Hay recetas que parecen complejas pero se pueden hacer en casa con pocos ingredientes y sin demasiada técnica. Los rolls de espinaca y hojaldre entran en esa categoría: crocantes por fuera, suaves por dentro y con un relleno que combina lo cremoso con lo vegetal.
Son ideales para una picada o para resolver un almuerzo liviano. En Argentina, la espinaca es un clásico de la cocina casera, parece en tartas, empanadas y rellenos, y siempre funciona bien porque es rendidora, económica y fácil de preparar.
La masa de hojaldre —que en el súper se consigue como “tapa de hojaldre” o “masa de hojaldre fresca”— es clave para lograr ese exterior dorado y crocante. No hace falta amasarla ni prepararla desde cero, lo que simplifica muchísimo el proceso. Solo hay que rellenar, enrollar, cortar y llevar al horno.
Otro punto a favor es que se pueden adaptar fácilmente. Se les puede sumar un toque picante con ají molido, semillas por arriba o incluso cambiar los quesos según lo que haya en la heladera. Además, se pueden preparar con anticipación y recalentar.
Ingredientes
200 g de espinaca fresca
2 cebollas de verdeo
100 g de ricota
Un puñado de queso rallado (puede ser pategrás, reggianito o el que tengas)
Primero, lavá bien la espinaca y escurrila. En una sartén colocá una cucharada de aceite de oliva y salteá las cebollas de verdeo picadas durante unos minutos, hasta que estén tiernas.
Agregá la espinaca y cociná a fuego medio hasta que reduzca su volumen. Este proceso lleva apenas unos minutos. Una vez lista, retirala del fuego y dejá que se enfríe. Es importante escurrir bien el líquido sobrante para que el relleno no quede aguado.
En un bowl colocá la espinaca ya fría junto con la ricota y el quesorallado. Condimentá con sal, pimienta y, si te gusta, un poco de ají molido. Mezclá bien hasta integrar todos los ingredientes.
Estirá la masa de hojaldre sobre una superficie limpia. Distribuí el relleno de manera uniforme sobre toda la superficie, dejando un pequeño margen en uno de los bordes.
Enrollá la masa con cuidado, formando un cilindro, como si fuera un pionono. Una vez armado el rollo, cortalo en rodajas de unos 3 o 4 centímetros de ancho.
Colocá los rolls sobre una placa para horno previamente enmantecada o con papel manteca. Presionalos apenas con la mano para darles forma.
Pincelá la superficie con huevo batido y, si querés, agregá semillas por encima (como sésamo o chía).
Llevá a horno precalentado a 200 °C durante aproximadamente 25 minutos, o hasta que estén bien dorados.
Dejá entibiar unos minutos antes de servir. El resultado es un bocado crocante por fuera y cremoso por dentro, perfecto para compartir o disfrutar en cualquier momento del día.