16 de mayo de 2026 - 08:00

Piti Fernández y una saga rockera a dos bandas

El frontman de Las Pastillas del Abuelo vuelve al Arena Maipú el 16 de mayo con Los Irrompibles, su proyecto solista, para recorrer una discografía que ya es historia aparte.

Juan Germán Fernández, Piti para el rock argentino y para los miles que corean sus canciones de punta a punta del país, nació el 14 de noviembre de 1982 en Caballito, ese barrio de Buenos Aires que no tiene río ni montaña pero tiene algo mejor: la convicción de que todo lo importante pasa en la cuadra de uno. Creció escuchando la calle antes que los discos, estudió en la Escuela Mariano Acosta y descubrió la música de la manera más honesta posible: sin saber nada de ella, a los 15 años, cuando intentó tocar Redemption Song de Bob Marley y la cosa salió. Ese le marcó el camino para siempre.

Desde 2002, Piti es la voz y el alma compositiva de Las Pastillas del Abuelo, la banda de rock que construyó una de las carreras más sólidas y constantes del género en Argentina. Con una mezcla que puede ir del reggae al ska, del candombe al jazz, del rock más directo a la balada barrial, Las Pastillas llenaron estadios, agotaron localidades en Uruguay y Paraguay, y se convirtieron en una de esas bandas que trascienden la etiqueta. Fernández confiesa influencias que van de Charly García y Spinetta al Indio Solari, de Miguel Abuelo a Luca Prodan, de Sebastián Teysera al español Joaquín Sabina, hacia quien tiene, según él mismo, una admiración que linda con la devoción. Es hincha de Huracán y compuso canciones para el club. Tiene una hija con diabetes tipo 1, y esa experiencia tan cotidiana y tan íntima se coló en "Azúcar impalpable", una de las canciones más emotivas del repertorio de Las Pastillas. Todo lo personal, en él, termina siendo canción.

Pero hay algo que Piti Fernández necesitaba hacer que Las Pastillas, por su naturaleza coral y múltiple, no podían darle: un lugar donde ser únicamente él. Ese lugar existe desde mediados de 2017, cuando lanzó el single Conmigo Mismo y, dos meses después, el álbum del mismo nombre. El disco debut fue algo más que una apuesta paralela: fue casi un acto “psicomágico”, como el propio Fernández lo definió. Las canciones surgieron de un impulso muy concreto, el de musicalizar su árbol genealógico, de poner en música los poemas que escribió su abuelo. Para ese proyecto convocó a su primo, a su hermano, a sus sobrinos, y armó una banda de familia antes que una banda de rock. El resultado fue un álbum que se presentó en el Teatro Coliseo de Buenos Aires —nada menos— y que recorrió las principales salas y festivales del país, además de Uruguay y Paraguay. Una primera vuelta de tuerca que ya anunciaba que esto no era un hobby ni un proyecto de cajón.

La banda que lo acompaña en ese camino se llama Los Irrompibles, y el nombre dice bastante sobre el espíritu del asunto. Con ellos, Fernández lleva al escenario un sonido que dista mucho del universo de Las Pastillas: country, blues, bluegrass, shuffle, rhythm and blues. Un tinte rutero que se fue construyendo en los años en que viajó mucho a Estados Unidos y volvió con otras canciones en la cabeza. "El que quiera escuchar reggae va a tener que ir a ver a Las Pastillas, y el que quiera escuchar country tendrá que venir con Los Irrompibles", define en la entrevista con Estilo.

En 2022 llegó Caminos Bríos, su segundo disco solista, con invitados de peso: Ricardo Tapia de La Mississippi, el Mono Fabio de Kapanga, Claudia Puyó y Alambre González, entre otros. Un álbum que consolidó a Los Irrompibles como proyecto serio. Y en 2024 vino Tuertos Vivos, el disco más conceptual de los tres, atravesado por los tiempos de la posverdad, la búsqueda de los orígenes y la pregunta por los nuevos horizontes. Un trabajo que habla de la época sin pegarse a la coyuntura, que mira el mundo desde un lugar propio, incómodo a veces, pero siempre honesto.

