En un hallazgo que desafió las creencias previas de la comunidad científica, investigadores capturaron imágenes de un ejemplar de tiburón dormilón (Somniosus pacificus) en las aguas cercanas a las Islas Shetland del Sur, dentro del territorio de la Antártida.
El descubrimiento representó la primera vez en la historia que se registró la presencia de un tiburón en el Océano Antártico, una zona tradicionalmente considerada demasiado fría para la supervivencia de estos depredadores.
El avistamiento ocurrió a una profundidad de 490 metros, donde la temperatura del agua apenas alcanzaba los 1,27 grados Celsius.
A shark was caught on camera for the first time in Antarctica’s near-freezing deep, surprising many experts who had thought sharks didn’t exist in the frigid waters. Read more here: https://t.co/aMGsDj8UTDpic.twitter.com/EL9ixDXWW0
El ejemplar, descrito por los expertos como un "tanque" debido a su contextura robusta y pesada, midió entre tres y cuatro metros de largo.
Alan Jamieson, profesor de la Universidad de Australia Occidental y director del Centro de Investigación Oceánica Profunda Minderoo-UWA, expresó su asombro ante el hecho de encontrar un animal de semejante tamaño en un entorno donde se suponía que no existían, según citó Nat Geo.
"Todos nos quedamos perplejos, pensando: ‘No creo que haya tiburones en la Antártida’", dijo.
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Adaptaciones biológicas: los "superpoderes" del tiburón dormilón
La supervivencia de este animal en condiciones tan extremas se debió a una serie de adaptaciones biológicas únicas que los científicos calificaron como auténticos "superpoderes". A diferencia de otros peces, los tiburones dormilones poseen un metabolismo extremadamente lento, lo que les permitió conservar la energía necesaria para mantenerse calientes. Esta parsimonia vital los llevó a alcanzar velocidades máximas de apenas 4 kilómetros por hora y a crecer menos de un centímetro por año.
Tiburón dormilón en aguas de la Antártida
Tiburón dormilón en aguas de la Antártida
Kelpie Geosciences
Sin embargo, el secreto más impactante residió en su composición química. Es que sus tejidos presentaron altas concentraciones de urea y N-óxido de trimetilamina (TMAO). Mientras que la urea ayudó a mantener el equilibrio osmótico, el TMAO actuó como un estabilizador de proteínas, permitiendo que las funciones vitales del animal continuaran operando incluso cerca del punto de congelación.
Además, estudios recientes de su genoma revelaron genes duplicados relacionados con la reparación del ADN y la protección contra el estrés oxidativo, factores que explicaron su asombrosa longevidad, la cual superó los 400 años en algunos casos.
El hallazgo generó un intenso debate entre los expertos sobre si estos tiburones habitaron la región desde siempre de forma críptica o si el cambio climático y el calentamiento de los océanos los impulsaron hacia aguas más australes.
Jamieson especuló con la posibilidad de que el tiburón aprovechara un "corredor de agua caliente" para penetrar más al sur de lo habitual. No obstante, el científico subrayó que este evento fue una prueba de cuánto queda por explorar en el Continente Blanco.
El tiburón dormilón se mantuvo a unos 500 metros de profundidad, alimentándose probablemente de restos de ballenas o calamares gigantes que se hundieron hasta el lecho marino.