Elecciones: los terceros están en riesgo de extinción y los sostiene un premio consuelo

Los candidatos del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), Lautaro Jiménez y Noelia Barbeito. / Orlando Pelichotti
Los candidatos del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), Lautaro Jiménez y Noelia Barbeito. / Orlando Pelichotti

El FIT y el Partido Verde pelean por entrar al podio, aunque es improbable que lleguen al Congreso nacional. Su única esperanza de “sobrevivir” es mantener una banca provincial, pero sólo uno de ellos podrá lograrlo. Abundancia de oferta y desencanto de los desencantados, las razones de la debacle.

Como en esas carreras de Fórmula 1 en las que el resultado parece definido cuando apenas van la mitad de las vueltas, salvo que pase una catástrofe, las elecciones en Mendoza no encierran misterio para los protagonistas principales ni para los observadores. Hasta que de pronto, una lejana pelea por el tercer puesto parece poner algo de emoción. Entonces, las cámaras inmediatamente apuntan allí, cansadas de tanta monotonía.

Eso está pasando con el Partido Verde y el FIT. Casi sin querer, se han transformado en un “clásico” de esta chata contienda en la que Cambia Mendoza se dedica a hacer previsibles críticas al Gobierno nacional como para no perder la costumbre y el Frente de Todos intenta mostrar signos vitales asumiéndose como oposición y cuestionando la gestión provincial.

La izquierda quiere recuperar ese tercer lugar que supo ocupar en 2013 y 2015. Y para eso apunta duro contra los ex socios de José Luis Ramón, Mario Vadillo y Marcelo Romano, ahora agrupados bajo el paraguas del ecléctico Partido Verde.

Una declaración de una de las candidatas verdes, Andrea Blandini, que integró las filas del kirchnerismo e incluso se postuló a la intendencia de Godoy Cruz hace dos años por el Frente de Todos, generó la ofensiva tuitera de Lautaro Jiménez, candidato a senador nacional por el FIT.

La postulante habló del Partido Verde como parte del Frente de Todos. Desde la izquierda asumieron que estaba blanqueando una posición actual, que ellos vienen denunciando. Blandini adujo que hablaba del pasado, antes de la reforma de la ley 7722 que apoyó el peronismo local.

Ahora bien ¿por qué pelean?, ¿sólo por el consuelo de subirse al podio aunque lleguen muy atrás? Las ambiciones explicitadas son distintas, pero básicamente ambos buscan sobrevivir a una catástrofe electoral para las terceras fuerzas y quedar posicionados para el futuro.

Senador Romano, junto al senador Mario Vadillo.
Senador Romano, junto al senador Mario Vadillo.

El FIT da por descontado que no puede soñar con una banca nacional como la que ganó en 2013, pero cree que si mejora un poco su performance de las PASO en el primer distrito electoral (Guaymallén, Capital, Las Heras y Lavalle), podrá mantener su espacio en la Cámara de Diputados provincial.

Aunque en la provincia terminaron cuartos, medio punto abajo de los verdes, en el primer distrito fueron terceros, por encima de su circunstancial rival. La cuenta que hacen es que necesitan 2 puntos más (o 7.400 votos) para lograr su objetivo, siempre y cuando los apoyos a Cambia Mendoza y el Frente de Todos no suban.

El conflicto allí es que el Partido Verde obtuvo sólo 1.250 votos menos en las primarias y si mejorara más que el FIT podría arrebatarle ese hipotético espacio. En el resto de las secciones electorales de la provincia, todas con menos bancas en juego, ambos están demasiado lejos como para soñar con un legislador.

Pero en el Partido Verde van más allá y creen que pueden quedarse con la “quinta” banca de diputado nacional. Para eso debe sacar más de un cuarto de los votos del primero o más de la mitad de los que obtenga el segundo. Así, Cambia Mendoza o el Frente de Todos perderían una de las que creen seguras.

Esa ambición no está respaldada por ahora por los números. Los verdes no tienen encuestas y deben limitarse a escuchar lo que les cuentan los partidos mayoritarios, pero se aferran a la buena recepción en la calle y en las redes sociales para ilusionarse.

Los únicos datos que circulan por ahora son los de una encuesta de Martha Reale para el Gobierno que pone a ambas fuerzas algo más arriba que en las PASO, pero lejos de una banca nacional y sin certezas sobre el premio consuelo: su permanencia en la Legislatura.

Como ya publicó este diario, de repetirse el resultado de las primarias, las terceras fuerzas desaparecerán de la Legislatura porque se terminan los mandatos de los que entraron por Protectora y el FIT.

Sólo quedará como una expresión casi testimonial para romper el marcado bipartidismo (o mejor dicho bifrentismo), la demócrata Mercedes Llano. Aunque con una salvedad: ella entró como parte de Cambia Mendoza y no por una tercera fuerza.

Así, la Legislatura mendocina que hace 20 años estaba dividida en tres tercios (Alianza, PD y PJ) y siempre tuvo presencia de terceras fuerzas desde el regreso de la democracia en 1983, quedará en manos de Cambia Mendoza y el Frente de Todos, con una amplia mayoría oficialista, en particular en el Senado.

¿Qué pasó esta vez? La abundancia de oferta atentó contra todos. Los votos de los mendocinos se dispersaron entre seis “terceros” que apuntan a lo mismo: captar el voto bronca contra los dos frentes mayoritarios. Si dos o tres se hubiesen unido, seguramente habrían tenido más chances, pero las ansias de protagonismo personal pudieron más.

El tercero siempre actuó como una “válvula de escape” más que como proyecto de poder y por lo tanto nunca importó mucho si era la izquierda dura, un desprendimiento del peronismo, la derecha o un abogado que se hizo famoso por cuestionar a las empresas de servicios públicos. Cada uno a su turno “hizo la diferencia” con los desencantados.

El problema es que los desencantados parecen haberse desencantado también con los “terceros”. El primer apuntado por tal decepción es Ramón, devenido en militante kirchnerista. Pero también, en menor medida, algo aportó Nicolás del Caño, que fue elegido por los mendocinos y terminó militando causas bonaerenses.

La mala noticia para todos los que aspiran a ser terceros es que si este año, en una legislativa, cuando el voto tiende a ser más impulsivo, no logran sostenerse en la Legislatura provincial, en 2023, cuando la disputa sea por el control de los gobiernos nacional y provincial, sus chances serán nulas.

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