22 de marzo de 2026 - 10:11

Por qué compartir la cama te despierta más de lo que creés pero no afecta tu calidad de sueño, según estudios

Investigadores descubrieron que las personas sanas se despiertan seis veces por noche debido a los movimientos de su pareja, aunque al día siguiente solo recuerdan una.

Compartir la cama es una tradición milenaria que refuerza vínculos emocionales, pero la ciencia acaba de identificar un costo oculto. Un análisis de universidades australianas reveló que el movimiento ajeno nos interrumpe el sueño mucho más de lo que somos capaces de registrar al despertar.

Los seres humanos hemos dormido juntos durante siglos por calor y protección. Actualmente, entre el 80% y el 90% de las parejas en Occidente comparten el colchón. Sin embargo, el análisis realizado por la Universidad de Monash y la Universidad Tecnológica de Queensland arroja luz sobre las interrupciones invisibles que ocurren bajo las sábanas.

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Seis microdespertares y un solo recuerdo

A través de sensores de movimiento, los científicos comprobaron que una persona se despierta, en promedio, seis veces cada noche por los movimientos de quien tiene al lado. Ya sea por un cambio de posición, un tirón de mantas o un movimiento involuntario de piernas, el cuerpo reacciona de forma natural ante estos estímulos. Lo más curioso es que, al día siguiente, el durmiente suele recordar solamente uno de esos episodios.

A pesar de esta cifra, los investigadores aseguran que esto no necesariamente destruye la calidad del descanso. El organismo humano está diseñado para estos despertares breves y, en personas sanas, rara vez impactan en el rendimiento del día siguiente. Por esta razón, la sugerencia de los expertos no es mudarse a habitaciones separadas, sino atacar las causas físicas de la molestia.

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El método escandinavo como solución práctica

Una de las recomendaciones más efectivas para reducir estas fricciones nocturnas es el llamado método escandinavo. Consiste simplemente en que cada integrante de la pareja use su propio edredón o manta individual dentro de la misma cama. Esto no solo mejora la comodidad térmica de cada uno, sino que elimina los sobresaltos que se producen cuando uno de los dos tira de la ropa de cama durante la noche.

La historia muestra que el colecho tiene raíces profundas; se han encontrado colchones de plantas de 77.000 años de antigüedad que eran lo suficientemente grandes para familias enteras. El desafío moderno es adaptar esta costumbre ancestral a las necesidades de confort actuales, buscando soluciones que permitan mantener la cercanía emocional sin sacrificar la profundidad del sueño.

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