La tarta de ricota es un clásico de las panaderías argentinas. Esa que ves en la vidriera, bien alta, con la superficie apenas dorada y el relleno húmedo que se desarma en cada bocado. Pero también es una de esas recetas que muchos creen que no pueden disfrutar sin gluten.
La buena noticia es que sí se puede. Y no solo eso: queda igual de rica, suave y esponjosa. Esta versión sin gluten es simple, rendidora y perfecta para acompañar unos mates o para tener algo dulce listo en la heladera durante la semana.
No lleva harina de trigo, no necesita base y se prepara en un solo bowl. La textura es cremosa, liviana y con ese perfume a limón que levanta todo el sabor. Además, es una receta muy práctica. No hace falta batidora eléctrica ni técnicas complicadas. Solo mezclar, volcar en el molde y hornear. El resultado es una tarta húmeda, firme pero delicada, que mejora incluso después de unas horas de frío.
Ingredientes para la tarta
300 g de ricota magra
3 huevos
3 sobres de edulcorante (o equivalente en el que uses habitualmente)
Ralladura de 1 limón
50 g de maicena (fécula de maíz)
1 cucharada extra de maicena
Opcional para decorar: mermelada sin azúcar, frutos rojos frescos o un poco de azúcar impalpable si no necesitás que sea apta para dieta sin azúcar.
tarta de ricota
Esta receta puede acompañarse con café, té o incluso bebidas frías, porque combina el sabor dulce y ácido a la vez.
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Paso a paso
En un bowl grande colocá la ricota. Si está muy granulada, podés pisarla primero con un tenedor para que quede más cremosa. Sumá los huevos, el edulcorante y la ralladura de limón. Mezclá bien hasta integrar todo.
Agregá los 50 g de maicena más la cucharada extra. Esta pequeña cantidad adicional ayuda a darle mejor estructura a la tarta. Revolvé hasta que la preparación quede homogénea y sin grumos. La textura debe ser cremosa y pareja.
Usá un molde chico o mediano, de unos 18 a 20 cm de diámetro. Enmantecá y espolvoreá con un poco de maicena, o forralo con papel manteca para facilitar el desmolde.
Volcá la mezcla en el molde y alisá la superficie con una espátula. Llevá a horno precalentado a temperatura media (180 °C) durante aproximadamente 30 a 40 minutos. La tarta debe tomar firmeza y dorarse apenas en la superficie. Si movés suavemente el molde, el centro no debe estar líquido, aunque puede verse apenas tembloroso, ya que termina de asentarse al enfriarse.
Al finalizar, retirá del horno y dejá enfriar a temperatura ambiente. Luego llevá a la heladera al menos una hora antes de servir, porque ese descanso mejora la textura y el sabor.
Al momento de servir, podés coronarla con una capa fina de mermelada, frutos rojos frescos o simplemente disfrutarla sola. Una tarta clásica, sin gluten y con todo el sabor de siempre.