2 de octubre de 2026 - 22:19

"El fin de la secundaria es un microduelo": la turbulencia emocional de la crisis del egreso

De la indiferencia al enojo, los adolescentes transitan el fin de una etapa con incertidumbre y sobrecarga. Cómo entenderlo y el desafío para los adultos.

La última etapa de la secundaria es para los adolescentes un verdadero cúmulo de emociones. A su vida le pasa de todo: al desafío propio de la adolescencia, en un contexto tan complejo como el actual, se suma la vorágine de eventos, actividades nuevas y decisiones que deben tomar. Pero sobre todo, una especie de “microduelo”, como define una especialista. Se trata de dejar una etapa, un espacio, una forma de vida.

De repente, su cotidianeidad se ve completamente alterada. Hay un universo de actividades que comparten y que les genera una gran ansiedad, como la fiesta de fin de curso, los preparativos para el viaje de egresados, las presentaciones de camperas y la participación en los festejos de los estudiantes -incluidos los municipales con quioscos, muñecos y otras yerbas-.

La última etapa de la secundaria es para los adolescentes un verdadero cúmulo de emociones. Archivo Los Andes

La última etapa de la secundaria es para los adolescentes un verdadero cúmulo de emociones. Archivo Los Andes

Pero además, quienes ya eligieron carrera, asisten a preuniversitarios y los últimos meses del año, al proceso de ingreso a la universidad. Todo eso les invade la agenda. Sin embargo, no se trata solo de la sobrecarga de eventos o de los desafíos propios de la convivencia con los pares, sino también de la necesidad de tomar una serie de decisiones que para muchos es vivida con gran peso, como qué harán después de terminar la escuela y la elección de la carrera, algo que muchos no tienen definido y les genera un enorme estrés. Esto trae como consecuencia un gran impacto a nivel emocional y, a veces, hasta en la convivencia familiar, en un entramado que para los adultos resulta difícil de comprender.

Tristeza, miedo e incertidumbre detrás del enojo

Ante la consulta sobre las manifestaciones emocionales en esta fase, la licenciada en Psicología Gabriela Cusnaider, quien trabaja con niños y adolescentes y en orientación vocacional en el Espacio VES, detalló el trasfondo de estas conductas.

“A veces ven a un chico o a un adolescente enojado o de mal humor y en realidad no es enojo lo que tiene, sino es la angustia justamente por tener que cerrar un ciclo con lo que respecta a la secundaria. Son esas cuatro paredes que sostenían su vida, porque el chico tenía que ir a cursar de lunes a viernes en tal horario, cumplir ciertas cosas. De repente, esas paredes se pierden. Entonces el chico se encuentra sin su rutina, con que no tendrá su grupo de amigos, sin ese sentido de pertenencia que tenía en la escuela, y se encuentra totalmente vulnerable, con el plus de que los papás por ahí no tienen los recursos o herramientas y, a veces, si acompañan, no quieren escuchar o no saben cómo”, explicó Cusnaider.

La profesional remarcó que se trata de un proceso de pérdida: “Aparece un duelo, y el duelo no solamente se da en tener que decidir y ganar una experiencia, sino también en perder, porque duelo implica eso: la pérdida de lo que fue significativo. La experiencia de lo que implica la secundaria, o su recorrido por la recta escolar final algunos lo viven mejor y otros peor”.

“Incluso -prosiguió- adolescentes que han tenido experiencias quizás no tan lindas en la secundaria, así y todo en algún punto los estructuraba y los sostenía. Cuesta un montón y el duelo aparece también en los papás, que no saben cómo acompañar esos procesos y van a consultar diciendo: 'Está superenojada, malhumorada'. Y no: la persona no está enojada, sino que realmente está triste, está angustiada y tiene miedo a lo desconocido, a lo nuevo. Es estar en un estado de alerta también, porque si elige mal, se lee como fracaso, cuando en realidad la elección también implica confundirse”.

La carga de decidir el pos secundaria

Cusnaider diferenció la realidad actual de épocas pasadas: “A diferencia de las generaciones anteriores, tenemos esta posibilidad de reinventarnos o resignificar la experiencia, decir 'bueno, encuentro un nuevo sentido a esta trayectoria'.

