El cáncer de próstata afecta a más de un millón de hombres cada año, siendo el segundo tumor más frecuente a nivel global. Sin embargo, un extenso estudio de la Universidad de Harvard revela que un hábito cotidiano y placentero puede ser determinante: alcanzar las 21 eyaculaciones mensuales reduce significativamente el riesgo de enfermar.
A pesar de su elevada incidencia, el cáncer de próstata sigue rodeado de tabúes que retrasan los controles médicos. Esta falta de información dificulta la detección temprana, que es el principal aliado para un tratamiento exitoso. Aunque factores como la edad, la genética o la ascendencia no pueden modificarse, la ciencia ha identificado hábitos que funcionan como un verdadero escudo protector.
La investigación de la Harvard T.H. Chan School of Public Health, publicada en la revista European Urology, realizó un seguimiento a casi 32.000 hombres durante 18 años. La conclusión fue contundente: aquellos que reportaron una frecuencia de 21 o más eyaculaciones al mes presentaron un riesgo de cáncer de próstata un 20% menor que quienes lo hacían entre 4 y 7 veces mensuales.
El secreto de las 21 veces: ¿qué dice la ciencia?
Si bien los mecanismos biológicos aún se están estudiando, los expertos sugieren que la eyaculación frecuente ayuda a eliminar sustancias potencialmente cancerígenas acumuladas en la próstata. Es importante aclarar que este beneficio se observa principalmente en etapas iniciales y en tumores de bajo riesgo, sin que se haya comprobado aún un efecto protector ante formas avanzadas o agresivas de la enfermedad.
Este descubrimiento posiciona a la vida sexual activa como uno de los pocos factores de riesgo modificables que los hombres pueden gestionar por su cuenta. No obstante, este hábito debe integrarse en un estilo de vida saludable para que el blindaje sea realmente efectivo contra la enfermedad.
Más allá del sexo: las otras 5 claves de prevención
Para reducir las probabilidades de un diagnóstico adverso, los especialistas de instituciones como Johns Hopkins Medicine y Mayo Clinic recomiendan acciones concretas que impactan en el día a día:
- Alimentación protectora: Reducir grasas saturadas y ultraprocesados, priorizando el consumo de pescados azules ricos en omega-3, nueces, frutas, verduras frescas y té verde.
- Actividad física y peso: Mantenerse en movimiento previene la obesidad, la cual está vinculada directamente a las formas más agresivas y mortales de este cáncer.
- Adiós al tabaco: Los fumadores tienen más probabilidades de sufrir metástasis o recurrencia del tumor tras el tratamiento.
- Historial familiar: Conocer si el padre, abuelo o hermanos padecieron la enfermedad es vital para definir estrategias de prevención personalizadas, especialmente en casos de mutaciones como el Síndrome de Lynch.
- Controles regulares: A partir de los 50 años, el examen físico y el análisis de antígeno prostático específico (PSA) son indispensables para detectar cualquier alteración a tiempo.
La incorporación de estos hábitos, sumada a una consulta médica oportuna, transforma el panorama de la salud masculina. Entender que la prevención combina desde la dieta hasta la vida íntima permite a cada hombre tomar el control de su bienestar futuro de manera práctica y sin prejuicios.