Desean salir de los hornos de ladrillo en Las Heras y crearon un taller textil con retazos en desuso

Un grupo de mujeres se capacitó y ahora convierte retazos de telas en desuso en artículos para vender y dejar atrás el sacrificado trabajo en El Algarrobal. Sus historias.

Desean salir de los hornos de ladrillo en Las Heras y crearon un taller textil con retazos en desuso
Están empeñadas en mejorar su calidad de vida cambiando ladrillos por telas. | Foto: gentileza

Clementina Paco tiene 42 años y toda su vida trabajó en las chacras cosechando de sol a sol. La vida la enfrentó a situaciones difíciles hasta que se cruzó con un proyecto que le abrió la cabeza y le dio la posibilidad de mejorar su calidad de vida.

Ella forma parte de un grupo de mujeres que, luego de una serie de capacitaciones, comenzó a trabajar a partir de retazos de telas en un espacio productivo consistente en la confección de almohadones, alfombras, canastas, trapos de piso y otros artículos que luego se comercializan.

Hasta ahora, en su mayoría, aún se desempeñan en hornos de ladrillos de El Algarrobal, en Las Heras, una tarea sacrificada que les deja secuelas físicas.

“Pido al público de Mendoza que sepan que pueden encargarnos trabajos de todo tipo: bolsas, agarraderas, alfombras, almohadones de todos los tamaños. Sería nuestra forma de sustentarnos y salir adelante. Queremos vivir de esto, dedicarnos de lleno y salir de los hornos de ladrillo”, indicó Clementina.

Se trata de un emprendimiento basado en retazos donados por empresas y particulares y configura una técnica de economía circular de triple impacto, ya que posee tres ejes principales. Por un lado, la inserción social y la ayuda en la autoestima de mujeres en situación de vulnerabilidad, en su mayoría mamás de chicos que acuden a un centro comunitario de la zona.

Asimismo, se destaca el impacto económico del proyecto y, finalmente, el reciclado y cuidado del medio ambiente, en virtud de que desechos se transforman en insumos.

“Son mujeres que van recuperando la dignidad y que luego de la capacitación se les abrieron puertas jamás imaginadas. Personas que siempre han realizado una labor muy sacrificada en la cosecha o en los hornos de ladrillo, que les ha generado consecuencias respiratorias y físicas”, sostuvo a Los Andes Graciela “Chela” Baccarelli, una mendocina comprometida con las problemáticas sociales desde hace más de 30 años y la presidenta de la fundación Vínculos Estratégicos.

Confeccionan almohadones, bolsas, agarraderas, alfombras y más. | Foto: gentileza
Confeccionan almohadones, bolsas, agarraderas, alfombras y más. | Foto: gentileza

Numerosas organizaciones mendocinas y también de afuera entraron en juego para que esta iniciativa prosperara. Entre ellas, además de Vínculos Estratégicos, que se focaliza en El Algarrobal de Abajo, sector de grandes carencias económicas, interviene la fundación Nuestra Mendoza, Avina, Participación Ciudadana y El Arca. La capacitación fue realizada en los salones de La tijera, comercio dedicado a la venta de telas.

“Se generó una comunidad muy linda de trabajo y encuentro. Todas estas mamás fueron niñas que se desempeñaron en tareas forzosas y esto es muy distinto. Es un ambiente agradable. Están contentas y entusiasmadas”, describió “Chela”.

Además de los retazos que llegan a través de las mencionadas organizaciones, existen particulares que donan ropa en desuso que ellas convierten en ovillos de algodón los que, a su vez, transforman en diversos artículos, como cartucheras, canastos, bolsas.

Un escenario complejo

“Nuestra misión es replicar este proyecto en otros departamentos. Anhelamos que su efecto sea multiplicador. Cambia el foco de estas mujeres, que ya tienen numerosos pedidos”, explicó la presidenta de Vínculos Estratégicos.

Para Baccarelli, en un mundo socialmente inequitativo y con importantes problemas ambientales, resulta necesario pensar en soluciones integrales que involucren a diferentes actores en búsqueda de respuestas cada vez más sostenibles.

Respecto de la comunidad de El Algarrobal, donde despliega su tarea, sostuvo: “Vemos alta informalidad laboral, desocupación y precariedad en los empleos y prejuicios respecto a determinadas poblaciones, hecho que dificulta aún más el acceso al mercado laboral”.

