La deuda argentina a través de dos siglos de historia

La deuda en nuestro país tuvo diversos destinos, por ejemplo la guerra, las obras públicas, el déficit comercial, la balanza de pagos y sobre todo. desde los 90, el déficit fiscal.

La deuda argentina a través de dos siglos de historia
Fondo Monetario Internacional (FMI)

Los temas vinculados a las deudas del Estado han sido debatidos con liviandad, ignorancia, faccionalismo y mala fe. Desde el empréstito Baring Brothers de 1824 hasta el otorgado por el Fondo Monetario al gobierno de Macri, las tonterías se acumularon.

En ese sentido fue claro el párrafo del ministro Caputo cuando anunció las primeras medidas económicas del nuevo gobierno, recordando que las deudas son la consecuencia del déficit fiscal. Le faltó agregar que también de las consecuencias de los déficit de la balanza comercial o las de pagos.

Ejemplos de ignorancia o mala fe hay varios, como el ex ministro Katopodis diciendo que Macri no hizo ninguna obra con el préstamo del FMI; que un ministro ignore que ese organismo no financia obras públicas y sólo brinda asistencia para financiar el déficit de balanza de pagos y la estabilización de la moneda, dice mucho sobre la calidad del elenco que dejo el gobierno.

Hace días Cristina Fernández recordó el aniversario de la cancelación al FMI de toda la deuda por parte del gobierno de su esposo. Lo que no dijo Cristina es que se canceló deuda al 4% anual para tomar fondos venezolanos al 14%, con todo el tufillo de corrupción que esto implica.

El problema de la deuda tiene varias facetas. En estas mismas páginas el que esto escribe hace 20 años publicó una nota con el título “67 mil millones de dólares y ninguna obra”. La nota consideraba la deuda tomada en los dos últimos años del menemismo y los dos años del gobierno de Fernando de la Rúa, destacando que toda esa deuda en dólares se tomaba para pagar el déficit fiscal.

La deuda en nuestro país tuvo diversos destinos, por ejemplo la guerra, las obras públicas, el déficit comercial, la balanza de pagos y sobre todo. desde los 90, el déficit fiscal.

El primer empréstito internacional, el de la Baring permitió equipar el ejército para la guerra con el Brasil. Sin esos fondos el Uruguay sería una provincia brasileña. La guerra requirió otros fondos como lo explica en un mensaje al Congreso Victorino de la Plaza cuando era ministro de Hacienda del presidente Avellaneda en 1876: “Pero si tengo una palabra de aliento y entusiasmo por los sacrificios hechos en obsequio del adelanto y bienestar público, no puedo menos que mirar con horror las sumas invertidas en la guerra exterior y en nuestras luchas civiles. Ellas representan hasta fin del años 1875 la elevada cantidad de pesos fuertes 52.420.036, 32 según los veréis en los cuadros ..”

Los gastos en guerra fueron 29.936.516,84 de la guerra con el Paraguay. Para financiar la Rebelión del Interior de 1867 se erogaron 3.685.512,28. Las dos primeras rebeliones de López Jordán en Entre Ríos 12.963.508,76. La rebelión de 1874 de los partidarios de Mitre 5.834.498,44.

Por otra parte en el mismo período de 1863 a 1875 informa el ministro de La Plaza que en obras y mejoras públicas se invirtieron pesos fuertes 21.449.899,38. Esos fondos se derivaron 1.220.651 a telégrafos; 15.887.930,13 a construcción y garantías ferrocarrileras; 3.400.375,17 a obras públicas diversas y edificios; 851.177,36 a fomento de la inmigración y pesos fuertes 99.765,72 a fomento de la agricultura.

Como vemos las guerras exteriores e interiores más que duplicaron la necesidad de financiamiento de la Nación. En esos doce años las rentas nacionales ascendieron a 168.200.035,67 pesos fuertes y los recursos extraordinarios a 56.034.325,09 con un total de 224.234.360,76 y los gastos ordinarios y extraordinarios a pesos fuertes 243.511.715,45. Estas cifras merecen este párrafo de Victorino de la Plaza: “Si no hubiesen mediado la guerra y rebeliones, tendríamos hoy cincuenta y tantos millones de excedente, que representan casi la totalidad de nuestra deuda consolidada, o que podrían haber sido aplicados a la industria y el progreso del país, sin embargo hay todavía algo más a ese respecto, que debe llamar nuestra atención. Esos gastos de guerra fueron cubiertos con dinero de empréstitos o con títulos de deuda consolidada que representan, como es consiguiente, servicio de intereses y amortizaciones en cantidades considerables y que gravan nuestro presupuesto de gastos; de modo que hasta hoy, y por algunos años más, soportamos y seguiremos soportando el peso de aquellas crecidas y estériles erogaciones”.

Las circunstancias internacionales, tal vez por la lejanía de los centros de poder, son escasamente tenidas en cuenta. Por ejemplo en los primeros años de la presidencia de Avellaneda, nuestro país sufrió las consecuencias de una crisis financiera provocada por la bancarrota de empresas ferroviarias de los Estados Unidos; esto se tradujo en una merma de las exportaciones de lana a ese país y a Europa.

Dos años después del mensaje que se relata del ministro Victorino de la Plaza, hubo que afrontar la financiación de la campaña al desierto planeada el ministro de guerra y marina Roca. Esta se logró financiar con recursos nacionales mediante la venta de hasta dos millones de hectáreas de las tierras al otro lado de la frontera con las tribus indígenas.

* El autor es miembro de número de la Academia Argentina de la Historia y del Instituto Argentino de Historia Militar.

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