5 de agosto de 2026 - 20:36

Las nutricionistas coinciden: "Beber agua caliente en ayunas beneficia para la digestión y la hidratación"

El hábito puede servir para empezar el día incorporando líquido. Sin embargo, no desintoxica ni provoca una baja de peso por si solo.

Beber agua caliente en ayunas se convirtió en un hábito popular entre quienes buscan mejorar la digestión y comenzar la mañana con una hidratación temprana. Dos nutricionistas sostienen que puede resultar agradable para el sistema digestivo y facilitar el consumo de líquidos, aunque el beneficio real no depende de una fórmula secreta ni reemplaza una alimentación equilibrada.

Qué beneficios puede aportar el agua caliente al despertar

La principal ventaja es sencilla: ayuda a incorporar líquido después de varias horas sin beber. Durante la noche el organismo sigue perdiendo agua mediante la respiración, la transpiración y la orina. Tomar un vaso al levantarse contribuye a recuperar parte de ese aporte, del mismo modo que lo haría el agua a otra temperatura.

Algunas personas también describen una sensación de mayor comodidad intestinal. El calor suave puede resultar relajante y, en quienes tienden al estreñimiento, el líquido de la mañana puede acompañar el reflejo natural del intestino. Eso no significa que el agua caliente cure un problema digestivo: la fibra, el movimiento, la alimentación y la hidratación del resto del día siguen siendo determinantes.

La nutricionista Kristen Carli, citada por AS, considera que el hábito puede ser útil para la digestión y la hidratación, pero marca un límite central: no hay evidencia sólida de efectos detox, inmunitarios o adelgazantes. Esa aclaración evita atribuirle al agua funciones que el hígado, los riñones y otros órganos ya realizan por mecanismos propios.

Cómo incorporarla sin cometer errores

  • Elegí una temperatura agradable: debe poder beberse sin quemar la boca ni obligar a esperar varios minutos.
  • Tomá un vaso de manera pausada, especialmente si solés sentir náuseas o pesadez apenas te levantás.
  • No reemplaces el desayuno ni la medicación por esta práctica. Es solamente una forma de hidratación.
  • Observá la tolerancia personal: si el agua tibia empeora el reflujo, provoca molestias o no resulta agradable, no existe obligación de mantenerla.

Lo que este hábito no puede hacer

El agua caliente no “derrite” la grasa, no acelera de manera relevante el metabolismo y no limpia el hígado ni los intestinos. Tampoco compensa una dieta pobre en fibra, el sedentarismo o una ingesta insuficiente de líquidos durante el resto de la jornada.

En personas con enfermedades renales, cardíacas o indicaciones médicas sobre el consumo de líquidos, la cantidad diaria debe respetar la pauta profesional. Ante dolor abdominal persistente, cambios intestinales prolongados, vómitos o dificultad para tragar, el vaso de agua no reemplaza una consulta.

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