Ser adolescente nunca fue fácil y hoy parece ser mucho más difícil. Las expresiones de angustia, malestar emocional, conflictos y hasta soledad, se manifiestan de diferente manera para llegar incluso a situaciones extremas.
Desembarca una fundación internacional con una estrategia que incluye juego y arte. Los alumnos plantean problemáticas de vínculos, violencia y salud mental.
Ser adolescente nunca fue fácil y hoy parece ser mucho más difícil. Las expresiones de angustia, malestar emocional, conflictos y hasta soledad, se manifiestan de diferente manera para llegar incluso a situaciones extremas.
Por eso, una iniciativa ya probada a nivel internacional desembarca en Mendoza para, a través del juego y la expresión artística, tenderles una mano para darles voz y ayudarlos a lograr mayor bienestar.
La salud mental de los chicos se encuentra en el centro de la agenda pública, y esta innovadora estrategia llega de la mano de la Fundación Crear Vale la Pena, una organización con alcance e inserción internacional. Será a través de un convenio con el Ministerio de Educación, Cultura, Infancias de la provincia.
“Descubrí que el arte tiene que ir a los lugares a donde normalmente no va. El mundo de las bellas artes suele ser muy elitista y cerrado, para demasiada poca gente”, planteó a Los Andes Inés Sanguinetti, fundadora y directora artístico-pedagógica de la Fundación, una organización dedicada a la innovación educativa y la integración social.
“Por eso desarrollé una metodología que consiste en actividades creativas y lúdicas para jóvenes y adultos, para que el juego sea parte de la educación y de una manera de sanar. Nuestra sociedad está enferma de competencia y productividad, lo que nos deja solísimos y sin comunidad. El arte y el teatro proponen un antagonismo que no busca anular al otro, sino empoderarlo”, agregó. La propuesta ha sido avalada por 9 países y reconocidas organizaciones internacionales.
La propuesta tiene como eje central escuchar las vivencias de los propios jóvenes y darles herramientas para canalizar sus pesares. En una primera etapa, el proyecto logró que miles de estudiantes le pongan voz a lo que les pasa en su vida cotidiana. Quienes están a cargo de la iniciativa señalan que los estudiantes mendocinos permitieron visibilizar problemáticas complejas como abusos, violencias, ideaciones suicidas, dificultades en sus vínculos y situaciones de bullying que guardaban calladamente y les costaba expresar. Incluso algunos por fuera del trabajo en sí, habiéndose generado un espacio de confianza que les permitió acercarse a alguno de los coordinadores y contarles personalmente situaciones complejas que no habían podido en otros ámbitos.
Entre marzo y mayo de 2026, 12.333 estudiantes de 39 escuelas secundarias mendocinas participaron de jornadas teatrales e interactivas a partir de las obras producidas por la fundación.
Son el disparador para que los chicos hagan sus propias producciones y es entonces que la experiencia se llena de un contenido valiosísimo, el que sale de sus propias vivencias y emociones, y que será el sustento para generar una estrategia específicamente desarrollada para la provincia. Es que podrán compartirse desafíos, pero en cada lugar los chicos cargan con sus propias historias y están inmersos en un contexto particular. Es lo que se denomina “diagnóstico”, pero en términos artísticos, explicó Sanguinetti.
Así fue que, al término de estas funciones, los propios jóvenes escribieron 48 poemas colectivos y evaluaciones creativas que dieron origen al denominado “Diagnóstico Poético Colaborativo Mendoza 2026”. Desde la entidad explican que, en lugar de una encuesta tradicional, el relevamiento conforma un corpus único redactado en primera persona. Allí emergen no solo los dolores -autoexigencia, acoso escolar, crisis familiares y consumo temprano de sustancias-, sino también la resiliencia y sus propios recursos afectivos para sostenerse.
Las frases plasmadas por los alumnos destacan reflexiones de profundo impacto emocional: “Antes pensaba que era el peor. Ahora pienso que soy el mejor y valgo mucho”; “Digo sí a los amigos de verdad, que te curan sin darse cuenta”; “Quiero abrir la puerta de la empatía para que nadie se sienta solo”.
Pero la experiencia va mucho más allá y desnuda callados sufrimientos: “Hay un punto clave y me duele en el alma, detectamos de manera impresionante muchísimas situaciones de depresión, intentos de suicidio, autolaceraciones, abuso sexual y bullying que no se denuncian en la escuela, pero sí se detectan en nuestras actividades”, contó Sanguinetti.
“Los chicos se acercan todo el tiempo a hablar con los actores, que también son jóvenes -continuó-, y les dicen cosas como: "Me abusa el novio de mi mamá”, entonces les pedimos que por favor lo denuncien en la escuela, eso habla de una extrema vulnerabilidad y de un sufrimiento enorme. ¿Y quién se hace cargo? Nadie tiene recursos”, apuntó.