En el caso de las protagonistas del emprendimiento, dijo que en su mayoría sufren analfabetismo, escasa coordinación entre los tiempos laborales y actividades domésticas y familiares y trabajos que atentan contra la salud. “Eso sí, todas tienen muchas ganas de transformar su realidad y brindar un futuro con más oportunidades para ellas y sus hijos. Se han juntado para aprender, compartir, trabajar y, con un fuerte compromiso en la sostenibilidad, generarse nuevas oportunidades para un presente y porvenir mejor”, apuntó.

“Chela” destacó el rol clave de la fundación Avina a través de un proyecto denominado “Ciudades resilientes” que permitió desarrollar este emprendimiento textil socioproductivo, autogestionado y basado en la economía circular.

“La tradicional industria textil genera descartes que, en la mayoría de los casos, terminan en vertederos produciendo una gran contaminación ambiental”, apuntó Baccarelli.

Dijo que el proyecto en marcha propone otro destino para estos descartes, un destino más responsable; plantea la posibilidad de generar trabajo y reducir el negativo impacto ambiental de los talleres textiles.

Bruno Zangueri, presidente de la fundación Nuestra Mendoza, dijo que se busca visibilizar problemáticas ambientales y sociales cercanas y proponer alternativas de soluciones más integrales. “Las articulaciones que se han generado a la fecha ya han permitido recuperar una gran cantidad de descartes y, luego de algunos talleres y capacitaciones, trabajar en la elaboración de productos, como agarraderas, bolsas, bolsos, a partir de los mismos”, continuó.

“Se sigue trabajando para aumentar la capacidad de respuesta a nuevas demandas”, indicó.

En busca de una vida mejor

“Chela” Baccarelli recordó que las mujeres en cuestión han atravesado momentos muy difíciles y que, aun así, en lugar de quedarse en la queja por las situaciones a las qué la vida las enfrentó, “eligen y apuestan a trabajar en este maravilloso proyecto”.

“Ellas aspiran a una vida mejor, a no tener que trabajar más en los hornos de ladrillos y sueñan con que ese día llegue pronto”, indicó, para agregar que se está buscando ampliar redes. “De manera que aquellas empresas u organizaciones que generen descartes textiles y quieran ser parte de esta red pueden hacerlo, como así también pueden sumarse aquellos actores que deseen”, invitó esta solidaria mendocina.

Clementina y su deseo de salir de los hornos de ladrillo

Clementina Paco tiene dos hijos y nada fue fácil en su vida. Para sobrevivir ha tenido que desempeñarse en tareas muy sacrificadas.

Un primer contacto con Graciela Baccarelli le permitió capacitarse en el rubro textil y descubrió un mundo nuevo. “Con retazos confeccionamos todo lo que nos pidan. Encontré una pasión, algo que me encanta. Veo futuro en esto, quisiera que funcione, pero necesitamos que la comunidad nos escuche y nos encargue mercadería”, le contó a este diario. Agregó que es un sueño vivir de esta actividad.

“Ya estoy aprendiendo a coser a máquina y estamos contentísimas. Esperamos cumplir con la meta, ser cada día más prolijas y seguir soñando. El trabajo en El Algarrobal es muy duro, no es para cualquiera y esto nos abre puertas. Necesitamos ayuda”, cerró.

Una sede que avanza a paso firme

A paso firme funciona la sede del centro comunitario que Graciela Baccarelli impulsó en El Algarrobal de Abajo, puntualmente en un terreno que pudo adquirir en calle Lavalle y callejón Rivas,donde se prevé construir un centro educativo y productivo, además de un salón de usos múltiples que sea punto de encuentro de la comunidad.

“Chela” sostuvo que la franja más desprotegida es la de los abuelos. “Hay muchísimas dificultades en todas partes, pero siempre existen programas, por ejemplo, para la primera infancia, aunque no así para la tercera edad. Se repiten situaciones muy críticas de abuelos muy carenciados, sin familias que puedan tenderles una mano ni posibilidades de subsistir con sus magros ingresos”, reflexionó.

“Nuestro objetivo hoy es construir una sede propia ya que alquilamos un local muy precario, insuficiente desde todo punto de vista. Ya tenemos nuestro lugar en El Algarrobal de Arriba y lo mismo necesitamos ahora para trabajar en el de Abajo, por eso necesitamos todo tipo de ayuda y donaciones”, concluyó.

Cómo ayudar con retazos o participar del proyecto. Para contactarse pueden hacerlo a: fheras@nuestramendoza.org.ar o hablar con Graciela Baccarelli: 261-5901423.

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