Hay cantos, remeras intervenidas con fibrones, selfies que ya empiezan a circular en redes y una ansiedad que se mastica en el aire. ElÚltimo Primer Día -más conocido como UPD- gana la agenda en elinicio de clases como viene sucediendo los últimos años.
Para los chicos que van a cursar su último año de secundaria es una celebración esperada; para muchos adultos, una fuente de preocupación.
Mucho se ha hablado por estos días de esta nueva tradición que han incorporado los estudiantes al inicio del ciclo lectivo. Se trata de celebrar juntos la previa del primer día de clases: hay fiesta, hay emoción pero a veces, también excesos. Justamente por eso hay adultos que se alarman. Sin embargo, para especialistas y autoridades educativas no se trata ni más ni menos que de una costumbre propia de esta etapa de la vida, asociada a la pertenencia grupal. Y eso no es nuevo. Lo nuevo son las formas.
La celebración, que se realiza la noche previa al inicio de clases de quinto año -o sexto en las escuelas técnicas-, se ha convertido en un rito de paso. Una “nueva tradición” organizada casi por completo por los propios adolescentes, aunque con el correr del tiempo sumó cada vez más participación adulta, tanto de padres como de autoridades.
Qué es el UPD y cómo se organiza
La idea es pasar juntos y de fiesta la noche previa al inicio de clases, que para este grupo será este lunes. Detrás hay meses de organización: búsqueda de salón, fotógrafo, DJ, contratación de transporte, seguridad y coordinación.
En paralelo, se instaló la preparación de un vestuario especial. Las clásicas remeras intervenidas se arman en encuentros previos que funcionan casi como antesala del festejo.
Suele organizarse entre dos o tres cursos que no necesariamente son del mismo colegio y, además, asisten amigos como invitados. Eso convierte al UPD en un evento multitudinario: si se cuentan tres divisiones, se habla fácilmente de al menos 90 chicos.
Qué es el UPD, el Último Primer Día del Secundario, que se convirtió en un descontrolado ritual
El UPD o último primer día, es el festejo que realizan los alumnos secundarios que van a cursar su último año. La DGE estableció un dispositivo de prevención y actuación.
En los últimos años, la celebración se consolidó como un sello de época, que llena de festejos -y consumos- la finalización de cada etapa educativa, incluso en niveles más bajos. Pero en el caso del último año, el simbolismo es mayor: marca el comienzo del cierre.
Por qué preocupa el UPD
La principal inquietud gira en torno al consumo de alcohol entre menores de edad, teniendo en cuenta que la mayoría de quienes cursan quinto año aún no cumplen los 18.
Muchos no están habituados a la bebida e incluso para algunos es la primera vez. También están quienes asocian el exceso con la diversión. Un joven que tuvo su UPD hace algunos años reconoce que “antes era más caótico y ahora está más organizado”, pero admite que persiste la búsqueda de la anécdota: imágenes de descontrol o relatos llamativos que luego se suben a redes sociales, en especial a las cuentas de la promoción, donde se buscan seguidores y vistas.
No todos los festejos transcurren así. Pero tampoco es extraño ver en algunos eventos chicos que terminan descompuestos por abuso de alcohol. En ciertos casos hubo destrozos en salones, lo que llevó a que algunos propietarios prefieran no alquilar sus espacios para este tipo de encuentros.
También hay experiencias positivas. Adrián, que este año acompañará su tercer UPD, ya vivió el de uno de sus hijos mayores. “La experiencia fue buena, los chicos estuvieron tranquilos e incluso salían a acompañarnos a nosotros con unos mates mientras estábamos en el exterior”, contó.
Qué implica el UPD para los chicos
Desde la Dirección General de Escuelas (DGE) insisten en que no se trata de criminalizar sino de acompañar, entendiendo que forma parte de la cultura juvenil.
“El UPD es una expresión de identidad y pertenencia. No es sólo una celebración, es una manifestación de las necesidades de los adolescentes de sentirse parte de un grupo, de celebrar los lazos construidos y marca el inicio de un año que representa el cierre de una etapa escolar y el comienzo de otra”, señalaron desde la Dirección de Acompañamiento Escolar (DAE).
Y agregaron: “Este ritual, aunque no es organizado por la escuela, involucra a la comunidad educativa toda, ya que refleja las emociones, expectativas y desafíos que los jóvenes enfrentan en su proceso de crecimiento y desarrollo”.
La psicopedagoga y especialista en Mediación y Convivencia Escolar, Mariana Savid Saravia, convoca a una construcción conjunta más que a la imposición de límites.
“Lo preocupante del UPD no es la celebración en sí -advierte- es lo que muchas veces la atraviesa: el consumo excesivo de alcohol como condición para divertirse, la presión de grupo, la idea de que una noche de excesos es el precio a pagar para pertenecer. Y eso sí es peligroso. Porque el alcohol en menores de edad no es un juego: sus cuerpos son más vulnerables, y sus decisiones, cuando están bajo su efecto, pueden tener consecuencias que después no tienen vuelta atrás. Accidentes de tránsito, peleas, situaciones de violencia, o simplemente llegar al colegio al otro día en un estado que les impide vivir lo que tendría que ser un momento emocionante”.
