El malestar digestivo motiva un volumen de consultas médicas cada vez mayor entre los argentinos. Inflamación después de comer, dolor abdominal, problemas con la digestión y para evacuar, son parte del combo con el que cada vez llegan más pacientes.
Se estima que 12 de cada 100 argentinos tienen colon irritable y va en alza. Por qué los expertos advierten que el estrés está destruyendo la salud intestinal.
El malestar digestivo motiva un volumen de consultas médicas cada vez mayor entre los argentinos. Inflamación después de comer, dolor abdominal, problemas con la digestión y para evacuar, son parte del combo con el que cada vez llegan más pacientes.
Peor aún, es llamativo que muchos llegan cuando ya llevan bastante tiempo así y en una situación tan límite que afecta sus actividades cotidianas.
Según la Organización Argentina de Gastroenterología, el Síndrome de Intestino Irritable (SII) es un trastorno frecuente, que se encuentra dentro de los disturbios funcionales del aparato digestivo, junto con la dispepsia y la constipación funcional, entre otros. La entidad advierte que en estos desórdenes predominan los síntomas crónicos que pueden ser muy intensos y comprometer la calidad de vida del paciente, sin que se pueda demostrar daño o lesión significativa en el aparato digestivo.
Se estima que entre el 9 y el 22% de la población occidental tiene síntomas de SII y en Argentina la prevalencia es de aproximadamente un 12%. Además, detalla que es más frecuente en mujeres (15%) que en varones.
"En un día de consultorio, de 10 pacientes, al menos 8 tienen algún trastorno funcional, como le decimos nosotros, el más conocido es el síndrome de intestino irritable", estimó la doctora Solange Block, médica gastroenteróloga y endoscopista.
Lo que explican los especialistas es que en general se trata de personas sanas, a las que en estudios tradicionales no se les detecta una patología. Es que, lejos de responder siempre a enfermedades, una abrumadora mayoría de los casos se vincula directamente al ritmo de vida y al impacto del entorno en el organismo.
“No se desencadena por una organicidad o por una enfermedad, sino por un estrés crónico y eso conlleva consecuencias y síntomas digestivos", explicó Block quien señaló que el estrés crónico altera el funcionamiento natural del cuerpo.
Al momento de definir el origen de estos desórdenes, la profesional señala de manera directa al factor ambiental y emocional: "Están dentro de lo que es el eje cerebro-intestino-microbiota. Entonces, partiendo de la base de que esto se comunica, el estrés crónico o agudo lo que hace es cambiar los receptores viscerales y a la vez también cambiar la flora intestinal. Este estrés crónico que sufre el cuerpo, en el caso de los gastroenterólogos, lo vemos expresado en este tipo de trastornos funcionales".
La denominación "funcional" es, según detalla, como el "apellido" de un conjunto de afecciones que, si bien causan un malestar concreto y real, no presentan una lesión física en los órganos. "Están todos identificados en criterios que se llaman de Roma, que incluyen síndrome de intestino irritable, la dispepsia, el dolor abdominal funcional, la pirosis funcional. Decimos funcional todo el tiempo porque es el apellido de todo lo que tiene que ver con algo que no está enfermo en el cuerpo, pero que sí causa síntomas", explica Block. En definitiva, es un desorden.
Con casi dos décadas de trayectoria en la medicina, la especialista confirma que la detección de estos cuadros se ha agudizado en el último tiempo, potenciada tanto por las exigencias globales de productividad e hiperconectividad como por la coyuntura socioeconómica local. "Tengo 20 años de médica y de gastroenteróloga tengo 18. Al principio de mi carrera veía mucha más patología (orgánica)", compara, es decir, aquella asociada a alguna enfermedad o problema del organismo.
"Ha aumentado con todo lo que estamos pasando, porque no tienen solo las preocupaciones que les hubiesen podido pasar en la vida, sino que también ahora está todo el tema de llegar a fin de mes, mantener tu trabajo, que las cosas aumentan... Seamos realistas, o sea, esto es lo que está pasando hoy", analiza la profesional, coincidiendo en que el mandato de "ser productivos todo el tiempo" atenta de forma directa contra el bienestar digestivo.
Asimismo, alude a la tendencia actual a naturalizar la distensión o recurrir a diagnósticos de moda de forma anticipada: "Hay distensión abdominal para tirar para arriba y aparte el SIBO está de moda. Entonces, es todo SIBO (Sobrecrecimiento Bacteriano en el Intestino Delgado)”, observó. Este se presenta cuando las bacterias del colon suben al intestino delgado y sobrecrecen.
En la práctica, estos cuadros se manifiestan de diversas formas. "Son pacientes que consultan, por ejemplo, por dolor abdominal, distensión abdominal que puede estar asociada a constipación, a diarrea o a las dos", describe la especialista.
La mencionada organización habla de un consenso para su definición y plantea que el Síndrome de Intestino Irritable es un desorden caracterizado por la presencia de dolor abdominal recurrente o persistente asociado a dos o más de los siguientes síntomas:
Dichos síntomas deben estar presentes al menos una vez por semana en los últimos tres meses con inicio de los síntomas seis meses previos a la consulta. Señala que es frecuente, además, la presencia de otros síntomas como la distensión abdominal y la superposición con otros trastornos funcionales del tubo digestivo.
