Milei y la era de la perplejidad

La dirigencia mendocina no entiende cómo el Presidente ha podido mantener un alto nivel de popularidad pese al ajuste, la recesión, la inflación y las tarifas. Todos se preguntan hasta cuándo podrá sortear el impacto. Pero mientras, ha dividido a los partidos de la oposición, que no definen cómo actuar.

Milei y la era de la perplejidad
Ilustración: Gabriel Fernández

Perplejidad. Si hay una palabra que define este tiempo, la era Milei, es esa. Primero porque ganó, siendo un outsider sin estructura que aún no logra completar el organigrama estatal ni parece estar preocupado por ello. Segundo, porque pese a todas las medidas impopulares que tomó, el respaldo a su gestión es aún alto.

“A todos nos asombra la popularidad que mantiene”. El que habla, por él y por otros como él, es uno de los funcionarios de más peso del Gobierno provincial que si pudiera se pararía en la vereda de enfrente del Presidente para defender las banderas del progresismo. Pero no es momento. Hay una decisión en el oficialismo que es respaldar al Presidente.

Palabras más, palabras menos, lo mismo piensan en el peronismo. Cómo pararse frente a un fenómeno que aun yendo a contramano de todas las “reglas” de la política tradicional ha logrado sostenerse por encima del 50% de popularidad en el país y, por ahora, parece “intocable”.

La superposición de votantes no se restringe sólo al gobernador Cornejo y los intendentes radicales. A los intendentes peronistas también los votaron en las municipales muchos vecinos que en el balotaje se inclinaron por el libertario y comparten el enojo con la casta, la corrupción y el sobredimensionamiento estatal.

La última aproximación al clima provincial que se tiene fue la encuesta provincial que hizo hace un mes la consultora Reale Dalla Torre. El Gobierno nacional tenía una aprobación del 64%, nueve puntos más que el 55% de aprobación que tenía el provincial. Esto explica también el alineamiento de Alfredo Cornejo. Hasta la próxima encuesta, seguramente en abril, tantearán el terreno con esos datos y se mantendrán en la misma línea.

Ni los que se muestran como colaboracionistas ni los que quisieran manifestarse abiertamente opositores encuentra aún la línea discursiva para contrarrestar al nuevo oficialismo. Temen quedar offside.

El libertario ganó y continuó una vez en el poder diciendo todo lo que durante años se creyó políticamente incorrecto, piantavotos. Y allí reside el desconcierto sobre cómo enfrentarlo. La sociedad claramente no es la que muchos imaginaban hasta hace muy poco tiempo.

En la entrevista que se publica en esta edición, Alfredo Cornejo da una pista de las razones: “Si los argentinos eligieron un outsider y le han dado un mandato genérico de cambio de modelo económico es porque fallaron muchas otras cosas. Ese proceso hay que mirarlo con bastante prudencia desde la política”.

La perplejidad ha invadido a los políticos profesionales y también a la intelectualidad que suele rodearlos. ¿Hasta cuándo resistirá Milei sin que lo erosionen los efectos de sus medidas de ajuste? ¿Cómo ha podido esquivar el desgaste por la recesión, la suba de precios y las tarifas?

Las carencias políticas del Presidente y su fuerza llevaron a algunos, apenas consumado el triunfo, a vaticinar una rápida salida del poder. Sentían ya las hélices del helicóptero empezando a girar. Que haya pasado los primeros 100 días ya es todo un dato para esos agoreros.

Un estudioso de la sociedad que se dedica a las encuestas no puede ocultar su sorpresa: “Estoy admirado de la capacidad de resistencia de la gente, cómo se la viene bancando”. Y asigna al Presidente dos cualidades que han evitado el derrumbe que hubiese sido lógico en otro momento y otras condiciones: la credibilidad y la honestidad. El anticipar lo que iba a hacer, a diferencia de Carlos Menem en 1989, es su mayor capital político.

Otro encuestador espera ansioso su próxima medición. Cree que así podrá empezar a dilucidar las incógnitas que genera el nuevo oficialismo. “Milei ganó en la general en los barrios La Favorita y San Martín de Ciudad. También en Las Tortugas y Villa del Parque en Godoy Cruz. Son los territorios, dentro de dos departamentos radicales, donde mejor le iba al peronismo. Hay que ir a preguntar allí para saber el efecto real de todo lo que está pasando” , advierte.

