraron buscando una mejor vida, y con esas migraciones viajaban también las enfermedades como la tuberculosis”, señala Barberena. El hallazgo reafirma que la movilidad humana siempre estuvo ligada tanto a la supervivencia como al intercambio -voluntario o no- de conocimientos, prácticas y patógenos.
Sobre el trabajo
Nombre: Local agricultural transition, crisis and migration in the Southern Andes (Transición agrícola local, crisis y migración en los Andes del Sur).