Argentina busca mejorar de forma urgente la respuesta ante el accidente cerebrovascular (ACV), un episodio de salud crítico que cuesta 20.000 vidas al año en el país y se ubica como la principal causa de discapacidad.
Con una red de 11 efectores públicos y privados, la experiencia fue destacada en un encuentro regional. Los síntomas clave y la importancia de no esperar.
Argentina busca mejorar de forma urgente la respuesta ante el accidente cerebrovascular (ACV), un episodio de salud crítico que cuesta 20.000 vidas al año en el país y se ubica como la principal causa de discapacidad.
El costo para los pacientes, las familias y el sistema de salud es enorme. Se trata de una patología tiempo-dependiente en la que un minuto cuesta cerebro. Por eso, aunque hay consenso a nivel internacional sobre cómo abordar esta compleja problemática de salud pública, falta aceitar estrategias y es por eso que se busca conformar redes que den una respuesta rápida y eficaz.
En ese marco, el Ministerio de Salud de la Nación lanzó un Plan Nacional de ACV. En la presentación se destacó que no se trata de un inicio desde cero en el país, ya que hay provincias que han avanzado firmemente en la conformación de esta red con equipos médicos especializados y efectores categorizados para dar una respuesta inmediata.
Mendoza es una de ellas: ya cuenta con 11 hospitales del sector público y privado que brindan esta cobertura en diferentes regiones del territorio provincial.
Pero en todo esto, hay un rol clave indispensable: los usuarios. Tanto la persona afectada como sus allegados deben reconocer la emergencia y dar el puntapié inicial para accionar el mecanismo de manera rápida y efectiva.
La experiencia de Mendoza es tan valiosa que fue expuesta en la reunión de la Global Stroke Alliance 2026: edición Argentina, un evento que reunió en Buenos Aires a más de 400 referentes regionales en el tema, incluyendo a funcionarios de la cartera sanitaria nacional.
El doctor Federico Giner, médico neurólogo del Hospital Luis Carlos Lagomaggiore y Coordinador de la Red de TeleACV y Teleneurología de Urgencia de Mendoza, fue el encargado de exponer sobre esta experiencia y los hitos logrados por la provincia para convertirse en la primera región Angels de Argentina, y una de las primeras 106 en el mundo. Una Región Angels es una certificación internacional que reconoce a territorios que han organizado un sistema integral y eficiente para la prevención, detección temprana y tratamiento del ictus o accidente cerebrovascular (ACV)
"Mendoza se ha convertido en la primera región Angels de Argentina. Esto significa que hay mucho trabajo por detrás para lograr que el paciente que tiene síntomas de ACV, desde el minuto punto cero, desde que logra reconocer los síntomas hasta que recibe el tratamiento para destapar la arteria y para la rehabilitación posterior, reciba atención en toda esa cadena de hitos", explicó Giner en diálogo con Los Andes.
Para esto se prepararon hospitales y se trabajó en la creación de unidades de ACV específicas. Hoy la provincia cuenta con ocho hospitales públicos y tres privados distribuidos estratégicamente para romper con la brecha geográfica.
Es que uno de los grandes desafíos de llegar cuanto antes es como dar esas garantías a personas que viven en zonas alejadas. Esto dado que por cada minuto que la persona no recibe atención se pierden dos millones de neuronas. Además, se estima que un minuto en esas condiciones equivale a 3.5 años de envejecimiento, detalló el médico. Por eso, es importante reconocer los síntomas e ir al lugar adecuado.
Zona Centro / Metropolitana: Hospital Central, Hospital Lagomaggiore, Hospital El Carmen (Godoy Cruz) y Hospital Santa Isabel de Hungría (Guaymallén - sector privado).
Zona Este: Hospital Perrupato y Hospital Saporiti.
Valle de Uco: Hospital Scarabelli (Tunuyán).
Zona Sur: Hospital Schestakow (San Rafael), Hospital Español del Sur (San Rafael - privado), Hospital de Malargüe y Hospital Enfermeros Argentinos (General Alvear).
"El cambio es rotundo porque hoy ya no depende tanto de lo que siempre se habla del código postal, de la suerte o poca suerte que tiene alguien dependiendo de dónde vive", remarcó el especialista. "Toda la provincia realmente tiene posibilidad de brindar tratamiento. Y de hecho no se trabaja solo con las instituciones, sino que además se trabaja con los centros de salud, es decir que todo centro de salud está teniendo su protocolo para saber cómo actuar y articulado con lo más importante, que es el Servicio de Emergencias Coordinado (SEC)".
Además, la red no distingue coberturas médicas: "Esos protocolos están articulados entre todas las instituciones y eso logra realmente que los tiempos de atención sean muchísimo más cortos. No hay barreras de obra social; el paciente tenga la cobertura que tenga, va a llegar al lugar que tiene que llegar y se va a tratar. No te pueden decir 'no te atendemos', en un privado tampoco”.
De los 11 efectores mendocinos, seis han recibido certificación Angels por sus registros y calidad: El Carmen, Lagomaggiore, Central, Schestakow, Saporiti y Español de San Rafael. De hecho, en el evento, se entregó la certificación a los dos últimos.
Además, cuatro de ellos ya obtuvieron una exigente certificación internacional.
