Boric prometió cambios profundos en Chile, pero aseguró que buscará también la unidad

Gabriel Boric asumió como presidente de Chile
Gabriel Boric asumió como presidente de Chile

El nuevo Presidente dio su primer discurso en Santiago, ante una multitud de manifestantes que lo reverenció. Reconoció que sus ascenso al poder se produjo gracias a las protestas, pero prometió que buscará el consenso de todos y admitió los éxitos de su antecesor en materia de vacunación. Los detalles de un evento político trascendente que Los Andes cubrió en el lugar donde se produjeron

Desde un balcón del Palacio de la Moneda y ante una Plaza de la Constitución repleta, que lo escuchó en forma reverencial, Gabriel Boric, nuevo presidente de Chile, prometió fuertes cambios en su país para que sea “digno y justo”, pero a la vez recalcó que buscará que se produzcan en “unidad”.

“En el difícil camino de los cambios que la sociedad decidió echar a andar en unidad, vienen a mi mente y corazón cuando marchábamos juntos por un futuro digno. No va a ser este gobierno el fin de esa marcha, que va a seguir”, prometió Boric (36), quien en apenas una década, pasó de ser un dirigente estudiantil de izquierda a convertirse en el presidente más joven de la historia chilena.

Boric sostuvo ante una plaza que lo escuchó en pleno silencio y lo llenó de aplausos que “el pueblo de Chile es protagónico en este proceso”; aseguró que “nunca más se repetirán las violaciones a los derechos humanos” del pasado y señaló: “No estaríamos aquí sin las protestas”. Por eso, prometió: “Llegamos aquí a entregarnos en cuerpo y alma”.

Rápidamente detalló en su discurso que las prioridades de su agenda para los próximos cuatro años serán las clases sociales más empobrecidas. Habló de“los estudiantes endeudados, las diversidades de género discriminadas, los pueblos originarios despojados y la clase media acogotada”, entre otros, aunque aclaró que “escuchará siempre a quienes piensen distinto” y será el presidente “de todos los chilenos y chilenas”.

La reforma constitucional fue otro de los puntos centrales de sus primeras palabras al país. “Necesitamos una Constitución que nos una, que a diferencia de la que fue impuesta a sangre y fuego por la dictadura, nazca en democracia y que sea para todos. Escuchémonos de buena fe y sin caricaturas. El plebiscito de salida debe ser un punto de encuentro, no de división”, afirmó.

Recalcó también que, en materia económica, Chile necesita “ponerse de pie” luego de la pandemia, aunque envió más que nada mensajes de apoyo a las pymes y sostuvo que la “riqueza” debe estar ligada a la “redistribución” para que “la paz” no sea difícil.

También remarcó más adelante su posición respecto de la guerra entre Rusia y Ucrania: “Chile promoverá siempre el respeto de los derechos humanos sin importar el color político”, señaló, en clara crítica al país invasor.

En su discurso, que fue seguido por un país que todavía tiene la guardia muy alta ante la pandemia, Boric reconoció que fue “exitosa” la campaña de vacunación del gobierno anterior y aseguró su continuidad.

En materia educativa sostuvo que hay “una brecha gigante” en Chile producto de “la obligación de cerrar las escuelas” por el coronavirus. Y prometió por otro lado una reforma en seguridad para mejorar la efectividad policial.

“Hay que reparar las heridas del estallido social (de 2019). Ayer retiramos las querellas por ley de Seguridad Interior. Nos tenemos que volver a encontrar”, sostuvo Boric. Prometió que recuperará el control de las fronteras del país en el norte y dijo que en el sur “hay un problema”: “No es el conflicto mapuche, es el conflicto entre un Estado y un pueblo que tiene derecho a existir”, expresó.

SANTIAGO, EPICENTRO DEL RECAMBIO

La transmisión de mando se produjo formalmente en el Congreso de Chile, ubicado en la ciudad de Valparaíso. Pero más allá de que allí tuvieron lugar los protocolos más importantes y se produjeron las visitas internacionales, entre quienes estuvo al presidente Alberto Fernández, el calor popular y las definiciones políticas más relevantes fueron dadas por Boric en Santiago. Allí diario Los Andes fue testigo directo de los momentos clave.

Integrante de una generación disruptiva y rebelde para Chile, Boric y otros miembros de aquel grupo, como Giorgio Jackson, fueron aplaudidos y aclamados casi como estrellas de rock en la Plaza de la Constitución.

Al llegar en la tarde de ayer al ingreso de la Casa de Gobierno chilena, Jackson, quien será una de las figuras del gabinete de Boric, se salió de protocolo y corrió a abrazarse a la muchedumbre que se concentraba detrás de las vallas. No sería el único en hacerlo.

Jackson apenas supera la barrera de los 30 años, como Camila Vallejo, la tercera voz de este trío sorprendente. Vallejo, a diferencia de Jackson, eligió tener un perfil más bajo en La Moneda, aunque cada aparición suya en las pantallas confirmó que también tiene numerosos fans.

Entre ese público se hizo notoria y ruidosa la presencia de jóvenes y familias con hijos pequeños. Durante toda la tarde, desde todos los puntos de la concentración asomaron proclamas como las de la necesidad de una nueva Constitución para Chile, mientras a la vez, hacían blanco en los Carabineros con toda clase de insultos.

A pesar de la provocación verbal, no fue una tarde de violencia ni incidentes, al menos en la zona de La Moneda. El operativo policial fue riguroso y se basó en un extenso vallado perimetral que mantuvo durante casi todo el día a los manifestantes lejos del Palacio de la Moneda. Pero gradualmente, los carabineros fueron retirando vallas y dejando avanzar a las multitudes, hasta que al final, cuando dio su discurso Boric, la gente estaba bastante cerca suyo en la Plaza de la Constitución.

EL CUADRO DE BORIC

El Presidente no estuvo presente en La Moneda durante buena parte de la jornada, pero al mediodía, marcó presencia con un gesto: se comenzaron a descolgar en el edificio los cuadros de su antecesor, Sebastián Piñera; y en su lugar, aparecieron las fotos del nuevo mandatario.

Posando con el mar de la zona central de Chile de fondo y sin corbata, Boric buscó con la primera imagen suya apurar el inicio de una era de cambios políticos en su país. “Parece un pescador”, bromearon algunos periodistas.

Recién apareció físicamente en la sede del gobierno hacia las 19. Demostró entonces por qué es un fenómeno popular: su sola imagen en las pantallas hacía estallar a la multitud.

Casi nunca le soltó la mano a su pareja, la dirigente feminista Irina Karamanos, y cumplió con los pasos de la liturgia de cambio de mando, que incluyó un largo recorrido sobre una alfombra roja hasta el ingreso a La Moneda.

Pero allí mismo confirmó por qué es distinto: saltando por última vez los protocolos, como su colega Jackson abandonó la alfombra para darse otro abrazo con los manifestantes populares que son quienes, en definitiva, acaban de subirlo a la cima del poder.

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