1 de mayo de 2026 - 21:03

En Aconcagua Radio analizan pintadas en colegios: "Se borró el límite entre lo que causa gracia y lo terrible"

Mariano Cranko, investigador de FLACSO, habló en Aconcagua Radio sobre el efecto de las redes y una época donde “cada cual construye su propia verdad”.

Las pintadas con amenazas en escuelas no son un episodio aislado ni un simple “chiste que se fue de las manos”. En diálogo con Aconcagua Radio, Mariano Cranko, investigador de FLACSO, trazó un diagnóstico incómodo que cruza redes sociales, salud mental y un deterioro del pacto social.

“Yo creo que es el síntoma de lo que está pasando hoy, con cierta falta de registro de hasta dónde se puede jugar”, planteó. Y enseguida puso el foco en el origen: lo que circula en redes. “Los estudiantes comentan que esto se viene armando en grupos, como retos virales, y se genera un efecto contagio que después se traslada a la escuela”, explicó.

Pintadas en escuelas: un llamado de atención adolescente

En ese traslado aparece algo más inquietante: la intención. Cranko retoma lo que escucha en aulas y reuniones: “Un estudiante lo decía así: es un mensaje para preocupar a los adultos. Es un llamado de atención. ‘Miren que estamos acá, mírennos’”. El problema es la forma que toma ese mensaje. “No es el modo más apropiado: tiene un contenido que provoca temor y hay algo de goce, de banalización de lo terrible”, advirtió.

Ahí es donde aparece una palabra que atraviesa todo el análisis: límite. “Se pierde el límite de hasta dónde algo puede provocar gracia o daño. Es una época donde se borró esa barrera”, señaló. Y agregó un factor que potencia todo: la viralidad. “Lo viral no termina nunca, es infinito y no lo podemos parar”.

La discusión no se agota en los adolescentes. Cranko insiste en que el fenómeno es social. “Se ha perdido el registro de lo que se puede o no se puede. Hay una escena que se instaló, incluso desde slogans: ‘todo es posible’, ‘no hay límites’. Eso genera confusión, sobre todo en chicos y adolescentes, pero también en adultos”, explicó. En ese marco, la escuela queda en una posición compleja: “Se hace muy difícil trabajar de forma contracultural algo que ocurre en todos los ámbitos”.

El impacto se ve también en lo cotidiano: agresiones en redes, opiniones sin filtro, imposibilidad de aceptar la diferencia. “Se borra el límite en creer que todo podemos decirlo u opinarlo. Entonces todos quedamos perdidos: no sabemos si hay un peligro real o un chiste”, sintetizó.

El clima social que describe no es menor. El propio Cranko habla de una especie de tensión permanente. “Planteo la idea de una ‘paranoia social’. Cuando el pacto social se erosiona, el otro empieza a vivirse como alguien del que hay que defenderse”, dijo. Y agregó un elemento clave de esta época: “Ya no hay una verdad común. Cada uno construye la suya en función de lo que el algoritmo le devuelve. Se arman burbujas y eso genera conflicto constante”.

En ese escenario, la escuela recibe el impacto. Y no solo en términos de violencia simbólica. También aparecen situaciones concretas que preocupan: autolesiones, ideas suicidas, dificultades para proyectarse. “Trabajo en secundaria y veo chicos que recurren a la autolesión o tienen ideas suicidas. Hay una falta de horizonte, de proyecto, todo está puesto en el ‘ahora’”, describió.

La tecnología también juega su parte. “El celular fue encerrando a cada uno en lo propio. Les cuesta expresar en palabras. Y cuando se prohíben los celulares en las escuelas, aparece otra escena: no pueden manejar el cuerpo, se inquietan, hay ansiedad”, detalló.

Frente a ese panorama, la respuesta no puede ser solo seguridad o protocolos. “Eso tiene que estar, pero es una lectura simplista si nos quedamos ahí”, sostuvo. Para el especialista, la clave pasa por reconstruir algo que se fue perdiendo: el sentido de pertenencia. “Hay que generar espacios donde los chicos encuentren identificación, valores, canales de expresión. Lo simbólico, la palabra, hoy está muy degradado”, advirtió.

En ese punto aparece otra figura en crisis: el adulto. “Una alumna dijo algo que me quedó: ‘¿hay adultos disponibles que nos acompañen?’. Eso interpela mucho. Hay que pensar qué es ser un adulto disponible hoy”, planteó.

El análisis también alcanza a la dirigencia y al clima político. “Las escenas de violencia pública, de humillación, son referencias que hacen daño. Los chicos pueden pensar que esa es una forma válida de hacerse un lugar”, dijo. Y remarcó: “Cuando ocupás un lugar de autoridad, tenés que cuidarlo. Esos mensajes construyen sentido”.

La salida, lejos de soluciones mágicas, aparece como una tarea colectiva. “No alcanza con lo asistencial ni con más dispositivos de salud. Hay que fortalecer tramas sociales, lo colectivo, lo solidario”, afirmó. Y dejó un dato que sintetiza el problema: “De cada diez adolescentes que escucho, cinco dicen ‘no encajo’. Hay mucha soledad”.

En ese contexto, la advertencia final no suena exagerada, sino urgente: sin reconstrucción de reglas, de palabra y de comunidad, el límite seguirá corriéndose. Y lo que hoy parece un “mensaje” puede volverse, en algún punto, otra cosa.

Escucha la nota completa acá y podés escuchar la radio en vivo en www.aconcaguaradio.com

Embed

LAS MAS LEIDAS