"Lagomaggiore, Central, Español del Sur de San Rafael y el Saporiti son cuatro hospitales que están certificados por la Organización Mundial de la Cruz Roja. Se revisaron todas sus prácticas, sus registros y demostraron que realmente la atención que brindan es de calidad. Es una norma de calidad por el máximo organismo de ACV del mundo. Tener cuatro hospitales certificados en la provincia, yo creo que no hay muchas provincias que tengan eso", detalló Giner, anticipando que hay otros cuatro efectores en proceso para que a fin de año sean ocho los certificados.
A este esquema se suma una herramienta clave donde la provincia es vanguardia: la telemedicina. "Mendoza es pionera en TeleACV. Es la primera provincia de Argentina que desarrolló un sistema pensando en que nuestros recursos son sumamente limitados, sobre todo el recurso humano; hay muy pocos neurólogos abocados a la guardia. Lograr que seis de esos hospitales distribuidos a lo largo de la provincia tengan atención por un neurólogo en tiempo real en el momento de la urgencia, ayuda al personal a tomar las mejores decisiones. Optimizamos los recursos y eso nos da un montón de buenos resultados".
El impacto de estas políticas se ve en las estadísticas. Entre 2018 y 2019, la cantidad de pacientes con ACV tratados en el sistema público mendocino era cero, dijo Giner. En contraste, sumando el período de 2025 y lo que va de 2026, ya van 137 pacientes tratados con terapias específicas y más de 1.300 que ingresaron y fueron atendidos bajo estrictas buenas prácticas.
A pesar de los avances estructurales, uno de los cuellos de botella sigue estando en la comunidad. La ventana terapéutica para actuar es de 270 minutos (4 horas y media), pero la gran mayoría de las personas no consulta a tiempo.
"El 80% de los pacientes llega fuera de esa ventana, lo cual es tremendo", alertó el neurólogo. "Y eso pasa por muchos motivos: primero porque no se reconocen los síntomas; segundo porque no se reconoce la emergencia. Se dan cuenta que les pasa algo pero no activan la emergencia. Muchas cosas pasan también por el sistema de salud que a veces no da la respuesta inicial, que es la más importante, y ahí es donde se está trabajando mucho".
Cuando aparecen señales como la caída de un brazo o problemas para hablar, el error más común es esperar. "Lo que hace la persona es acostarse a dormir a ver si se le pasa, o tomar una aspirina, y eso está totalmente mal. El concepto es este: reconocer y activar a tiempo".
Para revertir esto, Mendoza implementó en las aulas la campaña internacional Héroes FAST, mediante un convenio con la Dirección General de Escuelas (DGE). A través de cuatro personajes animados, se enseña a los niños a identificar los síntomas en sus abuelos y llamar a emergencias. "Se capacitó a 33 escuelas, más de 2.300 niños, lo que significa un impacto de casi 10.000 personas en su entorno familiar. Estamos capacitando a niños que en 60 años van a tener 70 y ya van a saber actuar desde el momento cero. Es mirar a futuro, porque en la población actual todavía falta muchísimo".
Para facilitar la detección rápida en el hogar, los médicos insisten en aprender tres pruebas sencillas basadas en el acrónimo en inglés FAST (Face, Arm, Speech, Time):
F (Cara): Observar si hay asimetría. Pedirle a la persona que sonría; si la boca se mueve de forma desigual, es una señal de alerta.
A (Brazo): Pedirle que levante ambos brazos. Si uno de ellos cae o no puede mantenerlo arriba, es un síntoma claro.
S (Habla): Pedirle que repita cualquier frase. Hay que prestar atención a si tiene dificultad para articular las palabras o si directamente no puede expresarse.
T (Tiempo): Es el factor crítico. Ante cualquiera de estos signos, se debe llamar inmediatamente al 911 (en el caso de Mendoza) y avisar que se sospecha de un ACV. "Diciendo esa palabra mágica cambia todo, porque toda la cadena de atención se pone a disposición del paciente", remarcó Giner. Además de los 11 hospitales, existen centros de salud de atención mínima entrenados específicamente para detectar, contener y derivar al paciente hacia un centro esencial de forma correcta.
En la medicina actual existen dos tratamientos principales para revertir el cuadro, aunque están condicionados por la velocidad de llegada al hospital:
Trombolisis: Es el más frecuente. Consiste en una inyección endovenosa que degrada y disuelve el coágulo que obstruye la arteria.
Trombectomía mecánica: Un procedimiento de alta complejidad que se realiza en salas de hemodinamia. Consiste en captar el coágulo de forma física y extraerlo. El médico explicó que tiene excelentes resultados pero posee menos indicaciones y está reservado para casos específicos debido a los riesgos en pacientes con determinados factores.
Teóricamente, se calcula que un 30% de los pacientes totales son candidatos a la trombolisis y un 10% podría calificar para la segunda opción, mientras que un 60% inicial no estará en condiciones de recibir tratamiento. Pero el experto aclaró que más allá de esto, el abordaje médico en el momento implica un cambio sustancial en la evolución del paciente. "Son números teóricos, porque mientras más trabajemos para que las personas lleguen a tiempo, podemos ampliar ese porcentaje", aclaró el coordinador de la red.
En ese sentido, el especialista dejó un mensaje clave para el manejo de la urgencia: "El 100% son candidatos a que sepamos cómo actuar: a que sepamos cuidarle la deglución, manejarle la presión arterial, la glucemia y todo el manejo general en la etapa aguda. Todos los pacientes se benefician si el sistema sabe qué hacer".