La Mendoza de los contrastes: de la fachada glamorosa al futuro borroso

La economía no reacciona hace una década, pero en la imagen que proyecta la provincia parece primar la idea de “si hay miseria que no se note”. El petróleo es una esperanza para 2022 y el desarrollo de software crece pero por ahora no tiene peso. La educación universitaria, en deuda.

La Mendoza de los contrastes: de la fachada glamorosa al futuro borroso
Ilustración: Gabriel Fernández

Si Mendoza fuera una paciente internada en terapia intensiva y en el monitor que registra la actividad cardíaca se proyectara el Estimador Mensual de Actividad Económica de la última década, muchos la creerían muerta. Una línea plana, que recorre desde enero de 2011 hasta ahora, grafica ese indicador.

Las únicas señales de vida se remontan a agosto de 2015 y febrero de 2018, con picos leves. Luego, hay otro hito aunque no precisamente positivo: la debacle provocada por la cuarentena del segundo trimestre de 2020. Hoy volvió al mismo nivel desde donde había caído, ni un milímetro más.

El informe fiscal difundido por el Consejo Empresario Mendocino la semana pasada muestra con una sola imagen el tan mentado estancamiento provincial. Esos datos tienen correlato, casi en espejo, en otro indicador que allí no aparece: el gráfico del trabajo en el sector privado desde 2011 es tan plano como la economía. Es cierto que este año algunos se crearon, pero casi todos son en negro.

Ni la economía ni la cantidad de empleos se han ajustado al crecimiento vegetativo de Mendoza. El mismo dinero que se repartía entre 1,8 millón de habitantes hace 10 años ahora debe distribuirse entre 2 millones.

Así comienza a entenderse, más allá del condicionante y complejo contexto nacional, por qué en Mendoza hay 43,7% de pobres, 8,4% de desocupación y 17% de subocupación.

Un economista cercano al oficialismo y otro vinculado al peronismo coinciden en una carencia: en Mendoza no hay financiamiento para producir. “El Banco Nación no existe”, dice el primero. “Ojalá tuviéramos una herramienta como el Banco de Córdoba”, acota el segundo.

Esta decadencia empezó a cocinarse mucho antes de 2011, pero el crecimiento de la economía nacional a partir del combo soja-devaluación había ayudado a disimularla en parte desde 2003.

Seguramente se pueda encontrar su origen en el inicio de la retracción del otrora poderoso sector petrolero. Mendoza ocupó durante años el segundo puesto nacional en extracción de crudo y esto había hecho que se la considerara una provincia rica.

Ese mote de “rica” determinó el perjudicial porcentaje de la coparticipación asignado en la ley de 1988, aun por debajo de dos potencias económicas como Córdoba y Santa Fe. Esta inequidad también influye y mucho en el ahogo financiero y económico actual.

El problema es cómo hacer ver al resto nuestra realidad cuando parece primar aquello de “si hay miseria, que no se note”. Aunque nos sostenemos a duras penas, preferimos aparentar una riqueza que ya no tenemos.

La máscara elegida es el vino y todo el glamour que ofrece ese mundo, cuando se trata obviamente de etiquetas top y no del popular tetra.

Igual que una familia aristócrata en decadencia, que organiza fiestas como en sus buenos viejos tiempos aun cuando las paredes de su mansión se descascaran, Mendoza se aferra a mostrar una imagen que no refleja más que una pequeña parte de su realidad.

“Los caminos del vino” diseñados hace dos décadas son la base del actual enoturismo, con restaurantes y hoteles de alto nivel en las bodegas.

También son la esencia de la imagen que transmitimos: un viñedo con la cordillera de fondo y gente tomando vino en grandes copas en un jardín. Pura tentación aspiracional.

A partir de ese deseo generado y la mayor infraestructura, el sector turístico inició un crecimiento sostenido justo cuando la economía provincial (y nacional) empezó a mostrar los primeros indicios de estancamiento.

Año a año, desde 2011, aumentó su participación en el Producto Bruto Geográfico hasta llegar a su pico en 2018. En ese momento, estaba casi 50% por encima de 2008. Obviamente, debido a la pandemia, en 2020 cayó por un tobogán, al mismo nivel que tenía antes del boom.

Tanto creció que sólo la subcategoría “Turismo y hoteles” (sin considerar el impacto que los visitantes tienen en el resto del comercio) representó 2,2% del PBG provincial en 2018 y 2019, superando por medio punto porcentual a la totalidad de la construcción.

La contracara de esa bonanza es que en el sector abundan el empleo informal y los sueldos bajos.

