“Seamos libres y lo demás no importa”

En las cercanías del Cerro de la Gloria se acumulan los vehículos retenidos por las autoridades judiciales, que no saben cómo reducir esa inmensa cantidad de chatarra. ¿Por qué no convertirlas en obras de arte? Todos los candidatos podrían acordar en un proyecto común como el que propongo, convocando artistasy empresas metalúrgicas, entre otros.

“Seamos libres y lo demás no importa”
Playa San Agustín, Ciudad

Célebres palabras de José de San Martín, que cumplió con su vida.Pero, ¿qué es la libertad? ¿y en qué consiste ser libre? Para nuestros padres fundadores eso parecía estar claro, tanto que la entrega de sus vidas, su heroísmo, resultaba natural, como si no les doliera. Pero sin duda no fue así (Los Andes 23-7-23), estas suposiciones mezquinas de hoy, no hacen sino revelar la falta de compromiso, nuestras cobardías.

Sin embargo, el mundo moderno ha estado plagado de movimientos de liberación. De hecho, la cultura actual es hija de esa época, es su fruto maduro: tentada estoy de decir su fruto podrido.

Los cierto es que aquellos movimientos: revueltas en los claustros universitarios, guerras de liberación colonial, etc., condujeron a nuevas y más acabadas esclavitudes y a la extrema perfección de los regímenes totalitarios.

Seguimos interrogando: ¿qué es la esclavitud?, o, si queremos diferenciar las culturas modernas de las anteriores, hablemos de servidumbre y de humillación. Para André Malraux ¿qué era la humillación? Respondió: lo contrario de la dignidad.

Así vamos entendiendo, viendo con más claridad, cómo es posible que, en el presente, cuando creemos haber superado las viejas cadenas, vemos que ellas se perfeccionaron y extienden. Porque es una esclavitud agradable, literalmente “compradora”: es la del dinero, capaz de calmar y desvirtuar los mayores rechazos, odios, reservas. Porque aún para ser justo, o para instaurar la justicia, parece ser absolutamente necesario. Y lo es en gran medida, sin dudas. Pero no absolutamente.

Con la intención de unir esto con aquello, voy a introducirme en el mundo de la representación. ¿Y qué vemos?

Que, como la más clara muestra de pérdida, para honrar a nuestros gloriosos valores, hemos pasado del bronce a la cartapesta. Celebrado como un logro inaudito, reponemos la cabeza de un cóndor pintado. Desde ya, que considero que eso es mejor que nada, tal como creo fue la intención primera. Pero el contraste con el monumento del Cerro de la Gloria nos da la medida de estos tiempos. Y aun ésta es menester ser defendida de los embates del culto único del buen yantar y beber como interés supremo.

Por todo ello voy a exponer un proyecto que signifique una invitación a un drástico cambio o un renovado propósito de libertad y heroísmo, esta vez fundado en el amor y el trabajo. Un ejercicio de libertad artística que supone, eso sí, un gran esfuerzo de organización y la colaboración de muchos.

Un parque de esculturas

En las cercanías del Cerro de la Gloria se acumulan los vehículos retenidos por las autoridades judiciales, que no saben cómo reducir esa inmensa cantidad de chatarra. ¿Por qué no convertirlas en obras de arte?

Pienso en los grandes maestros modernos de la escultura en metal: Pablo Gargallo, A. Giacometti, Richard Serra, Calder, Botero, J.L. Cuevas. Expresiones tan variadas. Por supuesto nuestros maestros locales: Roberto Rosas, Eliana Molinelli, Rotella de López, “Chipo” Céspedes, Cardona, el maestro fundidor M. A. Sugo; el propio Lorenzo Domínguez. Ya no están entre nosotros, pero perdura su obra. De los numerosos y talentosos artistas que en la actualidad continúan esas tradiciones no haré mención para no olvidar a alguno. ¡Y tantos jóvenes que estarían felices de aprender junto a ellos!

Como nos encontramos en épocas de elecciones, sería hermoso si los por demás numerosos candidatos a ocupar destacadas posiciones dirigenciales, acordaran un proyecto común como el que propongo. Convocar también a las empresas metalúrgicas, industria pionera en estas tierras.

Sería una manera -pequeña- de retribuir lo que la Nación entera donó a Mendoza, cuando mediante una colecta pública, nos regaló el monumento -de bronce y piedra- al Ejército de Los Andes Libertador de América.

* La autora es escritora y docente jubilada universitaria.

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