Johann Strauss: “La memoria olvida, el sentimiento graba”

Y se puso a escribir frenéticamente notas musicales en un pentagrama. Ese día nació el famoso vals “Danubio Azul”. Tres horas demoró Strauss en componerla.

Johann Strauss:  “La memoria olvida, el sentimiento graba”
Johann Strauss, autor del Danubio Azul

En 1855, nació una melodía que aun se ejecuta y la oyen, todavía hoy, hombres de todos los rincones del planeta.

Es un vals.

Su autor Johann Strauss.

Esta música que llegó a su mente o a su corazón, teniendo 29 años un 28 de febrero de 1855 fue, reitero, un vals.

Lo llamó “Danubio Azul”.

¡Y cómo habrá sido el talento de este músico vienés que a un siglo y medio de su creación, el “Danubio Azul” y docenas de otros valses suyos como “Voces de Primavera”, “Vino, Mujeres y Canto”, “Sangre Vienesa” y operetas como “El Murciélago”, siguen tocando hasta hoy la sensibilidad de millones de seres humanos!.

Y quise traer su figura a este programa.

Ya su padre, llamado igual que él, Johann Strauss, escribió más de 150 valses y fue director de orquesta, e inculcó en su hijo la pasión por la música.

Pero ninguno de sus valses tuvieron la fama y repercusión de los de su hijo.

Porque el joven Strauss, no solamente creó valses muy famosos.

Recordemos “Voces de Primavera” “Vino Mujeres y Canto” y también óperas ligeras llamadas operetas, como “El Murciélago” o el “Barón Gitano”.

Johann Strauss, hombre al fin, tenía una incurable debilidad. Era un mujeriego empedernido.

Su fama también en ese terreno, había trascendido por toda Viena.

Tres matrimonios y numerosas amantes, definían una personalidad muy “especial” en ese campo, llamémoslo romántico.

Incluso tuvo duelos con maridos indignados, y hasta debió huir de Viena durante unos meses.

Y finalizo con una anécdota que combina su pasión amatoria con su profunda vocación musical.

Johann Strauss había requerido de amores a una hermosa dama, sin ningún éxito.

Pero un día, imprevistamente para Strauss, ella aceptó compartir un paseo en una pequeña embarcación, que Strauss alquiló para esa ocasión.

El río Danubio sería el escenario adecuado para la cristalización de la aventura amorosa.

Habían navegado placenteramente menos de una hora. Strauss la había tratado con mucho respeto frenando con dificultad sus impulsos amorosos.

Sólo había alcanzado a susurrar algunas frases románticas al oído de la bella dama, cuando el músico, exclamó repentinamente:

-¡Perdóname. Creo que encontré la melodía!; Por favor no me interrumpas hasta que te avise.

Y se puso a escribir frenéticamente notas musicales en un pentagrama.

Ese día nacía el famoso vals “Danubio Azul”.

3 horas demoró Strauss en componerlo. Pero bastaron, para que la joven acompañante no pudiese perdonar lo que consideró una indiferencia total hacia ella.

Y así terminó definitivamente su aventura amorosa. Pero nació, una música inmortal.

Y un día 3 de junio de 1899, a los 73 años moría Johann Strauss, este músico austríaco, que intuyó que crear belleza es la única forma de vencer a la muerte.

Es que la belleza es inmortal.

En definitiva, Strauss dio a la humanidad una melodía perdurable; a su patria, Austria, el honor de contarlo como su hijo.

Y en este modesto escritor, nació este aforismo

“Cuando las artes florecen, los pueblos florecen”.

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