El “señor de los satélites”, José Piracés es un mendocino que participó de la fabricación en ARSAT y triunfa en Estados Unidos

José Piracés (36) es un ingeniero mendocino que participó de la fabricación de los dos satélites ARSAT. Además, ha trabajado en astronomía y, actualmente, es uno de los coordinadores de los sofisticados satélites con tecnología óptica Skyloom, en Estados Unidos.

El “señor de los satélites”, José Piracés es un mendocino que participó de la fabricación en ARSAT y triunfa en Estados Unidos
José Piracés, el “señor de los satélites” mendocino que participó de la fabricación de los ARSAT y triunfa en Estados Unidos. Foto: Gentileza José Piracés

Con 36 años, el mendocino José Piracés tiene una trayectoria de esas que relucen en cualquier portfolio, en especial en lo que a ciencia y tecnología se refiere. De hecho, bien podría definírselo como “El Señor de los Satélites”.

No es el título de una novela literaria ni de una saga de ciencia ficción, épica o de fantasía. Y es que, desde 2014 y hasta la fecha, Piracés ha sido actor protagónico en la fabricación de los dos satélites ARSAT -de industria argentina-, además de haberse especializado en mecánica y diseño óptico, no solo de satélites, sino también de telescopios. Por si fuera poco, actualmente el ingeniero mendocino es uno de los coordinadores principales de equipos de una empresa privada que desarrolla satélites en Estados Unidos.

José Piracés, el “señor de los satélites” mendocino que participó de la fabricación de los ARSAT y triunfa en Estados Unidos. Foto: Gentileza José Piracés
José Piracés, el “señor de los satélites” mendocino que participó de la fabricación de los ARSAT y triunfa en Estados Unidos. Foto: Gentileza José Piracés

“Los contextos son fundamentales en hace a la financiación de la ciencia, ya sea pública o privada. A lo largo de mi carrera, he aprovechado ambos puntos de vista. El ARSAT fue un proyecto financiado por el Estado, con fondos públicos, es decir, plata de los impuestos que se invirtió en el desarrollo de tecnología. En ese contexto no había ningún privado dispuesto de invertir dinero, y tal vez hubiesen optado por contratar un satélite que no hubiese sido argentino”, destaca Piracés a Los Andes y desde Colorado, Estados Unidos, donde está la única sede de Skyloom (firma en la que se desempeña actualmente).

“Aquí la financiación es privada, pero porque hay privados dispuestos a invertir en investigación. Por eso es que el contexto es fundamental, siempre. En Astronomía es muy difícil que un privado quiera invertir, porque es ciencia pura y no da rédito económico hacer una investigación sobre las estrellas, al menos en un futuro cercano. Hay ciertas cosas que, sin el apoyo del Estado, no podrían tener lugar”, insiste.

En la actualidad, y dentro de los proyectos de Skyloom, Piracés se encuentra trabajando en dos líneas. Una de ellas tiene que ver con la carga eficiente, rápida y segura de información de satélites que orbitan a baja altura (y que permite analizar imágenes de la Tierra, así como también la composición y salinidad o los tipos de plantaciones en el campo, por ejemplo).

Además, y por medio de un enlace óptico que ofrece más capacidad de transmisión de datos de forma más segura y precisa, están trabajando en una línea que ha despertado el interés del mismísimo Ministerio de Defensa de Estados Unidos. Se trata de una herramienta para que, a través de constelaciones de satélites, se puedan obtener alertas tempranas y ante un eventual conflicto armado en cualquier parte del mundo.

Las luces vistas en el cielo son a causa de los satélites Starlink
Las luces vistas en el cielo son a causa de los satélites Starlink

“Esa información le permite al Ejército identificar en tiempo real cuando está ocurriendo algún conflicto, como por ejemplo un lanzamiento de misil, y con sus sensores los satélites pueden captar estos movimientos”, se explaya Piracés. Y aclara que están haciendo pruebas en este sentido.