El 15 de marzo, una consultora económica de Buenos Aires, Empiria, publicó en X un cuadro que mostraba el derrumbe del salario frente a la línea de pobreza desde diciembre. Por primera vez, el sueldo promedio en Argentina está por debajo de ese umbral. El dato alarma. Pero un peronista no se quedó con el final de la película, sino que miró el resto de la comparación, que arranca en diciembre del 2016 y muestra cómo se fueron acercando ambas líneas.

“¡Cómo no íbamos a perder si durante el gobierno de Alberto la brecha fue menor que durante Macri! Eso es lo que ve la gente ahora, que nosotros no pudimos mejorar sus ingresos”, asume ese peronista que supo tener mucho protagonismo.

Alarmado, un intelectual que militó en la izquierda y de allí llegó al kirchnerismo decía hace unos días en la intimidad de un grupo afín: “No sabemos qué hacer frente a las barbaridades, damos respuestas institucionales o hacemos marchas que no funcionan ya”. Claramente, aquella presión de lo “políticamente correcto” que hacía retroceder a Mauricio Macri durante su gobierno en decisiones que tomaba no tiene eco hoy.

La desaprensión por la administración del Estado es también una marca del gobierno libertario que aumenta la perplejidad. No sólo es el organigrama semivacío. Donde hay funcionarios, se dan dos condiciones que se asemejan al vacío: no saben qué hacer ni tienen poder alguno para cambiar la realidad. Toda decisión pasa sí o sí por la mesa de cuatro que conduce el país: Milei, su hermana Karina, el jefe de Gabinete Posse y el asesor Santiago Caputo.

Los funcionarios del Gobierno provincial que buscan referencias en Buenos Aires no las encuentran. Sus preguntas, habitualmente, no tienen respuesta. Y, por ejemplo, mientras se reclama una deuda de $15 mil millones en fondos educativos, la Nación gira $200 millones de un programa menor. Casi una ironía.

“No funciona el Gobierno, no arranca”, se resigna un ministro mendocino. Toda la atención nacional pasa por la economía. El resto, es sólo relleno. Sólo Patricia Bullrich parece haber logrado para Seguridad protagonismo, pero eso no quita que tenga direcciones sin directores.

Cornejo reclama por la continuidad de la Variante Palmira, para que no se transforme en un camino a la nada, y por los dos puentes de la ruta a Tunuyán rotos hace tres años. Parece insólito que no se hayan podido construir en todo este tiempo.

Pero peor les va a los municipios peronistas, que durante la gestión Fernández, al calor del poder que los favorecía, lograron financiamiento para obras públicas que Milei cortó apenas llegó. Hay tendidos de cloaca, polideportivos y hasta viviendas en suspenso. En Maipú, las cloacas del este departamental las está financiando con sus ahorros la municipalidad, con un menor ritmo de avance, luego de que la Nación dejara de enviar la plata comprometida.

La confusión ante el fenómeno Milei ha dividido a los partidos políticos tradicionales, que discuten internamente cómo reaccionar.

La fusión del Pro, que a estas alturas dejó de ser la novedad, como gustaba presentarse, parece un hecho. Pero, ante ese hecho, dentro del partido fundado por Mauricio Macri hay algunos que se resisten (los menos, como Rodríguez Larreta), otros que quieren ir despacio y otros que ya quisieran haber estampado la firma en la ficha de afiliación de La Libertad Avanza, como Bullrich.

El radicalismo también está dividido internamente por cómo pararse frente a Milei. Están los “colaboracionistas”, que entienden que hay un mandato de cambio de la sociedad que ellos deben acompañar, como Cornejo y los gobernadores. Y otros que creen deben ser oposición (hoy los menos), que se agrupan alrededor de Martín Lousteau, el presidente de la UCR que tiene el extraño récord de haberse autopercibido radical recién a los 45 años.

En el peronismo, el dilema es qué tipo de oposición ser. Si salvaje o moderada. Mientras lo decide, ataca legislativamente, pero sin haber amalgamado un discurso. Pesa sobre ellos la culpa de haber sido, en gran parte, quienes facilitaron el triunfo de Milei por sus desastrosos últimos cuatro años de gestión. “Todavía no entienden qué pasó”, describe un analista de la política.

La perplejidad manda.

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