30 de julio de 2026 - 16:30

Científicos estadounidenses vertieron 16.500 galones de lejía en el Golfo de Maine y tiñeron el agua de color rosa brillante para rastrearla

Investigadores del Instituto Oceanográfico de Woods Hole analizan si este método permite que el mar absorba más dióxido de carbono sin dañar la vida marina.

Científicos miles de galones de hidróxido de sodio diluido, provocando una mancha rosada visible desde drones y satélites. Esta maniobra, realizada en el Golfo de Maine, representa el primer experimento de este tipo aprobado por el gobierno federal para combatir la creciente acidez de los océanos mediante el aumento de la alcalinidad.

El despliegue, ejecutado en agosto de 2025, no buscaba limpiar el golfo en un solo día. El objetivo central fue recolectar datos reales sobre cómo responde el ecosistema marino al recibir sustancias alcalinas en aguas abiertas, superando las limitaciones de los laboratorios y modelos computacionales.

¿Cómo funciona la lejía que tiñó de rosa el agua del océano?

El océano absorbe de forma natural entre el 25% y el 30% de las emisiones de carbono causadas por el hombre cada año. Al añadir hidróxido de sodio de alta pureza se modifica el equilibrio químico del agua, permitiendo que el carbono disuelto se convierta en bicarbonato, una forma estable que ya abunda en el mar. Este cambio permite que la superficie oceánica capte más dióxido de carbono de la atmósfera y ayuda a contrarrestar la acidez que impide a corales y moluscos formar sus caparazones.

Para que la prueba fuera efectiva, los científicos utilizaron un colorante especial llamado Rodamina. Este tinte permitió a un segundo barco, vehículos submarinos y satélites rastrear el movimiento exacto del agua tratada durante cinco días. Los sensores midieron el pH, la temperatura y la salinidad, confirmando que la mancha se comportó según lo previsto por las proyecciones informáticas antes de diluirse por completo.

¿Qué impacto tuvo el experimento en la fauna marina y el futuro del clima?

Los resultados preliminares, publicados a inicios de 2026, indican que no hubo diferencias significativas en la salud de bacterias, plancton o larvas de langosta dentro y fuera de la zona teñida. A pesar de la apariencia alarmante del líquido rosa, las lecturas de pH regresaron a sus niveles normales en los periodos esperados, lo que sugiere que estas intervenciones pueden ser controladas con precisión.

Sin embargo, escalar esta tecnología a niveles que afecten el calentamiento global presenta desafíos inmensos. Se requerirían cantidades masivas de material y una vigilancia constante para asegurar que no existan efectos secundarios a largo plazo en las comunidades pesqueras. Por ahora, el éxito en Maine se considera un punto de partida para evaluar si la eliminación de carbono marino puede complementar el recorte urgente de emisiones de combustibles fósiles.

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