A la alerta de las autoridades educativas se suma la reacción de las fuerzas de seguridad y la lógica e inevitable preocupación de los padres. Todos, puede leerse, bastante desorientados en cuanto a qué está sucediendo y cómo actuar ante estos preocupantes hechos, que antes se veían a la distancia porque ocurrían en algunos otros países, sobre todo Estados Unidos.
Para el licenciado en Psicología Miguel Conoscente, especialista en el abordaje de adolescentes, hay que mirar el mundo adulto para entender parte de lo que pasa. Consideró que estamos ante una problemática que se expresa de diversas maneras, pero es casi una misma cosa y que en definitiva refleja las actitudes de una sociedad adulta cada vez más intolerante y violenta pero que además, tiene dificultades para cumplir con el rol que les compete.
“Por un lado, estamos en una sociedad que vive como en un todo violento que nos atraviesa todo el tiempo, no hay buen trato, el buen trato pasó a ser una pieza de museo, y se tratan como la miércoles, pero en lo cotidiano y entre los adultos también”, analiza.
Luego señala otra pata del asunto en cuanto al rol de los adultos: “El lugar de los adultos, como un lugar regulador, no opera hoy en día, opera poquito, eso hace que no haya marco y por lo tanto, estas cuestiones van a escalar”.
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Confirmaron amenazas de tiroteo en 25 escuelas de Mendoza
Imagen ilustrativa creada con IA
Y da como ejemplo que los adultos tienen conductas como pasar un semáforo en rojo y que si lo hacen una vez pueden hacerlo otras, porque muestra que no pasa nada. “Estamos en una cosa de desregulación y hay que entender que la libertad se acepta en un marco, otra cosa es el corrimiento de cualquier borde”.
Entonces, para que quedara más claro, dio un ejemplo en relación a la música que resulta muy ilustrativo: “Si yo me pongo a improvisar con un grupo de músicos, puedo improvisar dentro de cierto marco, hay una escala, hay unos acordes que me van marcando por dónde me puedo mover, me marcan el borde, ¿sí? Sí yo me voy a cualquier nota, estoy desafinando. Lo que a mí me parece es que hoy socialmente desafinamos, el mundo adulto desafina y después nos llaman la atención los adolescentes desafinados”.
Y subrayó: "Los adolescentes desafinan porque les estamos mostrando que se puede tocar cualquier cosa”. Por eso remarcó que es importante que todo adulto que tenga un rol y una función frente a los chicos, lo desempeñe.
Violencia, el síntoma de la intolerancia
Para Conoscente, antes de hablar de protocolos, hay que entender el fondo: la incapacidad de aceptar al otro. "Yo creo que es un problema mucho más grave y que nos atraviesa a todos, al mismo adulto también. Es la intolerancia a lo diferente. Y lo diferente nos lo encontramos todo el tiempo: desde la forma del cuerpo hasta cuando un chico es excluido de un grupo", explica.
Esta segmentación, según el especialista, se manifiesta en el mundo adulto y se potencia en el ecosistema digital. "Esto es un reflejo de las conductas que están en la sociedad, obviamente, no es que sean los chicos los responsables”, apunta. Incluso puede decirse más: es tan extrema la intolerancia que llega al punto de eliminarlo al otro, de cancelarlo como se dice en las redes. “Las redes están amplificando algo que está sucediendo. Hoy la vida digital es parte de la vida, y en las redes hay mucha impunidad", advierte el psicólogo.
Adolescentes: una subcultura que hay que entender
La Directora de Educación Secundaria de la Dirección General de Escuelas (DGE), Cecilia Páez, advierte que no estamos solo ante una travesura adolescente o un fenómeno aislado. "Detrás de todas estas movidas hay gente adulta generando pánico y atacando grupos de alta vulnerabilidad como es el adolescente", dispara Páez sin rodeos. Es que a nivel nacional, equipos de ciberdelito investigan la instigación a estas acciones por redes sociales por haberse repetido con igual procedimiento en todo el país.
Para Páez, los jóvenes están siendo utilizados como una caja de resonancia para intereses ajenos. "Los chicos están buscando un protagonismo, pero alentados por grupos de adultos que buscan que cometan estas acciones para generar desorden y caos", explica.
La funcionaria inscribe lo que sucede en Mendoza dentro de una "subcultura" juvenil que no reconoce fronteras, citando episodios similares en Chile, Turquía y Estados Unidos, aunque marcó diferencias como la accesibilidad a armas.
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Las amenazas de adolescentes y, más aún las concreciones, de tiroteos en las escuelas ha copado la agenda pública. Imagen ilustrativa
Reconoce que la señal de alerta determina la necesidad de atención hacia esta etaria. “Esto es una subcultura que hay que entenderla y hay que leerla de otro lugar”, apunta y admite que el desafío es inédito por su escala y su metodología digital. "Esto nos obliga a repensar nuevas estrategias y a ocuparnos (...) como siempre digo: nos estamos ocupando", concluye y remarca que trabajan en coordinación con el área de Justicia y de Salud.
Escuchar para prevenir
Pareciera que la escuela y las familias, los adultos involucrados en la vida adolescente, se ven superados por los desafíos de la realidad que plantea el universo de los chicos. Para Páez no es así, pero Conoscente no dejó de reconocer tal cosa: claramente, dijo, se va detrás de los hechos y por eso remarcó la importancia de la prevención, más que de protocolizar. Porque dijo que si bien el protocolo da un marco, no puede contemplar cada caso particular, que tiene sus características únicas. Agregó que en todo esto, los trabajadores de la educación, que se advierte que no están preparados para esto, deben estarlo porque trabajan con adolescentes,y no con “estos adolescentes”.
El problema central, indica, es que los adultos han perdido la capacidad de diálogo real. "Uno dice: 'vamos a habilitar una instancia de hablar con los chicos', y ningún chico habla. ¿Por qué? Porque los adultos son los que hablan. Los adultos hablan desde lo ideal: 'hay que hacer tal cosa', 'ustedes deben hacer tal otra'. Nadie escucha qué es lo que le está pasando a los chicos".
Protocolos en las escuelas
Frente al avance de las amenazas, la respuesta estatal suele ser la "protocolización". Para el psicólogo, "la protocolización es la fantasía de que no aparezca ninguna diferencia. Lo protocolizo para todos igual y listo, nos quedamos tranquilos. No, no nos quedemos tranquilos", dispara.
Para el especialista, la clave no está en buscar "indicadores" de riesgo en jóvenes que, por su propia etapa evolutiva, son emocionalmente inestables, sino en estar presentes. El trabajo serio es preventivo, y la prevención es la conversación, escuchar.
“Los indicadores suelen ser inespecíficos y en un momento del desarrollo donde la inestabilidad emocional es regla, por tanto esa visión no ayuda. Darles la palabra para que puedan poner en juego lo que les va pasando no requiere de indicadores, sino de adultos que soporten abrir el juego para poder ocupar su lugar y función con pibes reales”, resume.
Y más aún: "Estar preparados para hablar con los pibes es cerrar la boca y empezar a abrir las orejas. Habilitar espacios donde puedan poner en palabras qué es lo que les está pasando", remarcó.
Y finalmente, subrayó: “El rol de los padres no debe ser el de ‘vigilancia’, si no el de proponer y abrir canales de diálogo permanentes con los pibes, que puedan contar con los adultos, no que tengan que esconderse de ellos”.