El segundo semestre estará marcado por la pública obsesión libertaria de generar las condiciones necesarias para la reelección de Javier Milei. Lo que hasta hace unos días era un sobreentendido que se traslucía de las declaraciones de funcionarios y legisladores oficialistas, hoy ya es un objetivo declarado y explícito que pretende ordenar la agenda, pero también las acciones capaces de sostener tal aspiración.
El Gobierno nacional entendió que el desafío de ir por un nuevo período presidencial es de tal magnitud que para poder cumplirse era imprescindible reformular modos, aceptar concesiones y especialmente despejar incertidumbres tanto políticas como económicas (también simbólicas, como es la foto junto a 14 mandatarios provinciales el 9 de julio en Tucumán).
En esa línea se inscribe tanto la salida de Manuel Adorni, como el detallado plan de pago de la deuda anunciado por el ministro Luis “Toto” Caputo tanto para 2026 como para el 2027, donde cualquier aleteo podría tener los efectos de un fortísimo temblor.
El operativo reeleccionista parece también haber llegado no sólo con una contundente dosis de pragmatismo como la que supone el ascenso de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete, sino también la moderación pública del propio Presidente, desgastado en peleas inconducentes y violentas con la oposición, pero también con los economistas, los periodistas y hasta con figuras de la farándula y el fútbol.
La Casa Rosada asume que en el turno electoral del año próximo se deben minimizar al extremo los riesgos, para aprovechar no sólo el potencial del voto propio sino también reducir el poder de fuego de otras opciones capaces de dañar el plan. Ya sea por la irrupción de un mensaje capaz de conectar con un determinado electorado (como sucedió con Milei en 2023), o simplemente por algún armado opositor poderoso que el clásico esquema de primarias, generales y un eventual balotaje puedan acelerar.
Similitudes y necesidades
Los cerebros mileístas coinciden con Alfredo Cornejo quien siempre ha considerado que la mejor forma de empezar a ganar una elección es condicionando la oferta. Es decir, mientras menos opciones estén disponibles para el elector, o si hay más, que esas alternativas no sean lo suficientemente diferenciadas entre sí (o que carecieran de representatividad) ese escenario será favorable al más poderoso, que generalmente suele ser el oficialismo. “La gente no elige, opta”, suelen repetir los consultores y asesores de campaña.
Por ello, la eliminación de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) se transformó en un imperativo político casi de supervivencia para Milei. Aunque se esgriman razones de índole presupuestaria (el costo de la elección a cargo del Estado), el hartazgo ciudadano ante tantas convocatorias (a veces por el desdoblamiento de las provincias o los municipios) o el desentendimiento de tener que participar en una interna partidaria, la principal razón del embate liberario pasa por cambiar las reglas para favorecer o facilitar su triunfo, porque además supondría un condicionante severo para las diferencias del peronismo/kirchnerismo.
El problema es que Milei no puede modificar la ley electoral por su propia decisión y debe recurrir a los aliados (muchas veces injustamente maltratados). Y es allí donde los votos de los gobernadores en el Congreso se tornan imprescindibles. Todo un brete para Cornejo que ha sido uno de los facilitadores parlamentarios del Presidente pero justo en un tema en el que personal y políticamente no coincide. Pero se sabe, el pragmatismo suele ser una autopista de ida y vuelta.
Aquí sí, allá no
Condicionado por sus creencias, pero especialmente por el panorama local -plagado de candidatos en puja por la sucesión- y por la amenaza del ahora aspirante libertario Luis Petri-, Cornejo empezó a ensayar esta semana un operativo de desdoblamiento argumental. Ratificó que en Mendoza las PASO no se van a eliminar ni a suspender (aunque incluso algunos cornejistas hayan aceptado que podrían modificarse) pero eso no implica que a nivel nacional no pueda acompañar la intención mileísta.
El gobernador necesita que las PASO permanezcan en Mendoza para resolver de mejor forma la propia interna radical y el festival de postulantes más o menos cercanos a su órbita (Ulpiano Suárez, Tadeo García Zalazar, Natalio Mema, Andrés "Peti" Lombardi, Martín Kerchner y algún otro que se pueda sumar al menos para que lo midan las encuestas). Pero también para que una vez resuelto el intríngulis que atraviesa toda la UCR quien sea el elegido pueda hacerle frente a Petri. Cornejo sabe que sólo tiene una chance para sacar de carrera al diputado nacional libertario: ganarle en la PASO. No la va a desaprovechar.
En esta circunstancia, el plano nacional pasa a una instancia de menor relieve. Desde uno y otro bando han confirmado que para 2027 la alianza entre Cambia Mendoza (CM) y La Libertad Avanza (LLA) se mantendrá en la Provincia y para que ello suceda, los libertarios deben seguir viendo a los radicales como socios. Una de las tantas maneras de demostrarlo es acompañando la movida reeleccionista.
Es por ello que no debería asombrar, tampoco verse como contradictorio, que Cornejo contribuya al fin de las PASO o al menos a su suspensión en el Congreso, y que aquí las preserve por las razones antes expuestas. Quedará resolver la férrea oposición que el radicalismo nacional ha planteado sobre la eliminación de las primarias, porque cree que restringe su margen de maniobra para impulsar coaliciones; pero también la tentación autocrática que podría generar en Milei atenuar su competencia. Un costo partidario extra para el mendocino que metido a bailar, sabe que a veces hay que cambiar de paso por mera subsistencia: la esencia del mantenimiento del poder.