La minería del uranio constituye uno de los objetivos centrales y pilar fundamental del nuevo Plan Nuclear enunciado por el Gobierno Nacional. Ante tal premisa, habida cuenta el dilatado e importante desarrollo alcanzado por la República Argentina en esta materia, manifestamos:
Nuestro país ostenta un sólido conocimiento científico y técnico, adquirido en más de 75 años de importantes inversiones y experiencias por la CNEA, la actividad privada y la actividad mixta en el ámbito nuclear. Ello avala la posibilidad concreta de incrementar de forma significativa la participación nucleoeléctrica en la matriz energética, disminuyendo al mismo tiempo la emisión de gases generadores del calentamiento climático que asola a nuestro planeta.
La CNEA avanza con infraestructura para el tratamiento del agua de cantera y la gestión de residuos sólidos históricos.
Melisa Sbrocco
Sin embargo, esta buena opción plantea la necesidad de contar con uranio nacional suficiente para el abastecimiento del combustible nuclear asegurando así el funcionamiento de las centrales nucleares con producción propia, evitando quedar expuestos a los vaivenes del contexto internacional en la materia. Propender a la mayor independencia energética posible, evitará asimismo comprometer nuestro futuro desarrollo nuclear como país, frente a posibles presiones externas.
La CNEA, los recursos uraníferos y la política nuclear argentina
El Programa de Exploración y Prospección llevado a cabo por la CNEA en las primeras décadas de la trayectoria mencionada, permitió delimitar los distritos geológicos favorables para la obtención del combustible de las centrales nucleoeléctricas en operación, tomándose la decisión de importar uranio en los últimos 30 años, resaltó APCNEAN. Es decir, tal como sucede en los países de desarrollo económico autónomo, junto con la decisión de instalar centrales nucleares, el Estado Argentino, a través de gobiernos de diferente signo político, desarrolló las acciones necesarias para asegurar la correspondiente provisión de combustible.
En tal sentido, el conocimiento geológico actual de nuestro territorio permite considerar que Argentina es un país con uranio, no un país uranífero. Esto significa que nuestros recursos son acotados y debemos cuidarlos y administrarlos correctamente previendo nuestro futuro energético y el de las generaciones que nos sucederán; precisamente por ello, debe incentivarse la inversión en la prospección y exploración del país a fin de tener un conocimiento acabado de los recursos con que cuenta (Ley Nacional 24.804/97, art. 2, inciso k).
APCNEAN advierte que los recursos energéticos naturales y no renovables nucleares, no deben ser comprometidos en negociaciones o transacciones que atiendan sólo a la urgencia o a la improvisación; es así porque es obligación del Estado dar a los mismos un uso responsable y estratégico, estableciendo módulos de producción a tal fin, con una planificación temprana del cierre de mina, garantizando la participación social y respetando los requerimientos de las futuras generaciones para satisfacer su derecho a la energía (art. 41 de la Constitución Nacional)
Es necesario advertir, que la mayor producción de uranio del mundo es llevada a cabo por empresas públicas, por lo que, sin desdeñar la participación privada, abogamos –y en esto tenemos el convencimiento-- por un fortalecimiento de la minería de este mineral, pero que deberá ser llevada a cabo por el Estado, habida cuenta su indiscutible carácter estratégico. En consonancia con esta tendencia mundial, es necesario destacar qué si la minería del uranio fue exitosa en la Argentina, ello ha sido gracias a la participación del Estado en su exploración y producción a través de la CNEA, circunstancia que las actuales autoridades del ámbito nuclear parecen no haber advertido en vista de la política que se está implementando en este sentido.
Aproximadamente el 75% de la producción de uranio mundial proviene de empresas públicas o con mayoría estatal y la principal causa de esta supremacía del Estado es debido a razones de seguridad nacional. Los recientes acontecimientos de la guerra en el Medio Oriente lo estarían confirmando, desde que el motivo principal de la misma (alegado por EE.UU. e Israel) es el enriquecimiento de uranio por parte de Irán.
Esta indiscutible razón de seguridad nacional justifica el control y la producción por parte del Estado; este es el caso de Perú que pretende convertir la mina Macusani en empresa pública independiente, algo que debiera ocurrir en la Argentina con la exploración y producción de uranio.
APCNEAN entiende y sostiene que toda eventual exportación de sustancias obtenidas a partir de minerales nucleares, debiera ser considerada solo cuando se satisfagan los horizontes de reservas para atender la provisión --durante toda la vida útil--, de las centrales nucleares argentinas en operación, en construcción, proyectadas y planificadas o que se prevean planificar, respetando los requerimientos de las futuras generaciones. Asimismo, los materiales nucleares deberían ser exportados con el mayor grado de procesamiento y de avance tecnológico, con el objeto de alcanzar su mayor valor agregado, contemplando inclusive la provisión de centrales llave en mano por parte de la CNEA.
Las recientes noticias sobre la inversión en la planta de Dioxitek, en Formosa (de capitales norteamericanos), para la producción de hexafluoruro de uranio, deja al descubierto la inadmisible pretensión de atribuir ineptitud a la Argentina para terminar la planta y vender este compuesto químico al mundo; se impide de esta forma, con su consiguiente perjuicio para Argentina, dar un valor agregado significativo habida cuenta las necesidades de uranio enriquecido para las usinas nucleares existentes en el mundo y permitiendo que el rédito por su venta quede en beneficio exclusivo de estos capitales foráneos.
Por último, APCNEAN opina que se debe coordinar la política nuclear con la proyección y planificación de una Argentina que sea potencia industrial latinoamericana, que reivindique un desarrollo autónomo y soberano, para lo cual es esencial tener energía abundante, barata y limpia.
Finalmente indican que la ausencia de planificación, proyectos, políticas dirigidas en el sentido indicado, así como de diálogo y comunicación que caracteriza a la actual gestión, va en el sentido opuesto a la construcción de una CNEA que ratifique sus logros históricos, e incluso que oriente con políticas claras a las inversiones privadas que eventualmente estén interesadas en contribuir a los objetivos mencionados en este documento.
DEFENDER LA CNEA Y NUESTROS RECURSOS URANÍFEROS ES DEFENDER NUESTRA SOBERANÍA