Que Los Irrompibles es una “banda rutera” se nota en su permanente rodar desde 2025, cuando Piti y sus músicos recorrieron prácticamente el país entero. Y el 2026 lo arrancó donde mejor se siente: en el Cosquín Rock, que se llenó de público como si no hubiera otra opción.

Ahora el camino vuelve a pasar por Mendoza. El sábado 16 de mayo, a las 22, Piti Fernández y Los Irrompibles llegan al Arena Maipú Stadium para presentar su Gira 2026 (las entradas están disponibles en Ticketek.com.ar y en la boletería del Arena Maipú), un recorrido completo por su discografía solista que incluye canciones de Conmigo Mismo, Caminos Bríos y Tuertos Vivos, más las llamadas "Versiones cobra": clásicos del rock nacional —Miguel Abuelo, La Mona Jiménez, Kapanga, Attaque 77— llevados al terreno del blues y el country, resignificados con la voz y el criterio de alguien que conoce esas canciones como propias.

Sobre el espectáculo, la gira, Las Pastillas, Los Irrompibles, el rock y el país habló esta semana Piti Fernández con Estilo.

—¿Cómo es el espectáculo que traés a Mendoza?

—Es un espectáculo que siempre tiene algo de nuevo. Mostramos lo mejor del primer disco, del segundo y del tercero: Conmigo mismo, Caminos bríos y Tuertos vivos. Además hacemos versiones de rock nacional llevadas al canto y al blues, que se llaman “Versiones cobra”, donde puede estar Miguel Abuelo, La Mona Jiménez, Kapanga y Ataque 77 versionados.

piti

—Además seguís formando parte de Las Pastillas del Abuelo, ¿no?

—Sigue todo. Hace poco hicimos Ferrocarril Oeste, un recital para 30.000 personas. Todo convive armoniosamente. En los últimos tres o cuatro años hemos podido hacer que convivan las dos productoras, las dos bandas, todo.

—¿Y cómo hacés para armonizar entre una cosa y la otra?

—Las Pastillas del Abuelo es un monstruo de siete cabezas y todos somos parte de ese producto. Entonces todos pueden poner su musicalidad: puede haber reggae, ska, candombe, jazz, tango. En cambio acá, al ser yo el creador de Los Irrompibles, hago la música que me gusta desde chico, porque en algún momento viajé mucho a Estados Unidos y volví con un tinte rutero: country, blues, bluegrass, shuffle, rhythm and blues. Por eso también es tan hermoso que todo pueda convivir, porque el que quiera escuchar reggae va a tener que ir a ver a Las Pastillas, y el que quiera escuchar country tendrá que venir con Los Irrompibles: country y blues para toda la familia.

—¿Qué me podés decir sobre este momento del rock argentino? ¿Te parece que hay una domesticación del rock?

—Me parece que es un buen momento. Siguen saliendo muchas bandas: están Los Autos Robados, también Winona Riders. No soy mucho de escucharlos, pero creo que sí: los que quieren hablar de cosas importantes lo hacen, y los que quieren entretener también lo hacen. Los Decadentes son figura en México y llenan estadios, Los Caligaris también. Y si hay algún tipo de denuncia, se hace. Yo acabo de hacer un disco solista que se llama Tuertos vivos, justamente apuntando a la influencia de la masonería y el sionismo en toda esta crisis sociopolítica. Así que hay un poco de todo. Argentina es un gran país y su musicalidad recorre el mundo y es muy buena.

—Ya que aludís a la situación política y social de la Argentina: ¿hay una toma de postura en Piti Fernández y en Las Pastillas del Abuelo ?

