Olvidate de esperar a los 50 para preocuparte por tu condición física. Científicos acaban de confirmar que el auge absoluto de tu fuerza y resistencia ocurre mucho antes de lo previsto. Si pensabas que todavía tenías tiempo de sobra para empezar a cuidarte, los datos sugieren que el reloj biológico ya está corriendo.
Durante décadas, la creencia generalizada ubicaba el inicio del declive físico cuando aparecían las primeras canas o las escaleras se hacían difíciles de subir. Sin embargo, los resultados del proyecto SPAF en Suecia, que siguió a los mismos individuos durante 47 años, cuentan una historia completamente distinta.
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Este estudio es excepcional porque evaluó a cientos de personas en cinco etapas clave de su vida: a los 16, 27, 34, 52 y 63 años. Los datos obtenidos revelan que la trayectoria descendente de nuestro cuerpo comienza mucho antes de lo imaginado y progresa de forma gradual al principio.
El fin de la invencibilidad: la ventana de los 10 años
La investigación determinó que la capacidad aeróbica y la resistencia muscular alcanzan su punto máximo absoluto entre los 26 y los 36 años. Esta ventana biológica de una década representa el auge de nuestra fuerza física, un dato que rompe la expectativa de muchos treintañeros que suelen sentirse invencibles.
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Lo más sorprendente es la velocidad a la que perdemos potencia muscular. En los hombres, el máximo se alcanza a los 27 años, pero en las mujeres este pico llega incluso antes: a los 19 años. A partir de esos hitos, la biología sigue su curso inevitable en todos los individuos, incluso en los atletas más disciplinados.
La caída inicial es sutil, con una disminución de entre el 0,3% y el 0,6% anual. Sin embargo, al alcanzar etapas posteriores de la vida, esa pérdida de capacidad se acelera drásticamente hasta alcanzar un 2,5% cada año.
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El impacto real: cómo llegamos a los 60 años
Para cuando una persona alcanza los 63 años, la pérdida total de su capacidad física oscila entre el 30% y el 48% respecto a su punto máximo de juventud. Este deterioro físico relacionado con la edad había sido subestimado por estudios previos, pero los datos actuales muestran que afecta por igual a hombres y mujeres.
A pesar de este panorama biológico, el estudio revela una oportunidad crucial. Aunque la ventana de condición física máxima está anclada a una edad específica, la tasa de declive es modificable según nuestros hábitos diarios.
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Quienes mantuvieron una vida activa desde los 16 años lograron conservar niveles mucho más altos de potencia durante las cinco décadas del estudio. Pero no todo está perdido para quienes no empezaron temprano:
La biología sigue su curso, pero el ejercicio constante es necesario para frenar la aceleración del declive.
Empezar a entrenar en la edad adulta permite mejorar las capacidades físicas en aproximadamente un 10%.
Mantenerse activo ayuda a mitigar la pérdida de resistencia que se vuelve pronunciada en la vejez.
La consecuencia práctica es directa: esperar a sentir el cansancio de la edad para empezar a ejercitarse es un error común. El momento de proteger tu fuerza física no es a los 50, sino hoy, aprovechando ese margen de mejora que la ciencia acaba de confirmar para quienes deciden actuar a tiempo.