Mora Calabrese, la esposa de Abel Pintos, mostró su nuevo negocio en Buenos Aires: un local de joyería artesanal ubicado en Recoleta, con exhibidores de madera clara, arreglos florales y una selección de anillos, collares, pulseras y aros elaborados principalmente en plata 925 y bronce.
La apertura no representa el nacimiento de una marca desde cero, sino el salto de Cala Joyería a Mano hacia su primer espacio físico.
El emprendimiento ya funcionaba mediante redes sociales y su tienda online, con envíos a distintos puntos del país, pero ahora permite ver, probar y elegir las piezas de manera presencial.
El local abrió sus puertas en avenida Callao 1420, en la Ciudad de Buenos Aires. Mora compartió el proceso en sus redes y resumió la magnitud del proyecto con una frase concreta: “Fue un camino muchísimo más largo del que pueden imaginar; trabajamos mucho y con mucho amor”.
Joyas hechas a mano desde el diseño hasta la terminación
El eje central de Cala está en la producción artesanal de cada pieza. Mora participa del proceso creativo y pasa parte de su tiempo en el taller, donde las ideas iniciales se convierten en accesorios terminados.
El catálogo oficial incluye anillos, collares, pulseras y aros organizados en distintas colecciones. Entre los materiales aparecen plata 925 y bronce, además de modelos con piedras y diseños de superficies irregulares que se alejan de la joyería industrial uniforme.
La marca utiliza como lema “De mis manos, a las tuyas”, una frase que también aparece en la presentación del nuevo local. La intención es poner el foco en el trabajo manual y en la historia detrás de cada objeto, antes que en una producción masiva.
El proyecto que Mora comparte con una amiga de hace 25 años
Cala no es un emprendimiento individual. Mora lo desarrolla junto a Flor, su amiga desde hace 25 años y actual socia. En el sitio oficial, ambas explican que su vínculo personal terminó convirtiéndose en un equipo dedicado al diseño, la moda y la creación de las colecciones.
La apertura del espacio físico exigió realizar la obra, preparar el material para la vía pública, organizar el stock y montar el salón. “Fin de obra, producción para vía pública, armado de local y finalmente abrir nuestras puertas”, escribió Mora al compartir las imágenes del proceso.
El nuevo punto de venta también cambia la experiencia de quienes conocían la marca solamente por internet. Ahora las clientas pueden comparar tamaños, observar las terminaciones y probar los accesorios antes de decidir una compra.
Madera clara, flores y una estética sin excesos
El interior del local mantiene una estética minimalista, con muebles de madera clara, paredes neutras y arreglos florales. Las piezas quedan separadas y visibles, sin vitrinas recargadas ni una acumulación excesiva de objetos.
El diseño acompaña la identidad artesanal de Cala: materiales cálidos, iluminación puntual y pequeños sectores de exhibición pensados para recorrer sin apuro. La propia marca define el espacio como un lugar donde las personas pueden “ver, tocar y elegir cada pieza con tiempo”.