21 de marzo de 2026 - 10:15

Descubrimiento científico vincula una bacteria del intestino con la pérdida de memoria prematura

Investigadores descubrieron que la inflamación gastrointestinal interrumpe la comunicación del nervio vago, pero la estimulación de esta vía logra restaurar la función cognitiva.

Un equipo internacional de científicos identificó que una bacteria específica en el intestino, la Parabacteroides goldsteinii, acelera la pérdida de memoria al envejecer. El estudio, publicado en la revista Nature, revela que la clave del deterioro cognitivo no está solo en las neuronas, sino en la inflamación del sistema digestivo.

El proceso ocurre en tres etapas claras: primero, el paso de los años altera el metabolismo intestinal; luego, células del sistema inmune detectan estos cambios y generan una respuesta inflamatoria; finalmente, esa inflamación corta el diálogo fluido con el cerebro. Esta interrupción en los mensajes químicos contribuye directamente a que empecemos a olvidar cosas.

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El papel del nervio vago en el olvido

Para probar esta conexión, los investigadores realizaron un experimento con ratones jóvenes que fueron expuestos a la microbiota de animales viejos. En solo un mes, los ejemplares jóvenes empezaron a fallar en pruebas de memoria y laberintos, mostrando un rendimiento similar al de los animales mayores. Sin embargo, al administrar antibióticos o activar artificialmente el nervio vago, recuperaron su capacidad cognitiva inicial.

La gran protagonista de este deterioro es la bacteria Parabacteroides goldsteinii. Según el estudio, su producción aumenta con la edad y es la responsable de generar la inflamación que afecta la actividad del nervio vago. Los ratones libres de estos gérmenes mostraron un envejecimiento mental mucho más lento, lo que confirma que el ecosistema intestinal es un factor determinante en la salud mental.

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Inmunofluorescencia del tejido intestinal de ratón en la que se observa la proteína pLKB1, implicada en procesos celulares relacionados con la función intestinal. / Wikimedia Commons

Inmunofluorescencia del tejido intestinal de ratón en la que se observa la proteína pLKB1, implicada en procesos celulares relacionados con la función intestinal. / Wikimedia Commons

Nuevas terapias para el deterioro cognitivo

Lo más alentador de este hallazgo es que la estimulación del nervio vago ya es un tratamiento aprobado en varios países para condiciones como la epilepsia. Esto abre una puerta concreta para que, en un futuro cercano, se puedan aplicar terapias similares para combatir el deterioro cognitivo relacionado con la edad en seres humanos.

La ciencia explica que esta dependencia entre ambos órganos tiene una raíz evolutiva: el tracto gastrointestinal fue el primer sistema en desarrollarse. Por lo tanto, las señales del intestino moldearon cómo funciona nuestro cerebro desde el inicio de nuestra especie.

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