Miguel Ángel Solá
El actor permanece en rehabilitación tras sufrir un ACV en octubre pasado.
Gentileza Mentha Producciones
La decisión tiene algo de destino circular. “Por el placer de volver a verla” no es una obra nueva en su vida. Solá ya la había protagonizado en España hace más de una década, cuando todavía vivía allí junto a la actriz Blanca Oteyza. Fueron años intensos: después de abandonar Argentina a comienzos de los 2000, construyó en Madrid una segunda carrera igual de sólida que la primera, con cine, televisión y teatro de enorme reconocimiento. Llegó incluso a ganar el Premio Max al mejor actor protagonista y el premio de la Unión de Actores de España.
Pero España también fue el territorio de varios derrumbes personales. La separación de Oteyza, el regreso intermitente a Argentina, la dificultad para encontrar trabajo estable y un accidente brutal en el mar de Gran Canaria en 2006, que casi lo deja tetrapléjico. Solá sobrevivió a todo eso.
Por qué esta obra de teatro se presenta renovada
Hay algo conmovedor en este nuevo montaje de “Por el placer de volver a verla”, no porque busque emocionar de manera fácil, sino porque parece atravesado por una verdad difícil de fingir: la necesidad desesperada de conservar la memoria afectiva antes de que desaparezca.
La obra gira alrededor del vínculo entre una madre y un hijo artista. Pero en escena también aparece otro tema más silencioso: el miedo a perder las voces, los gestos, los movimientos de quienes ya no están. Solá lo dice casi sin querer durante la entrevista: durante años recordó a su madre apenas como una fotografía fija. Esta obra, asegura, le devolvió el movimiento.
Quizás por eso el espectáculo impacta tanto en el público. Porque habla de la madre, sí, pero también de algo más profundo y universal: la fragilidad, la certeza de que la memoria puede romperse, y la obstinación humana de seguir buscando belleza.
—¿Habías hecho esta obra anteriormente?
—Sí, la hice en España. Pero la verdad es que me he encontrado con que esta obra es completamente diferente a como yo la recordaba. Aunque la hice con el mismo director, Manuel González Gil, que también aplicó otra visión. Y estoy trabajando con una actriz extraordinaria, de la cual puedo darme el lujo, en este momento de mi vida, de decir que estoy aprendiendo a ser actor. Entonces me encanta el viaje que voy haciendo con ella en “Por el placer de volver a verla”.
—¿De qué trata la obra?
—Es una obra que habla de ese lugar, de esos rincones perdidos que uno generalmente nombra en privado y clama en público cuando algo le duele o algo le va mal: la palabra “mamá”.
Miguel Ángel hace una pausa, y cambia el tono:
—Me decía Manuel (el director) que hace un tiempo tuvo un problema de lumbalgia. Un mal movimiento lo dejó atascado, doblado hacia un costado, sin poder moverse. Y se dio cuenta de que lo primero que gritó fue: “Mamá, mamá, mamá, ayúdame, mamá”. Su mamá murió hace más de 30 años. Y uno sigue diciendo esas mismas palabras desde que es chico. Es el origen de la vida. Sin ella no hay vida. Es verdad que aportamos la semilla y todo eso, pero cuando hay que pedir ayuda, uno marca esas cuatro letras, y siempre con un acento en la “a” muy grande. Con el tiempo uno se da cuenta de eso. Porque al principio es “ay, qué pesada mamá”, “no me deja hacer esto”, “no me deja hacer lo otro”. Pero después entendés lo que significa. Una vez escuché que tener un hijo es vivir con un corazón fuera del cuerpo. Madre no es solamente la persona que te trae al mundo, sino la que te ayuda a quedarte en este mundo.
El mandato de ser actor
—En algunas entrevistas mencionas que el personaje que encarnás es artista gracias a esa madre. ¿Sentís que en tu vida hubo alguien que te habilitó el camino hacia el arte?
—Toda mi familia. Yo soy la novena generación de actores y actrices. Toda mi familia me inculcó el amor por el teatro, sobre todo porque en esa época no se estilaba tanto el cine y la televisión. Tomé muy en serio esto del teatro. Lo tomé con un amor muy grande porque venía acompañado por el amor de mi familia. Lo único que tenía que tratar era de ser buen actor, de no decepcionarlos. Ese era mi mandato personal, porque ellos no me exigían nada. Pero yo sentía que tenía que estar a la altura de mi madre, de mi tía, de mi tío y de todos mis ancestros. Era un mandato duro, sí. Pero elegido. Yo tengo 75 años, me crié con otra educación, otra manera de recibir enseñanzas. Todo era muy diferente a hoy.