—En Las Pastillas del Abuelo menos, es un poquito más apolítico. Las Pastillas, con el disco Desafíos sobre todo, supo expresar una postura que no está para nada dentro de esta bipolaridad, de esta grieta. Con la canción Gobiernos procaces les pegaba a unos y a otros. Y en este momento lo mismo. Si uno puede escuchar mi disco solista, donde me pude explayar mejor para no meter en el problema a mis compañeros de Las Pastillas, se puede ver en las letras que el problema no está en los primeros mandatarios de este país, porque no son los que toman las decisiones. Son empleados de gente mucho más poderosa que se encuentra en otros países: los clanes que componen la sinarquía internacional. Son ellos los que escriben el guion. Y acá uno piensa que Cristina y Milei son los que verdaderamente tienen la pelota y el poder para hacer o deshacer, cuando en realidad son empleados, de alguna manera, de un poder mayor. Esa es la postura.

—Esa visión pareciera un tanto determinista, ¿qué rol le adjudicás a la gente de a pie, a los movimientos populares? ¿No te parece que también pueden influir?

—No creo, pero sí pueden expresar su verdad, expresar su punto de vista. No creo que puedan hacer nada, la verdad. Los movimientos populares difícilmente puedan contra el poder de los clanes como los Rothschild, Rockefeller, Morgan, Soros, todos esos juntos. Difícilmente puedan ser vencidos por algún movimiento popular. Pero el movimiento popular tiene un lugar para expresarse, y eso ya es sanador. Porque si no te sentís muy solo: tener a alguien al lado que se pueda expresar ya es sanador.

—Pero hay acontecimientos como la marcha universitaria de ayer, tan multitudinaria. ¿No te esperanza un poco ese tipo de cosas?

—Sí, nunca tiene que dejar de existir. El tema es embanderarnos en uno o en otro, ese es el problema. Si es una expresión popular espontánea, tiene todo el valor del mundo. Pero hasta que se la encuadra dentro de una visión que yo creo que hoy no existe... no la veo genuina ni honesta. Pero la expresión popular, esa sí. El pueblo es lo más importante, siempre fue lo más importante. En cuanto al día a día, sí: la salida está en expresarse y sentirse acompañado. En cuanto a geopolítica, difícilmente haya salida.

—Pero esas cosas son a la vez pasibles de organización, alguien que pueda cohesionar ese descontento puede significar un cambio.

—Dios quiera. Lo último que se pierde es la fe. Pero bueno, el tema es que no lo veo, y al no verlo, mi expectativa no puede poner en ese lugar a nadie que no se lo merezca. El que organice tiene que merecerlo. Porque si no terminamos votando entre Milei, Massa o Bullrich: entre un psiquiátrico, un narcotraficante y una montonera. La esperanza no puede ser cualquier cosa. Si no veo nada, la verdad es que no voto a ninguno de los tres. Y sin embargo, increíblemente, algunos han tenido esperanza en Milei. Bueno, a veces hay que perder las esperanzas y ganar criterio.

A surfear sobre el tsunami del fútbol

Al hablar con Estilo sobre los contenidos que tendrá el show en Mendoza, Piti Fernández nos anticipa algo de lo que se escuchará en el Arena Maipú con la primicia de que tocarán un par de temas de homenaje a Maradona para saludar el comienzo de la inminente Copa Mundial. “Y esta vez también vamos a llevar —avisa Piti— dos canciones que van a salir recién el 10 de junio, si todo sale bien, dos días antes de que arranque el mundial. Una está en Spotify, otra está en YouTube, y las dos tienen que ver con Maradona: se llaman El hijo de Doña Tota y Blues de un dios pagano. Una está en Spotify a modo de mensaje de WhatsApp, no está producida, solo es una grabación muy precaria con la voz del autor y la mía. La otra la subí a YouTube, también muy precariamente. Estas dos las estamos produciendo, las grabamos ayer en Roma Fonic y van a salir recién el 10 de junio, pero en Cuyo las voy a llevar y las vamos a empezar a dar a conocer. Así que también van a tener ese bloque maradoniano.

—¿Homenajear a Maradona en una circunstancia como el comienzo del mundial, siendo Messi la figura central, es una toma de partido?

—No, para nada. Lo que intenta esto es invocar las energías argentinas que están más allá de este mundo. Messi hará lo que pueda hacer contra los de carne y hueso, y Diego se va a encargar de las otras energías.

LAS MAS LEIDAS