En ese sentido, plantea que “la pregunta no es ‘cómo hacemos para que no festejen’, la pregunta es ‘cómo hacemos para que festejen mejor’, y esa respuesta no la tenemos solo los adultos, se construye con ellos”.
Cómo cambió el UPD con los años
Cuando comenzó a hacerse visible en Mendoza, el UPD era organizado casi íntegramente por los chicos y con escasa información para los adultos. Eso generaba situaciones más desordenadas y, en algunos casos, mayores excesos.
Con el tiempo, padres, referentes educativos y autoridades comenzaron a involucrarse. Aunque la organización sigue en manos de los estudiantes, hoy muchas decisiones pasan por grupos de padres y algunos salones exigen que un adulto firme el contrato como responsable.
Algunos progenitores se organizan en “postas” para acompañar durante algunas horas. En ciertos casos se contratan servicios de ambulancia de manera preventiva - como en cualquier evento de mucha gente-, seguridad adicional y transporte hasta zonas cercanas al colegio para que los chicos lleguen juntos al acto de inicio.
Eso llevó a que muchos grupos buscaran lugares más alejados o menos visibles y que la información sobre los eventos sea escasa. Conseguir testimonios, tanto de padres como de alumnos, no resulta sencillo.
El Ministerio de Seguridad coordina acciones junto con los municipios y en articulación con la DGE. El operativo comenzó el viernes y se intensificará el domingo.
“Vamos a tener alrededor de unos 30 inspectores en toda la provincia”, detalló Hernán Amat, director general de Relaciones con la Comunidad.
“Nosotros, lo que siempre decimos es que no vamos a permitir que existan fiestas en las que se vendan entradas y en las que exista expendio de alcohol para menores. En estos casos, siempre vamos a hacer el cese inmediato de estas fiestas”, agregó.
Se apunta especialmente a evitar el consumo de alcohol en menores y las fiestas no habilitadas con venta de entradas. Las reuniones privadas, en cambio, están permitidas, aunque pueden ser controladas.
Amat explicó que, hasta el viernes, no había fiestas que hubiesen gestionado habilitación formal. Muchas se realizan en casas o predios particulares. “Pueden hacerlo como una fiesta privada, pero las vamos a controlar indudablemente y no puede existir expendio de alcohol”, subrayó.
Las sanciones pueden ser severas. “Las multas pueden ir desde los 5 a los 12 millones de pesos para el dueño del local. Esto lo tienen que saber también el responsable que exista y el referente del evento y después los padres de los menores. También pueden existir multas del Código Contravencional, días de arresto, trabajo comunitario y multa económica que va desde los 2 a los 4 millones de pesos”, enumeró.
Por su parte, Alejandro Pozzi, director de Diversión Nocturna, explicó que si se detecta la presencia de un menor en un evento para mayores de 18 años, la ley sanciona al propietario del local.
“Lo que se busca es resguardar la integridad física del menor, llamar al progenitor y que se haga presente para retirarlo. Luego se realiza administrativamente un procedimiento al juzgado contravencional para la sanción a los padres o progenitores, que puede ser económica —desde 2000 a 4000 unidades fijas— o trabajo comunitario vinculado a la diversión nocturna”, detalló. Esto puede ser hasta $2 millones.
El rol de las escuelas y la DGE
Las escuelas subrayan que el UPD no es una actividad escolar y que no es organizado por las instituciones. Sin embargo, la instalación del rito y el hecho de que muchos alumnos llegaran al curso agotados o en malas condiciones obligó a una mayor intervención.
La DGE implementó un protocolo y presentó el dispositivo “UPD 360. Antes, durante y después”, destinado a escuelas secundarias de gestión estatal y privada. La iniciativa apunta a la prevención y al acompañamiento en las tres instancias y pone el acento en la corresponsabilidad de las familias.
Entre otras medidas, establece la obligatoriedad de que los padres firmen un acta de compromiso y promueve reuniones previas para acordar pautas.
Durante la última semana, las escuelas convocaron a encuentros con familias. “En la reunión se hizo firmar un acta a los padres en la que se hacen responsables del estado en el que su hijo o hija salga del UPD. A la mañana están liberados, ya que es un colegio de doble turno, pero por la tarde tienen que presentarse con el uniforme y en excelentes condiciones”, relató la madre de un futuro egresado.
“Pidieron que las remeras que se hacen no tengan el logo de la escuela porque no es parte de la actividad y sugirieron que algunos padres asistan al evento. En nuestro caso ya nos organizamos para eso, pero si vemos a algún chico en mal estado llamaremos a sus padres”, agregó.