Un total de 35 trabajadores de una empresa cordobesa fueron despedidos mientras miraban el partido entre la Selección Argentina y Egipto. Los operarios habían recibido el permiso para retirarse antes, pero durante el encuentro comenzaron a recibir los telegramas que confirmaban su desvinculación.
La protagonista del hecho que resonó a nivel nacional es Metalfor S.A., una compañía de maquinaria agrícola que produce pulverizadores, cosechadoras y produjo tractores por un breve tiempo. En este caso, los empleados afectados pertenecen a la planta de Noetinger, en el departamento de Unión.
Sin explicaciones ante los despidos
Cabe mencionar que los despidos se produjeron una semana después de que la empresa solicitara un Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) -herramienta legal que busca negociar con el sindicato y el Estado en medio de problemas económicos-. Allí trabajaban 146 personas al momento de las cesantías.
Los empleados fueron notificados con mensajes en los que se les indicaba que debían “acercarse a las oficinas del Correo para retirar los telegramas”. Muchos de los que hoy se quedaron sin empleo creían que el PPC protegía los puestos de trabajo mientras avanzaban las negociaciones, informó La Voz.
La empresa, por su parte, no había dado explicaciones públicas sobre las desvinculaciones. Tampoco respondió a las consultas el presidente y accionista de Metalfor, Eduardo Borri.
Crisis financiera de Metalfor S.A.
La firma atraviesa una delicada situación financiera que se profundizó durante el último año. Según datos del Banco Central, mantiene deudas con 23 bancos por unos $52.000 millones, de los cuales cerca de $22.000 millones están catalogados entre seguimiento especial y alto riesgo de insolvencia.
A ese panorama se suman 558 cheques rechazados por un total de $5.348 millones. De acuerdo con los registros oficiales, la empresa solo regularizó alrededor del 11% de ese monto.
La crisis contrasta con el respaldo financiero que había conseguido a fines de 2025, cuando se convirtió en la primera empresa argentina en recibir un préstamo de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional (DFC), el banco de desarrollo del gobierno de Estados Unidos.
El crédito fue de 50 millones de dólares, con un plazo de ocho años y dos de gracia. Sin embargo, ese financiamiento no logró revertir el deterioro de la compañía.