jueves 24 de junio de2021

Sólo suscriptores
Eliminan el coronavirus con luz ultravioleta: así son los equipos desarrollados por mendocinos
María Victoria Martínez Daruich, Agustina Galiana y Leandro Dinnocenzo egresaron de tres universidades mendocinas / Nicolás Ríos
Sociedad

Eliminan el coronavirus con luz ultravioleta: así son los equipos desarrollados por mendocinos

Si bien el sistema se utiliza en otros países, los ingenieros incorporaron la posibilidad de programar su funcionamiento.

Eliminan el coronavirus con luz ultravioleta: así son los equipos desarrollados por mendocinos
María Victoria Martínez Daruich, Agustina Galiana y Leandro Dinnocenzo egresaron de tres universidades mendocinas / Nicolás Ríos
Sólo suscriptores

Tres ingenieros mendocinos lograron desarrollar equipos de desinfección con luz ultravioleta que pueden eliminar 99,9% el coronavirus y otros microorganismos del aire y superficies. No sólo eso: además son inteligentes y pueden programarse a través de una aplicación con el celular.

Se trata del desarrollo local de un método que ya se usa en otros lugares del mundo. En comparación con otros procedimientos tradicionales, como el uso de químicos, venteo o sistemas de filtrado, desinfecta de manera más rápida, limpia, segura y económica.

Así lo detallaron a Los Andes, Agustina Galiana (27), ingeniera industrial (Universidad Nacional de Cuyo) que además cursa una maestría en Logística; María Victoria Martínez Daruich (28), ingeniera química (Universidad Tecnológica Nacional) con especialización en Nanotecnología realizada en Alemania, y Leandro Dinnocenzo (30), ingeniero industrial (Universidad de Mendoza) con especialización en Electromecánica. Además de ser jóvenes profesionales, Leandro destacó que se trata de un grupo que reúne la formación de diferentes universidades de Mendoza.

Aunque influyen diversas variables, como el espacio y la distancia a los equipos, en tan sólo un minuto pueden eliminar microbios que se encuentren a medio metro sobre las superficies. Requerirán cinco minutos para lograr lo mismo y alcanzar 1,5 metros a su alrededor y donde accede la luz. En el caso del aire pueden, por ejemplo, en nueve minutos desinfectar una habitación de 16 m2 o en 21 minutos un espacio de 36 m2.

Lo que hacen es inactivar los microbios al producir una alteración de su estructura de ADN. Así puede eliminar entre otros, varios coronavirus, entre ellos el Sars CoV-2, algunos tipos de influenza (causa gripe), Mycoplasma pneumoniae (que provoca enfermedades del aparato respiratorio, como la traqueobronquitis y la neumonía atípica), el meningococo y la Escherichia coli.

“El alcohol debe dejarse 30 minutos para que cubra 99% de eliminación de microorganismos, todo producto químico tienen un periodo de actuación de 20 a 30 minutos, hay productos que deben ser colocados con spray y deben cubrir toda la superficie, entonces depende mucho de cómo se aplique”, enumeró Victoria sobre algunos aspectos que generan complicaciones con otros métodos.

Pueden usarse en sitios como ascensores, oficinas, salas de espera, entornos públicos, gimnasios, comedores, restaurantes, etcétera. Pero su utilidad es particularmente relevante en espacios en los que no puede hacerse una ventilación constante y adecuada como laboratorios, quirófanos y otras instalaciones sanitarias, donde además hay alta acumulación de gérmenes.

Ya se usa una tecnología similar en la Clínica de la Universidad de Navarra, en España, y en el Hospital Charité de Alemania. En mayo, el sistema comenzó a usarse en Nueva York para desinfectar sus vagones de metro y colectivos.

El desarrollo local tiene la posibilidad de ser gestionado a través de una app. Nicolás Rios | Los Andes

El plus mendocino

Lo novedoso es que se trata de equipos creados a nivel local de tecnología que se usa en otros países y por ello hace más asequible algo que de importarse sería más inalcanzable. Pero los mendocinos sumaron su aporte y le agregaron un plus a la idea: han incorporado mejoras propias como la posibilidad de ser gestionados de manera automática a través de una aplicación del celular y de poder programar su funcionamiento. Además tienen dos versiones: uno de los equipos es móvil y desinfecta superficies, lo que permite ser trasladado según lo que haya que desinfectar. Dieron como ejemplo la utilidad que puede tener para un gimnasio en el que si se colocan alrededor las colchonetas pueden quedar libres de microorganismos en minutos, así como el resto de los aparatos y elementos.

El otro es fijo y la innovación es que obtuvieron un solo equipo que desinfecta superficies y aire. Trabaja con tubos superiores e inferiores que se activan por separado en cada función.

Para el primer aspecto no debe haber personas y se programa para que actúe por un tiempo limitado y suficiente para eliminar 99,99% de los microorganismos.

Para el aire, se mantiene encendida sólo esta función y puede hacerlo en presencia de personas. Los ingenieros destacaron que esto permite que aunque haya circulación de individuos, colocando los equipos en altura el aire pueda mantenerse limpio de manera constante.

Por otra parte, han incluido detectores de movimiento para que cuando hay personas en el lugar se apaguen automáticamente aquellos que desinfectan superficies y vuelvan a funcionar cuando detectan que se han retirado.

Ignacio subrayó la diferencia en los costos. Dijo que uno de los países donde están ganando terreno es Dinamarca. “Si se quieren importar pueden costar unos 100 mil dólares (15 millones de pesos), es algo inalcanzable en Argentina; de esta manera es más accesible”, subrayó. Y detalló que un equipo móvil grande puede costar entre 80 a 100 mil pesos mientras que el fijo -que tiene las dos funciones y bautizaron Upper Duo- puede rondar entre 40 y 50 mil pesos.

“Las moléculas de ADN y ARN (de los microorganismos) absorben esa luz que produce alteraciones en sus enlaces, los une entre sí y los deja inhabilitados para seguir viviendo y reproducirse”, precisó Victoria. Agregó que la dosis va a ser igual a la irradiancia por el tiempo de exposición, la primera la da la potencia del equipo determinada por la cantidad de tubos que tenga y la distancia del equipo a la superficie (más cerca más irradiancia).

Según apuntó Agustina, la diferencia con un aerosol es que con la luz ultravioleta se puede llegar a objetos que con el aerosol no se accede. Dijo que llega a todos los sitios donde llega la luz y si hay sombra se disminuye.

Las ingenieras explicaron que pueden medir la efectividad a través de un radiómetro que llevan al lugar y que permite garantizar que llega la irradiancia a un determinado espacio o rincón. Así pueden asegurar la dosis necesaria para la efectividad.

Comentaron además que están haciendo trámites para certificar los equipos en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). Lograrlo les permitirá ver microbiológicamente la reducción de colonias y contar con ese respaldo. Por otra parte, están en tratativas con autoridades locales para instalar los equipos en algunos hospitales públicos de Mendoza y en una intendencia.