Recibir un masaje suele asociarse con una sensación inmediata de alivio y bienestar, pero detrás de esa experiencia agradable existe una explicación científica. Investigaciones en neurociencia muestran que el cerebro responde al tacto activando mecanismos biológicos capaces de generar placer, relajación y una reducción temporal del estrés.
Lejos de tratarse únicamente de una sensación subjetiva, los efectos tienen una base química y fisiológica que ayuda a explicar por qué esta práctica sigue siendo una de las herramientas de bienestar más valoradas en todo el mundo.
El cerebro cuenta con su propia fuente de bienestar
Según explicó el neurocientífico Ignacio Morgado, las caricias y los masajes favorecen la liberación de opiáceos endógenos, entre ellos las endorfinas y las encefalinas. Estas sustancias son producidas de forma natural por el organismo y actúan sobre regiones cerebrales vinculadas con el placer y la relajación.
La función de estas moléculas consiste en generar sensaciones de bienestar y contribuir a disminuir la percepción del malestar físico y mental. De acuerdo con el especialista, incluso medicamentos como la morfina imitan artificialmente los efectos de estos compuestos que el propio cerebro es capaz de producir.
Este mecanismo ayuda a comprender por qué muchas personas experimentan una sensación de calma profunda después de una sesión de masaje, incluso cuando no presentan dolores o molestias concretas.
Una respuesta física que también alcanza a la mente
Los beneficios no se limitan al aspecto emocional. Durante un masaje también se producen cambios en el sistema nervioso. La especialista en bienestar Sandra Díaz explicó que este tipo de tratamientos favorecen la activación del sistema parasimpático, la parte del organismo encargada del descanso, la recuperación y la conservación de energía.
Cuando este sistema entra en acción, el cuerpo reduce progresivamente su estado de alerta. La respiración se vuelve más pausada, disminuye la tensión muscular y las pulsaciones tienden a estabilizarse. Como consecuencia, muchas personas perciben que los pensamientos dejan de acumularse con la misma intensidad y que la sensación de urgencia disminuye.
Menos cortisol y una mayor sensación de calma
La comunidad científica también ha estudiado el impacto de los masajes sobre las hormonas relacionadas con el estrés. Investigadores del Cedars-Sinai Medical Center observaron que determinadas sesiones pueden contribuir a reducir los niveles de cortisol, una de las sustancias más vinculadas a las respuestas fisiológicas ante situaciones de presión o preocupación.