Hay recetas que sorprenden desde el nombre y esta es una de ellas. La “nube de manzana” no solo suena tentadora, sino que cumple con todo lo que promete: es liviana, aireada, suave como una espuma y, además, se prepara con muy pocos ingredientes.
Con pocos ingredientes y en minutos, podrás tener un postre fresco, bajo en calorías y perfecto para esos momentos en los que querés algo dulce, pero liviano.
Hay recetas que sorprenden desde el nombre y esta es una de ellas. La “nube de manzana” no solo suena tentadora, sino que cumple con todo lo que promete: es liviana, aireada, suave como una espuma y, además, se prepara con muy pocos ingredientes.
En tiempos donde cada vez más personas buscan opciones simples, más naturales y sin tantos agregados, esta preparación se vuelve una aliada ideal para darse un gusto sin culpa. Lo mejor de esta receta es que no lleva harinas, ni azúcar, ni huevos, ni lácteos.
Tampoco necesita horno ni largas horas de cocina. Solo manzanas, un toque de gelatina y un poco de paciencia al batir. El resultado es un postre fresco, bajo en calorías y perfecto para esos momentos en los que querés algo dulce, pero liviano. Funciona muy bien como postre después de una comida, para una merienda distinta o incluso como opción para quienes siguen planes alimentarios más conscientes.
Las manzanas rojas, bien maduras, aportan dulzor natural y una textura ideal para lograr ese efecto “nube” tan característico. Además, es una preparación muy versátil: se puede hacer en budinera, molde rectangular o incluso en vasitos individuales para una presentación más prolija.
El paso del batido es el gran secreto, ese proceso es el que atrapa el aire y convierte un simple puré de manzana en un postre sorprendente. Si te gustan los sabores distintos, también podés reemplazar la manzana por pera, ananá o mango, respetando el mismo procedimiento.
Opción vegana: