Esperar hasta la vejez para empezar a cuidar la salud cerebral puede significar perder una etapa especialmente valiosa. El neurocientífico Renaud La Joie sostuvo que actuar durante los 40 años resulta más útil que esperar hasta los 80, cuando algunos procesos vinculados con la demencia ya pueden llevar décadas desarrollándose.
La Joie es especialista en neurociencia y neuroimágenes de la Universidad de California en San Francisco. Su trabajo estudia los mecanismos que impulsan la enfermedad de Alzheimer y otras afecciones neurodegenerativas mediante imágenes cerebrales, biomarcadores y evaluaciones cognitivas.
La advertencia no significa que la demencia pueda prevenirse de manera absoluta ni que todas las personas deban desarrollar síntomas. El punto es que una parte del riesgo está relacionada con factores modificables sobre los que conviene actuar antes.
Por qué los 40 años pueden ser una etapa decisiva
El Alzheimer no comienza necesariamente cuando aparecen los primeros olvidos. El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos explica que determinados cambios en el cerebro pueden producirse muchos años antes de los síntomas clínicos.
Durante la mediana edad también empiezan a acumularse consecuencias de la hipertensión, el sedentarismo, el tabaquismo, la diabetes y otros problemas cardiovasculares. La presión arterial elevada durante esa etapa fue vinculada con un mayor riesgo de deterioro cognitivo posterior.
Esto no convierte a los 40 en una frontera exacta. Una persona puede adoptar hábitos saludables antes o después, pero cuanto mayor sea el tiempo durante el que se controlen los factores de riesgo, más extensa será la protección potencial.
Qué medidas tienen mayor respaldo
No existe un suplemento, ejercicio mental o alimento capaz de garantizar que una persona no desarrollará demencia. Las recomendaciones con mayor respaldo apuntan a proteger la salud cardiovascular, mantener actividad física y evitar el aislamiento.
Entre las medidas prácticas se encuentran:
- Controlar la presión arterial, la glucosa y el colesterol con seguimiento médico.
- Realizar actividad física regular, adaptada a la edad y al estado de salud.
- Evitar el tabaco y moderar el consumo de alcohol.
- Mantener vínculos sociales y actividades intelectualmente estimulantes.
- Consultar por problemas de audición, sueño o cambios persistentes en la memoria.
- Sostener una alimentación variada, sin atribuir efectos milagrosos a un único producto.
El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento incluye entre sus orientaciones cuidar la salud física, mantenerse activo, comer de manera equilibrada, conservar la mente ocupada y seguir conectado con otras personas.
Reducir el riesgo no es lo mismo que eliminarlo
La edad, la genética y antecedentes familiares no pueden modificarse. Además, una persona puede cumplir todas las recomendaciones y aun así desarrollar una enfermedad neurodegenerativa, mientras que otra con varios factores de riesgo puede no hacerlo.
Por eso, hablar de prevención significa principalmente disminuir o retrasar la probabilidad, no prometer inmunidad. También evita responsabilizar a quienes reciben un diagnóstico por no haber llevado una vida suficientemente saludable.
Los olvidos ocasionales no siempre son una señal de demencia. Sin embargo, cuando interfieren con tareas conocidas, manejo del dinero, orientación, lenguaje o autonomía, corresponde consultar a un profesional para realizar una evaluación adecuada.