SUS INICIOS EN EL BALSEIRO Y SU PARTICIPACIÖN EN LOS ARSAT

Con 20 años, José Piracés migró de Mendoza. Luego de completar 3 años en la Facultad de Ingeniería de la UNCuyo, rindió el examen de ingreso para seguir en el Instituto Balseiro. Allí completó sus estudios de Ingeniería Mecánica.

Fue un compañero que ya estaba desempeñándose en el INVAP (empresa de alta tecnología dedicada al diseño y construcción de equipamientos y dispositivos en áreas de alta complejidad), en Bariloche, quien lo convocó para trabajar en el proyecto ARSAT.

En total, Piracés estuvo 5 años -no continuos- trabajando en la fabricación de los dos satélites nacionales, además de otros proyectos.

“El día de la puesta en órbita del primer ARSAT estábamos en el comedor de INVAP y se transmitió en vivo. Fue emocionante. Mi trabajo había consistido en verificar que el satélite no fallara ni se rompiera durante los primeros 4 minutos del despegue (que es cuando mayor ambiente de vibraciones fuertes se da). Cuando pasaron esos 240 segundos, respiré aliviado y me dije que había cumplido mi trabajo”, repasa Piracés sobre aquel día inolvidable de 2014.

Instituto Balseiro\u002E
Instituto Balseiro\u002E

En la actualidad, ambos satélites se encuentran operativos. El tiempo de vida útil que se había estimado para ambos durante la misión era de 15 años. Sin embargo, a raíz de que todo salió de acuerdo a lo previsto (y mejor aún), se logró estirar a 18 años.

Sobre las ventajas y beneficios de que Argentina haya podido lanzar sus satélites, José Piracés recurrió a dos palabras claves: soberanía satelital.

“Todos los países tienen derecho a posicionar sus satélites para administrar sus comunicaciones internas. Cada país tiene asignada su longitud orbital y, si la reclama, la puede utilizar. O si no, puede pedirla otro país. Argentina tenía una fecha límite para ocuparla y esa fue la motivación de generar el proyecto. El INVAP tenía experiencia con satélites más pequeños”, reflexiona.

LA EXPERIENCIA CON LOS TELESCOPIOS Y LOS INICIOS EN EL DISEÑO ÓPTICO

Piracés estuvo trabajando como contratista interno de ingeniería en el INVAP hasta 2016. Además de sus funciones con el ARSAT, también incursionó en otros proyectos referidos al análisis estructural y de inteligencia de reactores nucleares, radares y -por supuesto- otros satélites.

En 2017, en tanto, surgió la oportunidad que llevaría a José Piracés a incursionar en la Astronomía.

“Fue para trabajar en un tema que requería funciones similares a los temas en que trabajaba. Me fui a Chile, a trabajar en el observatorio del Cerro Tololo (La Serena) y ahí estuve un tiempo como diseñador optomecánico”, cuenta Piracés.

ARSAT 1 (Archivo/Télam).
ARSAT 1 (Archivo/Télam).

Más allá de que el observatorio estaba en Chile, el trabajo que desempeñó el investigador mendocino estaba coordinado por la National Science Foundation de Estados Unidos (el equivalente al Conicet en el país norteamericano).

LOS PROYECTOS DE SKYLOOM

Tras su experiencia en Chile, José Piracés ingresó a un mundo, por entonces inexplorado, y que nunca más abandonaría: el del diseño y la mecánica óptica. Fue quien había sido su primer coordinador en el INVAP quien lo contactó, ya que se encontraba en Estados Unidos con una -por entonces- start up que estaba arrancando.

“Esa start up, que hoy es una empresa, era Skyloom y había arrancado en 2017. Desde el primer momento se formó para desarrollar una idea de tecnología relacionada a mejorar la transmisión de datos en el espacio. La tecnología de comunicación, como el ARSAT, utiliza ondas de radio. Y Skyloom tiene la idea de usar luz –puede ser infrarroja o visible- para lograr la transmisión de datos con más ancho de banda y de forma más segura. Es como si fuese una fibra óptica espacial”, ejemplifica Piracés, con un lenguaje más didáctico.