El tema está en que la elección de carrera se vive a veces con mucha carga emocional, como algo muy definitivo y que, para colmo, es una decisión que cuesta mucho tomar. Por un lado, implica optar por qué camino se quiere para sí mismo; pero por otro, están atravesados por la mirada, las concepciones e incluso las expectativas de otros en ese proceso.

Fin de secundaria: entre festejos, entusiasmo, sobrecarga y desafíos.

Fin de secundaria: entre festejos, entusiasmo, sobrecarga y desafíos.

“Recuerdo la experiencia de una adolescente que vengo acompañando hace poquito, me decía: 'Gabi, vengo eligiendo tres carreras distintas'. Le pregunté cuál había elegido ella de esas tres y, cuando me comparte, la primera era porque la mamá es escribana, la segunda porque los amigos van a hacer tal cosa y la tercera por un tercero. Le pregunté cuándo eligió ella y se quedó mirando. Ahí hay que trabajar con el autoconocimiento y el registro propio, la escucha interna: registrar qué quiero, qué aptitudes tengo, qué debilidades, qué defectos, esto de las sombras y las luces”.

Indiferencia: otra forma de expresar la crisis emocional en los adolescentes

Respecto a cómo se exterioriza este momento, la psicóloga indicó que muchas veces expresan lo que les pasa con enojo pero también con indiferencia, lo cual, en realidad, no quiere decir que no les importe.

Señaló algo que podría identificar cualquier adulto que conviva con adolescentes: se ve mucho en ellos una actitud de 'me da todo igual' o 'no me importa nada', pero en el fondo sí les importa. Lo que sucede es que a veces no encuentran los recursos o herramientas para transitarlo o ponerle nombre.

“Acompaño a una paciente que tenía una estructura de vida en cuanto a su rutina, inclusive de ejercicios, porque la escuela le permitía ese horario extra. Al empezar un pre o la facultad, que de repente es de tarde, toda su rutina cambió. La mamá me decía: 'No veo que le afecte, veo que está re bien, como que le da todo igual'. Y cuando hablo con la adolescente, me dice: 'Obvio que no me da igual, solamente que no sé cómo hacer frente a esto, ni siquiera sé qué siento'.

En ese mismo plano dijo que es muy común que los chicos arranquen los espacios terapéuticos con esa frase: 'No sé qué siento'.

“O sienten todo o lo reprimen a tal punto que no sienten o creen no sentir, cuando en realidad sienten un montón, pero no lo pueden reconocer o poner en palabras”, resumió la profesional.

La palabra clave para los adolescentes: transición

Frente a la inquietud de los pacientes, la psicóloga puntualiza el concepto clave de esta etapa: “Esto no es una patología ni una cosa fuera de lo común. Ante esta incertidumbre o dificultad para poner en palabras, que es propio de este proceso, yo la palabras que le pongo es transición”.

Y trajo nuevamente a colación un caso reciente. “Una adolescente me dijo: 'Gabi, ¿cuál es el diagnóstico que tengo?'. Le dije que en realidad no se trata de un diagnóstico como tal: es una etapa, estás en una transición y la vida implica el microduelo. La vida es esto también: pierdo, gano, pierdo, gano constantemente”

El asunto es cómo se para uno frente a esa pérdida. Por eso dijo que hay que asumir la responsabilidad propia y registrar qué recursos se tiene y cuáles no, que quizás se puede buscar en un espacio terapéutico o en otros espacios que favorezcan el desarrollo del crecimiento personal.

La última etapa de la secundaria es para los adolescentes un verdadero cúmulo de emociones.

La última etapa de la secundaria es para los adolescentes un verdadero cúmulo de emociones.

Contó que la próxima vez que se vieron, la chica le contó que al comprender lo que le pasaba y poder ponerlo en palabras, se había sentido muy aliviada.