—¿Es más fácil presentar el dolor desde el humor?
—La risa es una emoción también. Nosotros las aislamos, pero generalmente una es consecuencia de la otra. Es imposible saber que uno se ríe si no llora, si no conoce el reverso de esa emoción. Son emociones que se van hilando en la vida y como actor no es ni más fácil ni más difícil: hay que hacerlo bien y transmitirlo de tal manera que vos, público, sientas. No es necesario que yo lo sienta. Es necesario que vos sientas que yo lo siento. Y estoy trabajando con una mujer que, aunque sea de otra edad, tiene una escuela propia maravillosa. Es una gran actriz.
- Mercedes Funes
Gentileza Mentha Producciones
—¿Cómo se dio esta dupla con Mercedes Funes? ¿Qué descubriste en ella?
—Yo estoy adecuándome a esta forma de ser actriz de Mercedes, que es maravillosa y además me ayuda muchísimo arriba del escenario. Tuve un momento difícil en octubre, tuve un ACV que me perjudicó física y cognitivamente. Ahora me estoy rehabilitando. Entonces Manuel ideó un trabajo para mí. Como yo tengo que ganarme el pan para comer, me dijo: “Miguel, vamos a volver a hacer ‘Por el placer de volver a verla’ con una actriz extraordinaria. Y eso te va a curar”. Y hasta este momento todo es sorpresa tras sorpresa. El trabajo de Manuel es extraordinario. Es el director hecho a mi medida y el ser que más quiero y admiro en esta profesión. Además trabajamos también con Martín, que hace la música. Somos como la cooperativa “Mi Ma Má": Miguel, Martín y Manuel. Y cuando trabajamos juntos, algo mágico pasa. La música en esta obra la dosificó Manuel para remitirte constantemente al sentimiento, a la risa, a la emoción, al dolor o a la tristeza de no tener a ese ser, es maravilloso. Lo hemos logrado una vez más, porque la gente sale muy feliz de ver esta obra. Sale muy agradecida.
Volver al escenario tras el ACV
—Mencionabas recién el ACV ¿Cambió tu relación con el trabajo después de esa experiencia?
—Sí. Es muy difícil trabajar con esto que me pasó. El ACV tiene una recuperación de más de un año y tampoco sabés si vas a quedar del todo bien. Yo confío en que sí. Estoy haciendo rehabilitación en el Hospital Méndez y también en mi casa, haciendo ejercicios todo el tiempo para ver si puedo hacer voluntariamente lo que antes hacía naturalmente.
Miguel Ángel Solá - Mercedes Funes
Solá describio a Mercedes Funes como una gran compañera en el escenario.
Gentileza Mentha Producciones
— Vos viviste muchos años en España y trabajaste en otros lugares del mundo. ¿Sentís que el teatro argentino tiene un vínculo más fuerte con lo familiar?
—Es un lenguaje universal, pero cada lugar tiene características propias respecto al tratamiento de esos temas. Nosotros somos muy “mameros”. Sufrimos de mamitis. Yo reconozco mucho esa tradición en mi vida. También hay que tener en cuenta que nosotros venimos de todas las leches habidas y por haber. Somos italianos, españoles, rusos, judíos, franceses, ingleses. Vinimos de todos lados a sentarnos en un lugar donde nuestros antepasados tuvieron que generar una nueva identidad para poder vivir. Y esa identidad somos nosotros: los argentinos. Seguimos multiplicándonos en ese sentido porque además vamos siendo cordobeses, mendocinos, bonaerenses, litoraleños, norteños. Somos de todo. Todas esas razas vinieron buscando paz, tranquilidad y luz, huyendo de guerras, hambre y pestes. Y lograron generar una condición única. No somos parecidos a nadie y, sin embargo, tenemos características de todos.
—¿Y hay algo autobiográfico tuyo o del ser argentino que inevitablemente se filtra en la obra?
—Manuel también es argentino y él es quien adaptó la obra. Entonces trabajó muchísimo para resolver esas zonas que remiten a lo argentino. Esta historia transcurre en Argentina. Aunque originalmente haya sido escrita por un canadiense de Quebec, no deja de ser una obra argentina porque está tratada como si ocurriera aquí y ahora. Además el autor se llama igual que yo: Michel, Miguel. Estoy muy feliz de hacerla. Es rarísimo lo que le pasa al público y lo que nos pasa a nosotros como actores.
