Figuritas, agapantos y feudalismos en la Argentina mágica

Una serie de hechos de la semana podrían ser síntoma de que en nuestro país lo mágico se confunde con lo real. Mientras esa Argentina se entretiene reversionando su pasado, países vecinos se arriesgan al futuro.

Figuritas, agapantos y feudalismos en la Argentina mágica

Comarca. No es un término que se use en el lenguaje habitual del argentino promedio. Quizás si en el vocabulario de los habitantes de alguna región del país. Comarca, dicen, por estos días, en una publicidad de una empresa estatal. Me remite a lecturas adolescentes de “El señor de los anillos”, de JRR Tolkien, y mucho más cerca, a “La saga de los confines”, de Liliana Bodoc. Ambas exploran lo mágico, los personajes fantásticos, la lucha por el poder.

¿Será un síntoma de un país donde lo mágico se confunde con lo real?

Mientras en la Argentina real el peso se desprecia al ritmo de una inflación casi desbocada, la Argentina mágica se entretiene cambiando figuritas. Se anuncia, por caso, que pese a que el Presidente no tiene nada contra los animales -todo lo contrario- prefiere cambiarlos en los billetes por próceres y heroínas. Vuelven San Martín, Belgrano y Evita; entran Güemes, Juana Azurduy y María Remedios del Valle. Vuelan el cóndor y el hornero, y hasta el yaguareté, la ballena y el guanaco.

En la Argentina real ahora San Martín pondrá la cara en un billete de 1000 que, en algo más de cuatro años, pasó de equivaler a 55,68 dólares (cuando nació como hornero) a escasos 4,77 dólares fruto de una inflación acumulada de 682%, las devaluaciones y, vía cepo cambiario, el dólar paralelo.

En la Argentina mágica a un intendente del conurbano bonaerense más estragado por la pobreza, con el apoyo testimonial de curas villeros, se le ocurrió que es una buena idea pasar por la caja de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para solucionar un diferendo de tierras que tiene 50 años. Plantea una demanda por 100 mil millones de pesos por “deportaciones de pobres” que crearon barrios carenciados en 400 hectáreas de tierras fiscales ubicadas en La Matanza que pasaron a ser territorio porteño.

El reclamo es en carácter de “tasas municipales adeudadas e impacto socioambiental y de desarrollo humano”. Ocurrió en los ‘70, cuando Buenos Aires no era la CABA sino un distrito federal y la última dictadura gobernaba el país. Lo actualizan, como no: aseguran que la metodología volvió a aplicarse durante la presidencia de Mauricio Macri.

Sería una reversión de la ostentosa ciudad de los agapantos descripta por Cristina Kirchner en un acto de fines de 2019, justamente en La Matanza, para contrastar la riqueza del distrito que gobierna la oposición y denunciar la inequitativa e injusta distribución de recursos respecto de las comunas del conurbano. “Ciudad es evasor y pretendemos cobrarle como a cualquier deudor, más siendo un distrito rico”, dicen en La Matanza. Será justicia.

A río revuelto, 16 gobernadores, entre ellos varios señores feudales (o aspirantes a...) impulsan un proyecto para ampliar la Corte Suprema de Justicia de la Nación a 24 miembros. La excusa es “agilizar” la resolución de causas y, por supuesto, “federalizar” al máximo tribunal. En la ruleta del Senado, iniciativas de legisladores oficialistas y afines obligarán a apostar a este 24, al 9, al 15 o al 16 de las ampliaciones que proponen Juliana Di Tulio, Silvia Sapag y Alberto Weretilneck.

En la Argentina mágica, no importan el costo fiscal ni el impacto institucional del proyecto. Al parecer ni se enteraron de que el acuerdo con el FMI incluye achicar el déficit de las cuentas públicas. Estos gobernadores, ahora, quieren tener cada uno su propio ministro en la Corte. Ya no les alcanza con manejar a sus senadores nacionales. En la Argentina real, con un puñado de billetes y algo de poder se perdonan causas penales o se destituye a una fiscal que investiga la corrupción en alguna provincia. No va más.

Mientras esa Argentina mágica se entretiene reversionando su pasado, en el mundo real Uruguay y Bolivia amagan con dejar el Mercosur -una alianza que debió ser estratégica para insertar la región en la globalización- para abrir sus economías encorsetadas por el proteccionismo que impone nuestro país. Desde Chile, en tanto, el presidente Gabriel Boric avisa que “los países que actúan de manera irresponsable en términos fiscales terminan quebrando y le terminan haciendo mucho daño a la mayoría de su población”.

En el tango de nuestra política, la historia vuelve a repetirse. Mientras, nuestros vecinos hace rato que se arriesgan al futuro. Que, inexorablemente, nunca quedó en el pasado.

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