Para sostener la estructura enoturística se necesita de extranjeros y argentinos de altos ingresos, cuya llegada la pandemia frenó primero por las cuarentenas y luego por la baja conectividad aérea que dejó como secuela el freno total de la actividad.

En el mundo del vino reconocen que esos emprendimientos en realidad son más señuelos del marketing que buenos negocios: las bodegas ganan más con las cajas de vino que les venden a los visitantes que con sus restaurantes.

En el Gobierno remarcan la potencia de la marca Mendoza . Todos quieren probar nuestros vinos. Pero no se trata más que de una burbuja social.

La participación de la viticultura en el PBG cae sostenidamente y desde 2018 a 2020 promedió 3,5%. Mientras que la producción de bebidas (entre las que la principal pero no la única es el vino) representó en el mismo lapso 5,5% en promedio. Aunque sea la cara de Mendoza y explique la mitad de las exportaciones, está claro que la salida no es sólo por ahí.

Apuestas sin certezas

El Gobierno deposita su esperanza en el desarrollo TIC. Pero por ahora no tiene peso en el PBG y hay mucha competencia en el país. Ciudad de Buenos Aires y Córdoba son jugadores muy potentes, con estímulos para el desarrollo de software.

Un empresario del rubro confirma el crecimiento local, sobre todo por la explosión de jóvenes sub 30 que trabajan en forma independiente, cobran en dólares y atraen fuertes inversiones para sus proyectos innovadores. Pero no hay un trabajo coordinado con esos desarrolladores y la mayoría ni siquiera está en el radar oficial.

Rodolfo Suárez creyó que “la salida” era la minería. Ya se sabe lo que pasó. Y visto lo ocurrido en Chubut la semana pasada, aquella decisión del Gobernador de anular rápidamente la modificación de la ley 7722 parece más atinada.

Pero eso no lo salva de las críticas sobre cómo se llegó a ese momento. Desde el propio oficialismo y desde el peronismo que apoyó con sus votos creen que actuó al menos con apuro e impericia política.

La gran mayoría de los que terminarían involucrados en la defensa del proyecto se enteraron de la presentación por el tuit del 10 de diciembre de 2019 a la mañana.

Nunca se consideró el escenario de un rechazo popular masivo, ni hubo tiempo para explicar los supuestos beneficios y armar planes de contingencia. Tampoco se atendió a los que proponían limitar la autorización sólo a Malargüe.

El 50% de los votos que obtuvo Suárez no eran un aval suficiente, como tampoco lo fue el apoyo de la “burbuja” que aún por lo bajo insiste en avanzar.

Los propios economistas le bajan el precio a la minería como salvadora: “Ninguno de los proyectos que se mencionaban tenía la dimensión de Veladero y aun cuando acá alguno se equiparara, no tendría acá el mismo impacto que en San Juan por la escala de la economía”.

De hecho, las regalías mineras que cobra la provincia vecina son apenas una sexta parte de las que ingresan al fisco mendocino por la explotación petrolera (hasta octubre eran 10.330 millones).

El petróleo, sumadas la extracción de crudo y la refinería, representa casi 12% del PBG y genera más de 10 mil empleos. Por eso, el Gobierno celebra que, a través del programa de subsidios Mendoza Activa, ya se han reactivado 65 pozos de baja producción que suman 220 m3 diarios.

Pero las mayores expectativas están concentradas en tres proyectos de YPF para 2022: uno seguro y dos que son incógnitas por ahora.

El primero es una inversión de 500 millones de dólares para actualizar la refinería. Esto permitirá aumentar algo el volumen producido, pero sobre todo mejorar la calidad del combustible y adaptar las instalaciones para el crudo no convencional que llega de Neuquén.

Una de las incógnitas es Vaca Muerta. El acuerdo entre la petrolera y el Gobierno es comenzar con dos pozos. El mal resultado de El Trébol en el límite norte de esa formación geológica abona el pesimismo, pero hay estudios recientes de YPF que dan lugar a un moderado optimismo.

La otra potencial inversión, también de 500 millones de dólares, tiene que ver con la recuperación terciaria. Ya se están perforando ocho pozos en Cerro Morado, al sur de Malargüe y si dan resultado positivo puede ampliarse el horizonte productivo.

Pero para crecer en serio, hay un factor clave que muchos mencionan como una carencia y es la educación universitaria. Apuntan en particular a la Universidad Nacional de Cuyo, donde la pandemia parece haber golpeado como en ningún otro ámbito.

“Hay muchos egresados de ciencias sociales y humanidades y pocos de carreras duras”, alerta un economista. El empresario TIC, en tanto, advierte: “No hay sociedad del conocimiento sin educación del conocimiento”.

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