Hay recetas que llegan para quedarse y los arrolladitos de jamón, queso y espinaca son de esas porque son rápidos y fáciles de hacer, para cuando necesitás resolver en poco tiempo el almuerzo o la cena. Además, su preparación no lleva harinas y son deliciosos.
En un mundo lleno de opciones ultraprocesadas y comidas rápidas, este tipo de recetas caseras son un verdadero hallazgo. No necesitás batidora, horno, ni ingredientes rebuscados. Solo una sartén (o placa antiadherente) y 15 minutos de tu tiempo. Ideal para esos días en los que querés comer algo rico pero liviano, sin perder sabor ni pasarte horas en la cocina.
Lo podés guardar en la heladera y recalentar al día siguiente, e incluso llevar en un tupper. Y si te gusta variar, probalo con rellenos como tomate seco, queso azul, champiñones o cebolla caramelizada.