—¿Qué sería eso tan raro que pasa?
—Es impresionante cómo la obra actúa sobre las emociones. Ese reconocimiento entre madre e hijo es un lenguaje común. Cambia el sonido de cómo se dicen las cosas: para retar, para discutir, para reírse juntos. Y ese sonido se adquiere con la constancia del vínculo. El lenguaje entre la madre y el hijo es único. Uno se da cuenta de que esa voz no tiene el mismo color para todos, aunque tengas hermanos. Cada uno registra a la madre de una manera diferente. Cada uno tiene un sonido exclusivo de mamá, un recuerdo exclusivo del tono de esa voz, de la caricia, de todo lo que sucede en esa relación.
Miguel Ángel Solá - Mercedes Funes
Miguel Ángel Solá junto a Mercedes Funes reescriben la historia de esta gran obra de teatro.
Gentileza Mentha Producciones
—El título de la obra puede llevar a interpretar muchas cosas cuando uno todavía no conoce la historia.
—No deja de ser una historia de amor. Pero es el amor desde otro punto de vista, ese que generalmente no se toca. Por eso nos hace tan felices hacer esta obra. Por ejemplo, Mercedes tiene a su mamá muy presente todo el tiempo cuando interpreta a mi madre en la obra. Y a mí esta obra me despertó algo muy fuerte. Yo a mi mamá no la recordaba en movimiento. La perdí hace muchísimos años, cuando yo tenía 20. Hace 55 años que murió. La recordaba en fotos, en blanco y negro. Y esta obra me devolvió el movimiento de mi mamá. Cómo caminaba, cómo me miraba, cómo se movía.
Premios, exilios y personajes inolvidables
Miguel Ángel pertenece a una histórica dinastía de actores vinculada a la familia Vehil. Es considerado parte de la novena generación de intérpretes de su familia. Debutó en teatro a comienzos de los años 70 y alcanzó notoriedad en 1976 con “Equus”, junto a Duilio Marzio.
Durante los años 80 se consolidó como uno de los grandes actores dramáticos argentinos gracias a películas como “Asesinato en el Senado de la Nación” (1984), “Sur” (1987), “A dos aguas” (1988) y “No habrá más penas ni olvido”. En televisión alcanzó enorme popularidad con “Atreverse” y luego con “El oro y el barro”.
La película protagonizada por Cecilia Roth y Miguel Ángel Sola estrena hoy en Netflix. Una historia dramática con mucha intriga.
La película protagonizada por Cecilia Roth y Miguel Ángel Sola estrena hoy en Netflix. Una historia dramática con mucha intriga.
Ganó dos Premios Cóndor de Plata como mejor actor por “Asesinato en el Senado de la Nación” y “Casas de fuego”, además de un Martín Fierro por “Atreverse”. También obtuvo reconocimientos internacionales en festivales de La Habana, Cartagena, Málaga, Seattle y Nueva York.
A fines de los 90 se radicó en España junto a la actriz Blanca Oteyza, donde desarrolló una segunda etapa artística muy fuerte. Allí protagonizó cine, televisión y especialmente teatro. “El diario de Adán y Eva”, la obra que compartió con Oteyza, superó las 2.700 funciones y convocó a más de un millón de espectadores entre España y Argentina. En 2004 ganó el Premio Max al mejor actor protagonista.
En 2006 sufrió un gravísimo accidente en una playa de Gran Canaria, cuando una ola lo arrastró contra las piedras. Los médicos llegaron a temer una tetraplejia. Meses después volvió a actuar y protagonizó en España la serie “Desaparecida”, por la que recibió el premio de la Unión de Actores.
Su regreso definitivo a Argentina fue intermitente y complejo. Volvió varias veces por proyectos teatrales y televisivos, aunque siempre habló de las dificultades para reinsertarse laboralmente en el país. En 2025 regresó nuevamente para protagonizar “Mi querido presidente” y poco después comenzó los ensayos de “Por el placer de volver a verla”. En medio de ese proceso sufrió un ACV. Hoy, mientras continúa rehabilitándose, volvió otra vez al escenario, porque evidentemente Solá no sabe vivir de otra manera.