El escenario también complejiza la dinámica dentro del hogar: “Es una enormidad todo lo que viven en el último año de secundario. El plus es este cambio de rutina donde los papás se encuentran con un adolescente que ya no es tan adolescente, sino que está entrando poco a poco a la adultez. Aparecen los interrogantes de cómo ponerle límites al hijo, qué límites hay que aflojar o cuando ser flexibles, o como decía otra mamá: 'Vengo a tratar cómo comunicarme con mis hijos porque no sé cómo llegar a ellos'”.

El desafío en la escuela: con la cabeza en otra cosa

En las aulas también se vivencia esa efervescencia. A los chicos les cuesta mucho enfocarse en las actividades escolares y el tiempo empieza a escasear. Quienes ya han tomado la decisión de qué carrera seguir seguramente estarán estudiando y asistiendo a preuniversitarios para lograr pasar ese examen que definirá su futuro. Si la carrera es muy exigente, algunos empiezan a asistir incluso en cuarto año; para otros, esa gran carga horaria llegará recién en quinto. A fines de ese año definitivamente se presenta el desafío total: terminar con el cursado del secundario, las actividades de los 'pre' de las facultades, prepararse para el examen, coordinar los festejos, el viaje de egresados.

Esta efervescencia emocional y la reorganización de prioridades impactan de lleno en el rendimiento escolar y el trabajo docente durante la última etapa del ciclo lectivo.

“Trabajando con los chicos de 5º, ya sabemos que a partir de septiembre, cuando empieza la estudiantina y las actividades del Día del Estudiante, los chicos se distraen un montón. Cuesta volver a captar su atención para que vuelvan a estudiar o a retomar el hábito y eso es tanto en 4º como en 5º. Pero en 5º está el agravante de que ya los chicos, a partir de agosto más o menos, empiezan a realizar el pre”, contó Fabiana Rodríguez, profesora de Economía, cómo se vive y qué se ve desde la perspectiva docente.

En ese punto, el secundario pasa a un segundo plano para los alumnos. “Cuando empiezan a realizar el pre, directamente el secundario queda como una segunda opción para ellos. Van a hacer lo que pueden, pero tampoco es que se enganchen. Están enganchados con la cena de egresados, el viaje de egresados y todas las actividades que hace la escuela o el municipio. Se distraen muchísimo y le dan prioridad a la facultad, se enfocan en eso y no estudian nada de nada en la escuela. Entonces, cuando vos les tomás un examen y desaprueban, están yendo a los gabinetes psicopedagógicos”, señaló Rodríguez.

Pensando en el futuro, la escuela queda relegada

La docente alertó sobre las cifras de desaprobación y el riesgo de abandono definitivo y dijo que desde los gabinetes psicopedagógicos se acercan a hablar curso por curso porque hay una alta proporción de chicos en riesgo.

Contó que en una escuela estatal de alta matrícula donde dicta clases, en 5, de un grupo de 30, 10 se llevan materias. “Y de esos 10, al 30% -o sea, a tres chicos- les queda alguna materia pendiente, muchos de esos chicos luego no se reciben y pasan años para que vuelvan. Es una estadística preocupante”. Se trata, claro, de aquellos que no están pensando en seguir estudiando o que quizás luego vean trunco su proceso en el nivel superior por estas deudas arrastradas del nivel medio.

“Si bien la escuela trata de realizar un seguimiento después de que salen para que puedan rendir, luego se enganchan con la parte laboral y los perdemos. Los perdemos en el sentido de que no se ponen a estudiar ni se enganchan”, agregó.

En relación al último tramo de la cursada de secundaria que les queda, dijo que tienen su prioridad en el trabajo en el que piensan insertarse o están haciendo el pre y dan por sentado que el secundario ya lo van a aprobar, pero no hacen nada para aprobarlo. “Cuando desaprueban y se dan cuenta, es generalmente en la última etapa, en las últimas semanas de noviembre; ahí les cae la ficha de que se llevaron varias materias”, advirtió.

Ante esta problemática, las instituciones han tenido que implementar mecanismos de apoyo previos a las instancias finales. “Ahora tenemos que darles una etapa de recuperación antes, con algunas cosas que les restan aprobar, para que se les haga una posibilidad antes de diciembre. Esto es para todos los alumnos, no solamente para los de 5º año”, concluyó Rodríguez.

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