La espinaca gratinada es la receta justa para cuando necesitás resolver rápido. Pocos ingredientes, preparación simple y un resultado que funciona tanto como guarnición, plato principal liviano o incluso para sumar a una vianda. Además, tiene un plus cada vez más buscado en la cocina cotidiana, no lleva gluten ni harinas.
En muchas casas argentinas la espinaca suele aparecer en tartas, canelones o rellenos, pero esta versión gratinada propone una alternativa distinta.
En lugar de usar masa o espesantes, la receta aprovecha la combinación de huevo, crema de leche y queso para crear una textura suave y firme a la vez. Al llevarla al horno, la superficie se dora y se forma esa capa irresistible que caracteriza a cualquier buen gratinado.
espinaca gratinada
Otro punto a favor es que se prepara en pocos minutos. La espinaca se cocina apenas para que reduzca su volumen y después se mezcla con el resto de los ingredientes. El horno hace el resto del trabajo y el resultado final es un plato cremoso por dentro y dorado por arriba, con mucho sabor.
Esta receta es ideal para quienes buscan opciones sin gluten o simplemente quieren incorporar más verduras a la mesa sin caer siempre en las mismas preparaciones.
Además, se puede adaptar fácilmente: si te gusta un sabor más intenso, podés usar quesos más estacionados como reggianito o sardo. Si preferís algo más suave, el clásico queso cremoso rallado también funciona muy bien.
Con un molde chico, de aproximadamente 10 por 10 centímetros, alcanza para dos porciones generosas o tres acompañamientos.
Ingredientes
200 gramos de espinaca fresca
2 huevos
3 cucharadas de crema de leche
100 gramos de queso rallado (puede ser queso cremoso, pategrás o similar)
Primero, precalentá el horno a 180 °C para que tenga la temperatura adecuada al momento de llevar la preparación.
Lavá bien las hojas de espinaca y escurrilas. En una sartén colocá un chorrito de aceite y salteá el ajo y la cebolla picada durante unos segundos hasta que comiencen a largar aroma.
Sumá la espinaca y cocinala apenas un par de minutos, hasta que reduzca su volumen. Condimentá con sal y pimienta.
Otra opción es hervir la espinaca en agua durante un minuto, escurrirla bien y pasarla por agua fría para cortar la cocción. En cualquier caso, es importante eliminar el exceso de líquido.
En un bowl aparte, batí ligeramente los huevos. Agregá la crema de leche,el queso rallado y la cucharadita de polvo de hornear. Condimentá con una pizca de sal y pimienta y mezclá bien hasta integrar todos los ingredientes.
Engrasá un molde chico apto para horno con un poco de aceite o manteca. Distribuí la espinaca cocida en el fondo del molde y volcá por encima la mezcla de huevos y queso.
Llevá al horno durante unos 25 minutos, o hasta que la superficie esté bien dorada y el centro firme.
Dejá reposar unos minutos antes de cortar. Se puede comer caliente, tibia o incluso fría, y queda perfecta acompañada con una ensalada fresca.