En muchas casas argentinas hay uno o varios bidones de agua vacíos apoyados en un rincón, esperando “ver qué se hace con eso”. Son resistentes, livianos, fáciles de cortar y, sin embargo, suelen terminar en la basura o acumulando polvo.
Con creatividad y un poco de tiempo, lo que parecía un envase descartable se transforma en una solución práctica y duradera para el hogar.
En muchas casas argentinas hay uno o varios bidones de agua vacíos apoyados en un rincón, esperando “ver qué se hace con eso”. Son resistentes, livianos, fáciles de cortar y, sin embargo, suelen terminar en la basura o acumulando polvo.
Reciclarlos no solo es una decisión sustentable, sino también una oportunidad para crear objetos prácticos para el hogar. Uno de los usos más útiles y simples es transforma
rlos en un porta toallas, ideal para el baño, el lavadero, la pileta o incluso una casa de fin de semana.
Los bidones de agua de supermercado están fabricados con plásticos gruesos y durables, pensados para soportar peso y humedad. Esa combinación los vuelve perfectos para espacios donde se necesita algo funcional, lavable y resistente al uso diario.
Los más usados son los de 6, 8 o 10 litros, aunque también sirven los de mayor capacidad si se quiere un porta toallas grande. Es importante que esté limpio y seco, sin restos de agua ni olores.
El porta toallas de bidón se puede usar de varias maneras. Una opción es apoyarlo directamente en una repisa o mueble del baño, con las toallas enrolladas adentro.
Otra alternativa es colgarlo en la pared: podés hacerlo con ganchos adhesivos fuertes si no querés perforar, o con tornillos si buscás una fijación más firme.
También funciona muy bien para espacios húmedos como la pileta o el quincho. Al ser plástico, no se arruina con el agua y se limpia fácilmente. Podés guardar toallas secas, repasadores, trapos de limpieza o incluso ropa liviana.