Lógicamente, los hechos que trascienden a la opinión pública son escasos, pero ya con estos basta para pintar un poco el panorama. Situaciones de violencia entre ellos que desnudan conflictos de larga data y hasta ensañamiento con algunas personas asociado al bullying. Chicos que se van de sus casas, amenazas de tiroteo recientes, que desnudan un trasfondo oculto para los mayores, o chicos que acuden con un arma al colegio, quizás hartos, quizás para intimidar, quizás perdidos por la influencia de otros que no pueden filtrar. Y mucho de esto está marcado por esa necesidad de pertenecer tan propia de la edad y que determina tantas presiones.
Sanguietti le puso algunos datos a la situación y refirió una investigación de Sedronar de 2025: “Reveló que 48% de los jóvenes que padecen estas angustias de salud mental se apoyan y buscan ayuda en amigos y en sus madres. El 22% no consulta a nadie. Además, de la totalidad de jóvenes encuestados, solo el 3,8% pide ayuda en la escuela. Si solo ese porcentaje acude allí, es porque la escuela no está escuchando”.
Y agregó: “En otra investigación diagnóstica que acabamos de hacer con una organización de México -ya que llevamos esta metodología a nueve países de Latinoamérica-, vimos que los jóvenes confían en los docentes y en las madres, pero tanto los docentes como las madres dicen que no tienen herramientas para ayudarlos. Estamos al horno, ¿te das cuenta?”.
Señaló que las obras abordan el malestar en la cultura: la falta de escucha, la falta de empatía y la violencia en la familia, la calle, la escuela, la salud y el trabajo. Así pudieron saber que en Mendoza, el ranking de temas que más les preocupa a los jóvenes está liderado por: vínculos familiares y de amistad, salud mental y una vida con proyectos (la incertidumbre sobre el futuro al terminar la escuela), en ese orden. Dijo que también aparecieron el consumo problemático y las redes sociales, pero con menos fuerza.
Asegura que los resultados están probados: “Las investigaciones de la empresa que nos financia indican que el 80% de los jóvenes toma noción sobre el peligro del consumo de alcohol gracias a las obras de prevención. La Universidad de San Andrés señala que los jóvenes mejoran su comunicación, capacidad de aprender y, sobre todo, su convivencia. Y FLACSO indica que el 90% de los docentes y directivos pide que las actividades vuelvan porque las implementan y les funcionan”.
Ahora avanzarán con la prueba piloto en un taller para 60 jóvenes de 18 años elegidos por el ministerio para realizar actividades de bienestar en la escuela. A eso se sumará una formación presencial para 50 docentes, introduciéndolos en cómo abordar estas preocupaciones juveniles desde actividades creativas. Luego se irá extendiendo mientras que desde la Dirección General de Escuelas, detallaron que se hará en escuelas secundarias. Si hay interés, la idea es que la formación para docentes sea asincrónica en 2027 y es siempre gratuita. Al mismo tiempo, se capacitará a los estudiantes para que se conviertan en promotores de bienestar entre sus propios pares dentro de las instituciones.
La presentación formal de los resultados del diagnóstico y el inicio de los talleres se llevarán a cabo los días 7 y 8 de septiembre en la Sala Elina Alba.
Sanguinetti tiene 22 años de experiencia en la danza contemporánea argentina. Trabaja con grupos pioneros del movimiento independiente y su enfoque se basa en una comprensión somática y relacional del aprendizaje: el cuerpo como territorio de conocimiento, la emoción como inteligencia situada y la creación colectiva como forma de organización social.
La metodología Entornos Creativos que creó cuenta con más de 25 años de trayectoria e integra el juego, la corporalidad, la emoción y la producción artística colectiva para favorecer el aprendizaje socioemocional.
“Crear vale la pena va a cumplir 30 años el año que viene. En 1997 empezamos a desarrollar centros culturales comunitarios en barrios de extrema pobreza en el conurbano bonaerense y fundamos tres espacios, fue muy exitoso: formamos artistas que ya han hecho nueve giras internacionales a Alemania y a Austria desde la Villa de la Cava, San Cayetano y Sauce. Al ver esto, dijimos: "Acá hay un tesoro". Ese tesoro es una manera muy particular de entender el arte”, explicó.
Actualmente, alcanza a más de 70.000 jóvenes al año en Argentina y otros nueve países de América Latina. Ha sido reconocida por el Banco Mundial, la OEA y la OEI como una de las 13 experiencias pedagógicas más innovadoras de América Latina. Su impacto en los sistemas educativos formales ha sido validado por la Universidad de San Andrés (2012) y FLACSO (2020), y respaldado por el estudio OLA sobre arte y salud mental juvenil liderado por Queen Mary University of London.