José Piracés, el “señor de los satélites” mendocino que participó de la fabricación de los ARSAT y triunfa en Estados Unidos. Foto: skyloom.co
José Piracés, el “señor de los satélites” mendocino que participó de la fabricación de los ARSAT y triunfa en Estados Unidos. Foto: skyloom.co

Desde entonces, Piracés regresó a la especialización de los satélites, aunque con una especialidad distinta: el diseño y la mecánica óptica.

La empresa fue creciendo y pasó de tener 5 o 6 empleados hace 6 años a tener 150 trabajadores en la actualidad (de ellos, unos 10 son argentinos).

VENTAJAS Y DESVENTAJAS DE LAS CONSTELACIONES DE SATÉLITES

Recientemente, entre tantos anuncios, el presidente de la Nación Javier Milei ponderó la inminente llegada del servicio de internet satelital por medio de Starlink, un proyecto internacional que busca proporcionar internet de alta velocidad y baja latencia a través de una red de satélites en órbita terrestre baja.

Starlink es uno de los productos de SpaceX, la firma desarrollada por el multimillonario Elon Musk, quien también está detrás de la fabricación de los autos eléctricos Tesla.

Piracés resalta que es positivo que esa tecnología esté llegando a Argentina, ya que se necesita. Incluso, destaca también que sea privada, puesto que es muy difícil que alguien la intente desarrollar en el país, sobre todo en un contexto por demás complejo.

“Uno de los grandes beneficios que ofrece Starlink y otros productos es que son servicios de lanzamiento de satélites de bajo costo. Utiliza una tecnología de cohetes reutilizables, con estructura tipo dispenser, y que permite lanzamientos accesibles. Estamos hablando de 250.000 dólares por un satélite chico, que no es un presupuesto alto al nivel de una universidad o institución científica de Estados Unidos. Para tener una idea, cuando se lanzaron los dos ARSAT no existía esta tecnología y los lanzamientos costaban entre 50 y 60 millones de dólares”, destaca Piracés.

Starlink, el servicio de Elon Musk.
Starlink, el servicio de Elon Musk.

Otra de las ventajas que enumera el mendocino es que se trata de satélites de baja órbita que están a entre 500 y 1.000 kilómetros de la tierra (los geoestacionales están a 36.000 kilómetros).

“Al estar más cerca, la ventaja es que el tiempo de latencia (lo que demora una comunicación entre puntos), es más corto. Entonces, el servicio termina siendo más rápido desde que se transmitió y hasta se recibió”, prosigue.

Claro que, como todo en la vida, estos servicios también tienen sus desventajas. Y es algo en lo que Piracés se detiene también.

“Un satélite de baja altura no puede cubrir un área más baja y es por eso que se ve el sistema de satélites que va como en tren. Además, es un concepto diferente y que tiene su impacto y controversia en el ámbito científico, ya que no se van a volver a ver cielos despejados y siempre va a haber satélites. Es parte del impacto a muy largo plazo de esta tecnología. Aunque es cierto que brinda más facilidad y da la misma potencia para zonas urbanas y rurales”, se sincera.

UN MENDOCINO EN COLORADO

En septiembre de 2022, José Piracés y toda su familia (su esposa y el hijo de ambos, todos mendocinos) se mudaron a Colorado. Su casa está a 10 minutos -en auto- de la sede de su trabajo. “Es una zona suburbana”, aclara José.

Todos los años, la familia intenta viajar a Mendoza, por lo menos, dos veces. E intentan que una de ellas coincida con las fiestas de Fin de Año.

“Lo que más se extraña es la familia y las amistades también. También se extraña la gastronomía de Mendoza, los paisajes y la tranquilidad que hay en ciertos lugares cerca de la cordillera. Colorado tiene montañas también y una geografía muy parecida a Mendoza. Pero vas a cualquier lado de la montaña, y está lleno de gente. No tenés donde estacionar el auto, por ejemplo”, concluye, sonriente.

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