“El criterio fundamental para el diagnóstico de intestino irritable es la presencia de dolor abdominal. No existe intestino irritable en ausencia de dolor con la frecuencia y antigüedad descripta”, subraya la entidad.
La acidez frecuente, las molestias abdominales, la “hinchazón” o distensión abdominal y las flatulencias, son síntomas comunes en la consulta médica, y especialistas advierten que es esencial poder identificar tempranamente las señales de alerta, también conocidas como “red flags”, dentro de las diversas patologías digestivas y gastrointestinales, coincide un informe de Omint.
“Muchas veces el paciente sólo consulta cuando las señales de alerta son muy evidentes. Por ejemplo, vómitos recurrentes, cambios drásticos en el ritmo evacuatorio y otros malestares intensos y persistentes. Sin embargo, algunos síntomas que parecen leves pueden ser la primera señal de problemas digestivos más complejos. Detectarlos a tiempo e identificar las señales de alarma permite intervenir antes de que las enfermedades evolucionen”, explica el doctor José Mella, especialista en gastroenterología de la Clínica Santa Isabel.
Justamente, uno de los principales desafíos en el abordaje de estos pacientes radica en el historial de consultas previas y la incomprensión que suelen experimentar. "Vienen a verte porque ya pasaron por un montón de gastroenterólogos y te dicen: 'Me siento muy mal, todo esto me molesta. Me dicen que es todo psicológico, todos los estudios me dan bien'", relata la médica.
Frente a este escenario, Block remarca que su estrategia se basa en la escucha activa, dado que muchas personas no asocian de forma directa sus vivencias con sus dolencias físicas: "Muchas veces el paciente no toma conciencia de que lo que le pasó en su vida realmente es algo fuerte, importante, que lo movilizó. Muchas consultas son de descubrir, ellos mismos descubren qué es lo que les produce tanto ruido”, refiere. Entonces descubren que esto no viene de la nada, les pasaron cosas.
En este punto plantea algo que considera sustancial: el autocuidado y la autopercepción. Detenerse a mirarse y pensar cómo se siente uno, no sólo físicamente, si está bien, si está ansioso, si duerme bien, etcétera.
Sucede que las personas minimizan el malestar, casi como que naturalizan sentirse así y demoran la consulta. Pero la persistencia de estos síntomas sin un tratamiento adecuado suele derivar en un deterioro significativo de la calidad de vida y configura un círculo vicioso difícil de romper.
La profesional explicó que se llega cuando ya el malestar es mucho o hasta tienen problemas para prenderse un pantalón. Otras veces no reciben el tratamiento adecuado, se les da medicación pero siguen sintiéndose mal.
"Todos estos trastornos se asocian a depresión y ansiedad en un porcentaje alto, hablamos del 50% al 70%. Y eso termina haciendo un círculo vicioso porque el trastorno de ansiedad da más síntomas intestinales. Entonces como que nunca pueden salir del círculo", advierte la gastroenteróloga.
Para quebrar esa inercia, la profesional sostiene la necesidad de plantear un abordaje interdisciplinario donde confluyan la gastroenterología, la nutrición y la salud mental, incorporando hábitos como herramientas terapéuticas formales y no como meras sugerencias de consultorio.
"Hay que buscar cortar ese ciclo empezando con autocuidado; ejercicio, fundamental, hoy ya no lo damos solo como un consejo, sino que es un tratamiento. Obviamente, hábitos saludables de comida, de nutrición, pausas también conscientes”, enumera. En ese sentido, menciona la importancia de poder parar, tomarse tiempo para uno. “Todos cuidados que parecen tontos, pero que hoy con la velocidad de la vida se pasan de largo", comentó.
Respecto al acompañamiento de salud mental, Block detalla que suele sugerir una interconsulta con psicología para que los pacientes "se sitúen un poco y vean cómo se sienten", adaptando la estrategia según los niveles de ansiedad detectados.
"Tengo pacientes que han llegado prácticamente con un ataque de pánico al consultorio y les explico por qué va a ser muy difícil que ellos salgan solitos. Entonces, ahí se hace un abordaje de salud mental de un médico especializado en todo esto, que sería un psiquiatra, un psicólogo, bajar todo, elaborar qué es lo que está pasando y el cuerpo solo empieza después a arrancar. Al salir de ese círculo y empezar a sentirse mejor, las medicaciones empiezan a no tener sentido porque el paciente se siente bien y empieza a tener el alta en todas las áreas. Nutrición, salud mental y gastro, yo diría que siempre estamos bastante relacionados".
La doctora Block plantea: "Lo que sucede es que estás sano, el tema es que esto que te está sucediendo es el cuerpo hablando. Y hasta que no lo escuches, el aparato digestivo es muy molesto. Lo que va a hacer es que si no lo escuchás, te molesta más, hasta que llega un momento en que ya no pueden estar más y no pueden hacer cosas cotidianas”.
Por eso, la médica advierte que la solución de fondo vuelve siempre al entorno: "El paciente termina el tratamiento y se va a sentir perfecto. Pero si el contexto no cambió, en tres meses va a volver a tenerlo. Pero no solo en el SIBO, en realidad en cualquiera de estas cosas.